domingo, 9 de enero de 2011

Oooootra vez ……. a los militantes los mandan a morir

Esto se escuchó muchas veces desde la vuelta de la democracia en 1983 de parte de quienes abjuraron de la lucha revolucionaria y trataban de explicar el horror dentro del esquema de la teoría de los dos demonios.

A grandes rasgos se suele sostener que mentes maquiavélicas logran manipular a jóvenes medio perejiles que terminan inmolándose para beneficio de un pérfido de turno que quiere jugar a ser Lenin.

A esto se le agrega la teoría del infiltrado: Como se supone que a los trabajadores no les interesa la política y que son medio brutos entonces, si en algún lugar de trabajo éstos se deciden a actuar en forma independiente, a discutir política, a enfrentarse a la patronal o a los burócratas sindicales, pues es que alguien de afuera metió el bichito de los intereses de la “antipatria”.

Estas elucubraciones se presentan a veces de manera más sutil pero todas dicen más o menos lo mismo.

Estas teorías parecían caducas o destinadas a explicar prácticas sociales pasadas. Pero ahora han sido reflotadas con motivo de algunas acciones protagonizadas por el PO.

Ahora resultaría que la muerte de Mariano Ferreyra es culpa de Altamira que lo mandó a hacerse matar. Así Mariano Ferreyra es un pelotudo que no podía pensar ni decidir por sí mismo.

Los que conocen la realidad interna de estos partidos y sostienen estas teorías no pueden ser más que canallas. Los que reproducen estas mentiras devenidas en sentido común harían mejor en informarse con alguien que haya militado.

En mi caso, milité dos años en el PO en una regional de la provincia de Buenos Aires. Voy a detallar al menos cómo era el período pre y post congresal del partido ya que el Congreso es la máxima autoridad partidaria (puede incluso decidir disolver el partido).

Durante el período pre-congresal el Comité Central del partido publica una serie de documentos internos donde se discute la economía mundial, la política mundial, latinoamericana y nacional así como los diferentes frentes de intervención, sindical, estudiantil, barrial, etc.

Estos documentos son contestados por quienes tengan ganas y sus contestaciones se publican también en boletines internos. A su vez, algunas contestaciones suelen ser replicadas por la dirección.

Luego se hacen una serie de reuniones semanales donde se convoca a todos los militantes de la regional. Es lo que se conoce como Plenario porque van todos. En las primeras reuniones cada miembro de la dirección nacional del partido discute en cada regional los documentos. Se toman actas (lo que se conoce como minutas) y estas minutas se publican en los boletines internos para que los lea toda la militancia.

Luego de la reuniones con un miembro de la dirección se vuelven a repetir las reuniones plenarias pero sin ningún miembro de la dirección nacional. Esta vez sólo intervienen los militantes de la regional en pleno. Se vuelven a discutir los documentos pre-congreso y al final de todos los plenarios se votan esos documentos y se elige un delegado con una representación de 1 a 10 o fracción mayor de 5. Por ejemplo, si hay 21 militantes en la regional pues esa regional envía 2 delegados al Congreso. Si hay 26 militantes envía 3.

En el congreso los delegados vuelven a discutir sus posiciones, se forman comisiones y se emiten resoluciones. Al final el congreso saca sus resoluciones políticas que fijan la línea de acción para el próximo período (un año hasta el próximo congreso). A su vez, todos los delegados eligen un nuevo Comité Central que es un órgano colectivo de muchos miembros.

El Comité Central a partir de allí debe encausar la acción del partido respetando la línea fijada por el Congreso.

Así funciona a grandes rasgos el partido en el que milité y no veo que sea demasiado compatible con un Andá a hacer lo que yo te digo!.

Luego en la práctica cotidiana a veces se hace difícil garantizar alguna actividad porque pese a lo que dice la dirección de cada regional que hay que hacer no todos hacen caso, no todos están de acuerdo, no todos tienen ganas en ese momento, no todos cumplen con sus deberes como militante del partido, etc. En rigor, nadie hace lo que no quiere.

Y el que se quiere ir se va sin demasiadas complicaciones, como fue mi caso.

Es decir que nadie manda a inmolarse a nadie.

Lo que no pueden comprender los miserables que escriben esas mentiras es que haya gente dispuesta a arriesgar hasta su vida por lo que creen correcto. Eso no les entra en su cabecita de intelectuales orgánicos de la pequeña burguesía, cómodos con su nivel de vida y su protección estatal. Eso sí, encubren su cobardía con una supuesta astucia política medio canchera al estilo “vení pibe que te explico”.

En realidad no son mucho más que unos cagones.

lunes, 13 de diciembre de 2010

ELLOS PONEN LOS DISCURSOS, EL PUEBLO PONE LOS MUERTOS

Comunicado de prensa


¡Basta de asesinar al pueblo!
LIBERTAD INMEDIATA A ROBERTO MARTINO, EN HUELGA DE HAMBRE DESDE HACE 34 DÍAS.

CÁRCEL A LOS RESPONSABLES INTELECTUALES Y MATERIALES DE LOS ASESINATOS DE LOS HERMANOS DE VILLA SOLDATI, LOS HERMANOS DEL PUEBLO QOM EN FORMOSA Y DE MARIANO FERREYRA.



El lunes 13 de diciembre cortaremos las intersecciones de las calles Callao y Corrientes junto a varias organizaciones, para exigir la inmediata libertad de Roberto Martino, preso político por denunciar los crímenes del Estado de Israel contra el pueblo palestino. Martino está en huelga de hambre desde hace ya 34 días y su salud está muy deteriorada, razón por la cual fue internado este último jueves.

La Sala IV de la Cámara Nacional de Casación Penal integrada por los jueces Mariano González Palazzo, Augusto Diez Ojeda, Gustavo M. HORNOS, está en condiciones de resolver sobre su libertad desde el 25 de noviembre. Ya han pasado casi 15 días y a pesar de que el presidente de dicho tribunal se comprometió ante una comisión de notables a que el martes 7/12 iba a estar la resolución acerca de la libertad de Martino, aun hoy, dicho tribunal no se ha expedido. ¿No es esta una provocación a todas y todos aquellos que bregamos por la dignidad de la vida humana?

Por otro lado, hipócritamente la Presidenta de la Nación tiene la caradurez de festejar el día internacional de los DD.HH. por cadena nacional, mientras al mismo tiempo patotas fascistas acribillaban a balazos a los hermanos de Villa Soldati que heroicamente resisten y luchan por una pedazo de tierra para una vivienda digna. ¿Es posible festejar cuando en el último mes y medio 6 luchadores populares han sido asesinados por pelear por justos reclamos? ¿Es posible festejar cuando los asesinos materiales e intelectuales de estos compañeros están libres y Martino, un honesto y consecuente militante popular, está preso y en huelga de hambre poniendo en juego su vida luchando por su libertad?

Un amplísimo arco de organizaciones políticas, sociales, sindicales, estudiantiles, culturales y de DD.HH. se vienen manifestando por la libertad de Martino. También reconocidos referentes se han solidarizado y expresado por la libertad del compañero entre los que se destacan el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, Elia Espen y Nora Cortiñas (Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora), Osvaldo Bayer, Norman Briski, el Padre Farinello, entre muchísimos otros.

Mientras Martino pelea desde la cárcel, nosotros seguiremos incansablemente luchado en las calles por su libertad y por el encarcelamiento de todos los responsables de los asesinatos a los luchadores populares.



LUNES 13/12
A LAS 11 HS, CORTE DE CALLAO Y CORRIENTES.
MARTES 14/12 17 HS CONCENTRACIÓN EN EL OBELISCO PARA MOVILIZARNOS JUNTO A LA CTA Y NUMEROSAS ORGANIZACIONES POPULARES.
MIÉRCOLES 15/12 CONCENTRAMOS A LAS 10 HS EN LA TORRE DE LOS INGLESES (RETIRO) PARA CORTAR EL ACCESO A LOS TRIBUNALES DE COMODORO PY.
· Libertad inmediata a Roberto Martino en huelga de hambre desde hace 34 días.
·Cárcel a los responsables intelectuales y materiales de los asesinatos de los hermanos de Villa Soldati, los hermanos del pueblo Qom en Formosa y de Mariano Ferreyra.


Comité por la libertad de Martino

jueves, 9 de diciembre de 2010

"Profundizar el modelo” después de los 4 recientes asesinatos en protestas


Discurso K: Qué decir ante “las denuncias de represión que le hacen el juego a la derecha”

Si ud. apoya el “modelo” nacional y popular, no quiere hacerle el juego a la derecha y se comete un crimen político o por represión a la protesta social bajo el gobierno de Cristina, tenga presente estas diez recomendaciones sobre cómo proceder para ser un militante leal a la memoria y el legado de Néstor Kirchner:

1- Espere a ver los cables de la agencia oficial o los programas de 678, allí se marcará la línea discursiva correcta.

2- Si por los medios oficiales aún no se dio ninguna versión convincente, guarde silencio, esquive el tema con sus amigos, no publique nada al respecto en su blog. Minimice la noticia todo lo que pueda. Los medios que defienden el “modelo” buscarán durante esas primeras horas otras novedades para la primera línea informativa, o si no, apelarán al Fútbol para Todos o a los encuentros de la militancia del Chivo Rossi o el Chino Navarro bajo la consigna “Néstor, esto es para vos”. Así, el hecho se irá minimizado en sus repercusiones políticas con el pasar del tiempo.

3- Si aún así el tema persiste instalado en el interés social, recomendamos seguir los siguientes pasos:

4- Ante el crimen consumado, la culpa siempre la tiene otro. Siempre habrá un gobernador, burócrata sindical, jefe policial de distrito, hacia quien “tercerizar” la responsabilidad. Cristina sólo sería responsable si matara ella directamente a alguien con sus propias manos en la Quinta de Olivos, pero nunca si lo hicieran sindicalistas cercanos, gobernadores oficialistas o policías a cargo de su Ministro de Seguridad y Justicia.

5- Buscar voces oficialistas que digan lo necesario, sin importar la realidad. Tener a mano declaraciones de Juan Cabandié (“a la Unión Ferroviaria la maneja Duhalde”), de la propia Cristina (“Gracias Gobernador”, a Insfrán un día después de los asesinatos en Formosa) o Felipe Yapur (“un vecino dice que disparó la Metropolitana”).

6- Echar a rodar rápidamente la teoría conspirativa, siempre hay alguien más pior que los propios asesinos y responsables: Duhalde es peor que Moyano, el tucumano Bussi es peor que Insfrán, Macri es peor que Aníbal Fernandez (bueno, no importa, dígalo así por ahora, después vemos…). En última instancia, apele a la presencia de “infiltrados”. Pueden ser de Quebracho, FARC, Narcotraficantes o Servicios, o todo junto. Siempre sirve y alguno seguro lo reproduce en su blog. Todos ellos, por supuesto, buscan un hecho destituyente para derrocar a Cristina. Recuerde, éstos atacan al PO, a los tobas o a los villeros, por ser funcionales a la derecha (¿).

7- Hablar de “incidentes” o “hechos desgraciados”, pero no de “represión”. Decir “muertes” pero no “asesinatos” y mucho menos “crímenes”. Tener a mano un comunicado de lLa Cámpora que hable de “repudiar la violencia” y de la “solidaridad con los familiares”, mientras reafirma el aval al gobierno nacional y su decisión de “no reprimir la protesta social” (sí, no importa, repítalo así nomás).

8- Identifique a los familiares de las víctimas más proclives a ser convocados por el gobierno y para que Cristina pueda recibirlos. Prometerles “justicia”, “comisión investigadora”, “últimas consecuencias”… Con el tiempo, ofrecerles una fundación que lleve el nombre de las víctimas.

9- Si se va a hablar del jefe de las fuerzas represivas del Estado Nacional y hombre fuerte del gobierno, Aníbal Fernández, cierre filas contra los que hablan de su pasado duhaldista y su responsabilidad en los crímenes de Kosteki y Santillán. En cambio destaque que es amigo de los blogueros K, que usa remeras copadas contra Clarín y va a los recitales del Indio Solari. Prohibido hablar de los hechos recientes de la Federal como el asesinato del chico Rubén Carballo en un recital, o de la zona liberada en Barracas para el asesinato de Mariano Ferreyra. La impunidad en esos casos es porque se investigó y no se encontró nada, no porque hay encubrimiento y aval político de parte del Ministro y el gobierno. El que dice eso, ya saben a quién le hace el juego…

10 -Por último, busque declaraciones de Estala Carlotto y Hebe de Bonafini y organice un buen festival por los Derechos Humanos. Si es posible en Plaza de Mayo. Mejor con artistas latinoamericanos. Importante: llevar banderas del Pañuelo Blanco.

http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2010/12/08/p6183

viernes, 3 de diciembre de 2010

Llegan buenas nuevas (para los empresarios).

Sobre el crimen social más conocido como "accidente de trabajo" (1).

La Presidenta dio un discurso en el Hotel Hilton por los 43 años de la Federación Argentina de Entidades Empresariales del Autotransporte de Carga (FADEEAC).

Trató el tema de los accidentes de trabajo.

http://www.youtube.com/watch?v=gjdsFyppT3o (a partir del minuto 8:20).

Un guiño de aquellos a los intereses de los capitalistas.

Con el pretexto de que existiría una industria del juicio (de accidentes de trabajo) manifestó la intención de hacer previsibles las indemnizaciones que deberían pagar las empresas (léase ART y patrones de los accidentados).

La Presidenta está tergiversando la realidad para justificar su bandazo derechoso.

¿Cómo se distorsiona la realidad?

Menciona la película "Carancho", de Pablo Trapero, que cuenta la historia de un abogado que anda por los hospitales tratando de encontrar accidentados para iniciar juicios.

Sí, hay estudios jurídicos que están arreglados con médicos, con comisarías, etc, que les proveen juicios por accidentes de tránsito. Así, los abogados suelen hacerle firmar un poder al accidentado, con facultades para percibir y dar recibo, a cambio de alguna suma de dinero al contado o en cuotas para la víctima. El negocio está, obviamente, en sacar más de lo adelantado. Al final se quedan con todo.

Esto suele pasar, a veces, no siempre, en los juicios de carácter civil.

En los juicios por accidentes de trabajo es más bien distinto el procedimiento. En primer lugar porque si el tipo está en blanco interviene la ART casi inmediatamente. En segundo lugar, en el fuero laboral, que es donde tramitan los accidentes de trabajo (aun cuando se reclame un resarcimiento por ley civil), existen límites bastante estrictos para poder cobrar los juicios. No es posible celebrar un convenio de honorarios que represente más del 20% del resultado final del juicio. En sede civil se permiten convenios de honorarios de hasta un 40%. Los accidentes de trabajo no pueden tramitar en sede civil. A su vez, el pago se hace mediante depósito judicial. Si se llegó a un acuerdo transaccional previo a la sentencia, requiere que el juez laboral lo homologue. Ninguna empresa pagaría indemnizaciones por fuera del expediente sabiendo que esos pagos pueden ser declarados inoponibles al trabajador. O sea, que las posibilidades de que un abogado cague, en sede laboral, a su cliente, son más remotas que lo que podría ocurrir en el ámbito de la justicia civil.

El asunto es que hay muchísimos juicios por accidentes de trabajo. Pero eso no se debe a una industria del juicio. Se debe a que por año hay 600.000 accidentes de trabajo que, en promedio, dejan incapacitados por un mes a las víctimas (más las incapacidades permanentes que pueden quedar luego). Además, ocurren unas 1000 muertes en el mismo lapso. Estoy mencionando solamente el trabajo en blanco(2). Los trabajadores en negro la pasan aún peor. Hay 6.000.000 de trabajadores registrados en las ART. El 10% se accidenta todos los años. Al cabo de 10 años todos los trabajadores en actividad habrán sufrido algún tipo de accidente.

Así que si hay muchos juicios no es por los estudios jurídicos. Más bien pensaría que es porque los capitalistas ahorran costos en todo lo que pueden, incluida la seguridad de sus esclavos, digo, de sus trabajadores.

La presidenta habla de la doble vía. La doble vía en realidad no es tal. Lo que ocurre es que la ley de riesgos del trabajo establecía que si se optaba por la indemnización tarifada por la ley (máximo $ 180.000), que está obligada a pagar la ART, no era posible reclamar indemnización de tipo civil al empleador.

La Corte que nombró este gobierno fue declarando inconstitucional varios artículos de la ley de riesgos de trabajo, entre ellos el que establecía que la indemnización era tarifada. Sostuvo además que era posible reclamarle a la ART y al empleador, algo que la ley prohibía.

La ART pagaría hasta el monto máximo de la ley y el empleador la diferencia entre ese monto máximo y el que estableciera la justicia.

Ello porque poner topes a las indemnizaciones significa desconocer que, aunque la presidenta no lo crea, no todos los accidentes afectan de la misma manera a las víctimas.

Así, dos personas con la misma incapacidad pueden verse afectadas de diferente manera. No es lo mismo tener un 50% de incapacidad porque perdiste una pierna, siendo Lionel Messi, que tener un 50% de incapacidad por el mismo motivo pero siendo Eber Ludueña.

Por eso cualquier forma de tarifar las indemnizaciones sería inconstitucional, porque podría darse el caso que el daño repercutiera en forma más intensa en la víctima y su derecho superara el límite indemnizatorio fijado por la ley.

Esta intención de tarifar las indemnizaciones se trasluce cuando la presidenta dice que el empresario debe saber cuánto le costará el accidente. Esto no es otra cosa que decir que el empresario podría armar una estructura de costos que prevea la posibilidad de accidentar a determinado porcentaje de su plantilla laboral para maximizar ganancias. Así, el empresario haría el cálculo, de acuerdo con la ley que tarifa indemnizaciones, acerca de cuántos accidentes podría soportar sin superar los costos que le implicarían adoptar medidas de seguridad tendientes a evitarlos.

Las grandes compañías viven haciendo esos cálculos con sus productos. Si no me equivoco, la Ford Explorer, que tenía la tendencia a volcar en la ruta por una falla de fabricación, fue uno de esos productos que salieron fallados porque la compañía había calculado cuánto iba a pagar por indemnizaciones por accidentes y cuánto le costaba mandar a deshacer lo mal hecho.

Respecto de esto último, la presidenta debería recordar de qué trabajaba el protagonista de la película "El Club de la Pelea".

Está claro que la presidenta sabe de lo que habla, lo sabe, se hace la tonta y desvía el eje de la discusión.

(1) Sobre la noción de crimen social ver "La situación de la clase obrera en Inglaterra de F. Engels.

(2) Los datos sobre siniestralidad laboral pueden verse en la página de la Superintendencia de Trabajo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

MÁS SOBRE EL NACIONALISMO BURGUÉS

En este caso posteo las Tesis y Adiciones sobre los problemas nacional y colonial, del 2º Congreso de la III Internacional, y las Tesis Generales sobre la cuestión de oriente, del 4º Congreso de la III Internacional. Los primeros 4 congresos de la Internacional Comunista, antes de su degeneración estalinista, pueden bajarse en www.marxismo.org

TESIS Y ADICIONES SOBRE LOS PROBLEMAS NACIONAL Y COLONIAL

A. Tesis

1. A la democracia burguesa, por su naturaleza misma, le es propio un modo abstracto o formal de plantear el problema de la igualdad en general, incluyendo la igualdad nacional. A título de igualdad de la persona humana en general, la democracia burguesa proclama la igualdad formal o jurídica entre el propietario y el proletario, entre el explotador y el explotado, llevando así al mayor engaño a las clases oprimidas. La idea de la igualdad, que en sí misma constituye un reflejo de las relaciones de la producción mercantil, viene a ser en manos de la burguesía un arma de lucha contra la supresión de las clases bajo el pretexto de una igualdad absoluta de las personas. El verdadero sentido de la reivindicación de la igualdad no consiste sino en exigir la supresión de las clases.

2. De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y de desenmascarar la falsedad y la hipocresía de la misma, los partidos comunistas, intérpretes conscientes de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, deben, en lo referente al problema nacional, centrar también su atención, no en los principios abstractos o formales, sino: 1) en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2) diferenciar con toda nitidez los intereses de las clases oprimidas, de los trabajadores, de los explotados y el concepto general de los intereses de toda la nación en su conjunto, que no es más que la expresión de los intereses de la clase dominante; 3) asimismo deben dividir netamente las naciones en: naciones, dependientes, sin igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democrático-burguesa, la cual encubre la esclavización colonial y financiera —cosa inherente a la época del capital financiero y del imperialismo— de la enorme mayoría de la población de la tierra por una insignificante minoría de países capitalistas riquísimos y avanzados.

3. La guerra imperialista de 1914-1918 ha puesto de relieve con particular claridad ante todas las naciones y ante las clases oprimidas del mundo entero la mendacidad de la fraseología democrático-burguesa, al demostrar en la práctica que el Tratado de Versalles dictado por las decantadas “democracias occidentales” constituye una violencia aun más feroz e infame sobre las naciones débiles que el Tratado de Brest-Litovsk impuesto por los “junkers” alemanes y el kaiser. La Sociedad de las Naciones, así como toda la política de posguerra de la Entente, ponen de manifiesto con mayor evidencia y de un modo más tajante aun esta verdad, reforzando en todas partes la lucha revolucionaria, tanto del proletariado de los países avanzados como de todas las masas trabajadoras de los países coloniales y dependientes, y acelerando el desmoronamiento de las ilusiones nacionales pequeñoburguesas sobre la posibilidad de la convivencia pacífica y de la igualdad nacional bajo el capitalismo.

4. De las tesis esenciales arriba expuestas se desprende que la base de toda la política de la Internacional Comunista, en lo que al problema nacional y colonial se refiere, debe consistir en acercar a las masas proletarias y trabajadoras de todas las naciones y de todos los países para la lucha revolucionaria común por el derrocamiento de los terratenientes y de la burguesía, ya que sólo un acercamiento de esta clase garantiza el triunfo sobre el capitalismo, sin el cual es imposible suprimir la opresión nacional y la desigualdad de derechos.

5. La situación política mundial ha planteado ahora en la orden del día la dictadura del proletariado, y todos los acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable a un punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República Soviética de Rusia, que de un modo ineluctable agrupa en su derredor, por una parte a los movimientos soviéticos de los obreros de vanguardia de todos los países, y por otra todos los movimientos de liberación nacional de los países coloniales y de las nacionalidades oprimidas, que se convencen por amarga experiencia de que no existe para ellos otra salvación que el triunfo del poder de los soviets sobre el imperialismo mundial.

6. Por lo tanto, en la actualidad no hay que limitarse a reconocer o proclamar simplemente el acercamiento entre los trabajadores de las distintas naciones, sino que es preciso desarrollar una política que lleve a cabo la unión más estrecha entre los movimientos de liberación nacional y colonial con la Rusia soviética, haciendo que las formas de esta unión estén en consonancia con los grados de desarrollo del movimiento comunista en el seno del proletariado de cada país o del movimiento democrático-burgués de liberación de los obreros y campesinos en los países atrasados o entre las nacionalidades atrasadas.

7. La federación es la forma de transición hacia la unidad completa de los trabajadores de las diversas naciones. El principio federativo ha revelado ya en la práctica su utilidad, tanto en las relaciones entre la República Federativa Socialista Soviética de Rusia y las otras repúblicas soviéticas (de Hungría, de Finlandia, Letonia, en el pasado, y de Azerbaidzhán, de Ucrania en el presente), como dentro de la misma R.F.S.S.R. en lo referente a las nacionalidades que anteriormente carecerían tanto de Estado propio como de autonomía (por ejemplo, las repúblicas autónomas de Bashkiria y Tataria dentro de la R.F.S.S.R., fundadas en 1919 y 1920, respectivamente).

8. En este sentido la tarea de la Internacional Comunista consiste en seguir desarrollando, así como en estudiar y comprobar en la experiencia estas nuevas federaciones que surgen sobre la base del régimen y del movimiento soviéticos. Al reconocer la federación como forma de transición hacia la unidad completa, es necesario tender a estrechar cada vez la unión federativa, teniendo presente, en primer lugar, que sin una alianza estrecha de las repúblicas soviéticas es imposible salvaguardar la existencia de éstas dentro del cerco de las potencias imperialistas del mundo, incomparablemente más poderosas en el plano militar; en segundo lugar, que es imprescindible una alianza económica estrecha de las repúblicas soviéticas, sin lo cual no sería realizable la restauración de las fuerzas productivas destruidas por el imperialismo ni se podría asegurar el bienestar de los trabajadores; tercero, la tendencia a crear una economía mundial única, formando un todo, regulada según un plan general por el proletariado de todas las naciones, tendencia que ya se ha revelado con toda nitidez bajo el capitalismo y que sin duda alguna está llamada a desarrollarse y triunfar bajo el socialismo.

9. En el terreno de las relaciones internas del Estado, la política nacional de la Internacional Comunista no puede circunscribirse a un simple reconocimiento formal, puramente declarativo y que en la práctica no obliga a nada, de la igualdad de las naciones, cosa que hacen los demócratas burgueses, ya sea los que se confiesan francamente como tales o los que, como los de la II Internacional, se encubren con el título de socialistas.

No sólo en toda su obra de agitación y propaganda —tanto desde la tribuna parlamentaria como fuera de la misma— deben los partidos comunistas desenmascarar implacablemente las violaciones continuas de la igualdad jurídica de las naciones y de las garantías de los derechos de las minorías nacionales en todos los Estados capitalistas, a despecho de sus constituciones “democráticas”, sino que deben también: 1) explicar constantemente que el régimen soviético es el único capaz de proporcionar realmente la igualdad de derechos de las naciones, al unificar primero al proletariado y luego a toda la masa de los trabajadores en la lucha contra la burguesía; 2) es imprescindible que todos los partidos comunistas presten una ayuda directa al movimiento revolucionario en las naciones dependientes o en las que no gozan de derechos iguales (por ejemplo en Irlanda, entre los negros de Estados Unidos, etc.) y en las colonias.

Sin esta última condición, de suma importancia, la lucha contra la opresión de las naciones dependientes y de los países coloniales, lo mismo que el reconocimiento de su derecho a separarse y formar un Estado aparte, sigue siendo un rótulo embustero, como lo vemos en los partidos de la II Internacional.

10. El reconocimiento verbal del internacionalismo y su sustitución efectiva, en toda la propaganda y agitación, y en la labor práctica, por el nacionalismo y el pacifismo pequeñoburgués, constituye el fenómeno más común, no sólo entre los partidos de la II Internacional, sino también entre los que se retiraron de ella y a menudo incluso entre los que ahora se denominan a sí mismos partidos comunistas. La lucha contra este mal, contra los prejuicios nacionales pequeñoburgueses más arraigados, adquiere tanta mayor importancia cuanto mayor es la palpitante actualidad de la tarea de trasformar la dictadura del proletariado, convirtiéndola, de nacional (es decir, que existe en un solo país y que no es capaz de determinar la política mundial) en internacional (es decir, en dictadura del proletariado cuando menos en varios países avanzados, capaz de tener una influencia decisiva sobre toda la política mundial). El nacionalismo pequeñoburgués proclama como internacionalismo el mero reconocimiento de la igualdad derechos de las naciones, y nada más (dejo a un lado el carácter puramente verbal de semejante reconocimiento), manteniendo intacto el egoísmo nacional, en tanto que el internacionalismo proletario exige: 1) la subordinación de los intereses de la lucha proletaria en un país a los intereses de esta lucha en escala mundial; 2) que la nación que triunfa sobre la burguesía sea capaz y esté dispuesta a hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del derrocamiento del capital internacional.

Así, pues, en los Estados ya completamente capitalistas en los que actúan partidos obreros que son la verdadera vanguardia del proletariado, la tarea esencial y primordial consiste en luchar contra las desviaciones oportunistas, pequeñoburguesas y pacifistas de la concepción y de la política del internacionalismo.

11. En lo referente a los Estados y a las naciones más atrasadas, donde predominan las relaciones feudales, patriarcales o patriarcal-campesinas, es preciso tener sobre todo presente:

1) La obligación de todos los partidos comunistas de ayudar al movimiento democrático-burgués de liberación en esos países: el deber de prestar la ayuda más activa incumbe, en primer término, a los obreros del país del cual, en el sentido colonial o financiero, depende la nación atrasada;

2) La necesidad de luchar contra el clero y los demás elementos reaccionarios y medievales que ejercen influencia en los países atrasados;

3) La necesidad de luchar contra el panislamismo y otras corrientes de esta índole que tratan de combinar el movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y americano con el fortalecimiento de las posiciones de los khanes, de los terratenientes, de los mullhas, etc.;

4) La necesidad de apoyar especialmente el movimiento campesino en los países atrasados contra los terratenientes, contra la gran propiedad territorial, contra toda clase de manifestaciones o resabios del feudalismo, y esforzarse por dar al movimiento campesino el carácter más revolucionario, realizando una alianza estrechísima entre el proletariado comunista de la Europa occidental y el movimiento revolucionario de los campesinos de Oriente, de los países coloniales y de los países atrasados en general; es indispensable, en particular, realizar todos los esfuerzos para aplicar los principios esenciales del régimen soviético en los países en que predominan las relaciones precapitalistas, por medio de la creación de “soviets de trabajadores”, etc.;

5) La necesidad de luchar resueltamente contra los intentos hechos por los movimientos de liberación, que no son en realidad ni comunistas ni revolucionarios, de adoptar el color del comunismo; la Internacional Comunista debe apoyar los movimientos revolucionarios en los países coloniales y atrasados, sólo a condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios, comunistas no sólo por su nombre, se agrupen y se eduquen en todos los países atrasados en la conciencia de la misión especial que les incumbe: luchar contra los movimientos democrático-burgueses dentro de sus naciones; la Internacional Comunista debe sellar una alianza temporal con la democracia burguesa de los países coloniales y atrasados, pero no debe fusionarse a ella y tiene que mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario incluso en sus formas más embrionarias;

6) La necesidad de explicar infatigablemente y desenmascarar de continuo ante las grandes masas trabajadoras de todos los países, sobre todo de los trabajadores, el engaño que utilizan sistemáticamente las potencias imperialistas, las cuales, bajo el aspecto de Estados políticamente independientes, crean en realidad Estados desde todo punto de vista sojuzgados por ellos en el sentido económico, financiero y militar. Como un ejemplo flagrante de los engaños practicados con la clase trabajadora en los países sometidos por los esfuerzos combinados del imperialismo de los Aliados y de la burguesía de tal o cual nación, podemos citar el asunto de los sionistas en Palestina, país en el que so pretexto de crear un Estado judío, allí donde los judíos son una minoría insignificante, el sionismo ha librado a la población autóctona de los trabajadores árabes a la explotación de Inglaterra.

En la situación internacional presente no hay para las naciones dependientes y débiles otra salvación que la federación de repúblicas soviéticas.

12. La opresión secular de las nacionalidades coloniales y débiles por las potencias imperialistas ha dejado entre las masas trabajadoras de los países oprimidos, no sólo un rencor, sino también una desconfianza hacia las naciones opresoras en general, comprendiendo al proletariado de estas naciones. La vil traición al socialismo por parte de la mayoría de los jefes oficiales de ese proletariado durante los años de 1914 a 1919, cuando de modo socialchovinista encubrían con la “defensa de la patria” la defensa del “derecho” de “su propia” burguesía a oprimir las colonias y a expoliar a los países financieramente dependientes, no ha podido dejar de acentuar esta desconfianza en todo sentido legítimo.

Por otra parte, cuanto más atrasado es un país tanto más pronunciados son la pequeña producción agrícola, el estado patriarcal y el aislamiento, lo cual conduce de modo ineludible a un desarrollo particularmente vigoroso y persistente de los prejuicios pequeñoburgueses más arraigados, a saber: los prejuicios de egoísmo nacional, de estrechez nacional. La extinción de esos prejuicios es necesariamente un proceso muy lento, puesto que sólo pueden desaparecer después de la desaparición del imperialismo y el capitalismo en los países avanzados y una vez que cambie radicalmente toda la base de la vida económica de los países atrasados. De ahí surge el deber, para el proletariado comunista consciente de todos los países, de demostrar circunspección y atención particulares frente a las supervivencias de los sentimientos nacionales en los países y en las nacionalidades que han sufrido una prolongadísima opresión; asimismo es su deber hacer ciertas concesiones con el fin de apresurar la desaparición de esa desconfianza y esos prejuicios. La causa del triunfo sobre el capitalismo no puede tener su remate eficaz si el proletariado, y luego todas las masas trabajadoras de todos los países y naciones del mundo entero, no demuestran una aspiración voluntaria a la alianza y a la unidad.

B. Tesis suplementarias

1. La determinación exacta de las relaciones de la Internacional comunista con el movimiento revolucionario en los países que están dominados por el imperialismo capitalista, en particular de la China, es uno de los problemas más importantes para el II Congreso de la Internacional comunista. La revolución mundial entra en un período en el cual es necesario un conocimiento exacto de esas relaciones. La gran guerra europea y sus resultados han demostrado muy claramente que las masas de los países sometidos fuera de los límites de Europa están vinculadas de manera absoluta al movimiento proletario de Europa y que esa es una consecuencia inevitable del capitalismo mundial centralizado.

2. Las colonias constituyen una de las principales fuentes de las fuerzas del capitalismo europeo.

Sin la posesión de grandes mercados y de extensos territorios de explotación en las colonias, las potencias capitalistas de Europa no podrían mantenerse mucho tiempo.

Inglaterra, fortaleza del imperialismo, superproduce desde hace más de un siglo. Sólo si conquista territorios coloniales, mercados suplementarios para la venta de los productos de superproducción y fuentes de materias primas para su creciente industria, Inglaterra logró mantener, pese a sus cargas, su régimen capitalista.

Fue mediante la esclavitud de centenares de millones de habitantes de Asia y África que el imperialismo inglés llegó a mantener hasta ahora al proletariado británico bajo la dominación burguesa.

3. La plusvalía obtenida por la explotación de las colonias es uno de los apoyos del capitalismo moderno.

Mientras esta fuente de beneficios no sea suprimida, será difícil para la clase obrera vencer al capitalismo.

Gracias a la posibilidad de explotar intensamente la mano de obra y las fuentes naturales de materias primas de las colonias, las naciones capitalistas de Europa han tratado, no sin éxito, de evitar por todos esos medios, su inminente bancarrota.

El imperialismo europeo logró en sus propios países hacer concesiones cada vez más grandes a la aristocracia obrera. Mientras por una parte trata de mantener las condiciones de vida de los obreros en los países sometidos a un nivel muy bajo, no retrocede ante ningún sacrificio y consiente en sacrificar la plusvalía en sus propios países, pues aún le queda la de las colonias.

4. La supresión por parte de la revolución proletaria del poderío colonial europeo acabará con el capitalismo europeo. La revolución proletaria y la revolución de las colonias deben aunarse, en una cierta medida, para la finalización victoriosa de la lucha. Por lo tanto, la Internacional comunista tiene que ampliar el círculo de su actividad. Debe estrechar relaciones con las fuerzas revolucionarias que tratan de destruir el imperialismo en los países económica y políticamente dominados.

5. La Internacional comunista concentra la voluntad del proletariado revolucionario mundial. Su tarea consiste en organizar a la clase obrera de todo el mundo para la liquidación del orden capitalista y el establecimiento del comunismo.

La Internacional comunista es un instrumento de lucha que tiene por tarea agrupar a todas las fuerzas revolucionarias del mundo.

La II Internacional, dirigida por un grupo de politiqueros y penetrada por concepciones burguesas, no asignó ninguna importancia a la cuestión colonial. Para ella, el mundo sólo existía dentro de los límites de Europa. No consideró la necesidad de vincular al movimiento revolucionario de los otros continentes. En lugar de prestar ayuda material y moral al movimiento revolucionario de las colonias, los miembros de la II Internacional se convirtieron en imperialistas.

6. El imperialismo extranjero que pesa sobre los pueblos orientales, les ha impedido desarrollarse en el orden social y económico, simultáneamente con las clases de Europa y América.

Debido a que la política imperialista obstaculizó el desarrollo industrial de las colonias, no pudo surgir una clase proletaria en el sentido exacto del término, si bien, en estos últimos tiempos, las artesanías locales han sido destruidas por la competencia de los productos de las industrias centralizadas de los países imperialistas.

La consecuencia de esto fue que la gran mayoría del pueblo se vio relegada al campo y obligada a dedicarse al trabajo agrícola y a la producción de materias primas para la exportación.

Así se produjo una rápida concentración de la propiedad agraria en manos ya sea de los grandes propietarios fundiarios, del capital financiero o del Estado, y se creó una poderosa masa de campesinos sin tierra. Además, la gran masa de la población fue mantenida en la ignorancia.

El resultado de esta política es evidente: en aquellos países donde el espíritu revolucionario se manifiesta, sólo encuentra su expresión en la clase media cultivada.

La dominación extranjera obstaculiza el libre desarrollo de las fuerzas económicas.

Por eso su destrucción es el primer paso de la revolución en las colonias y por eso la ayuda aportada a la destrucción del poder extranjero en las colonias no es, en realidad, una ayuda al movimiento nacionalista de la burguesía indígena sino la apertura del camino para el propio proletariado oprimido.

7. En los países oprimidos existen dos movimientos que cada día se separan más: el primero es el movimiento burgués democrático nacionalista que tiene un programa de independencia política y de orden burgués; el otro es el de los campesinos y obreros ignorantes y pobres que luchan por su emancipación de todo tipo de explotación.

El primero intenta dirigir al segundo y en cierta medida lo logró con frecuencia. Pero la Internacional comunista y los partidos adheridos deben combatir esta tendencia y tratar de desarrollar el sentimiento de clase independiente en las masas obreras de las colonias.

Al respecto, una de las tareas más importantes es la formación de partidos comunistas que organicen a los obreros y los campesinos y los conduzcan a la revolución y al establecimiento de la república sovietista.

8. Las fuerzas del movimiento de emancipación en las colonias no están limitadas al pequeño círculo del nacionalismo burgués democrático. En la mayoría de las colonias, ya hay un movimiento social-revolucionario o partidos comunistas vinculados estrechamente con las masas obreras. Las relaciones de la Internacional comunista con el movimiento revolucionario de las colonias deben servir a esos partidos o a esos grupos, pues son la vanguardia de la clase obrera. Si bien actualmente son débiles, representan, sin embargo, la voluntad de las masas, y éstas los seguirán por el camino revolucionario. Los partidos comunistas de los diferentes países imperialistas deben trabajar en contacto con esos partidos proletarios en las colonias y prestarles ayuda moral y material.

9. La revolución en las colonias, en su primer estadio, no puede ser una revolución comunista, pero si desde su comienzo la dirección está en manos de una vanguardia comunista, las masas no se desorientarán y en los diferentes períodos del movimiento su experiencia revolucionaria irá aumentando.

Sería un gran error pretender aplicar inmediatamente en los países orientales los principios comunistas respecto a la cuestión agraria. En su primer estadio, la revolución en las colonias debe tener un programa que incluya reformas pequeño-burguesas tales como el reparto de la tierra. Pero eso no significa necesariamente que la dirección de la revolución deba ser abandonada en manos de la democracia burguesa. Por el contrario, el partido proletario debe desarrollar una propaganda poderosa y sistemática en favor de los soviets, y organizar los soviets de campesinos y de obreros. Esos soviets deberán trabajar en estrecha colaboración con las repúblicas sovietistas de los países capitalistas adelantados para lograr la victoria final sobre el capitalismo en todo el mundo.

De ese modo, las masas de los países atrasados, conducidas por el proletariado consciente de los países capitalistas desarrollados, accederán al comunismo sin pasar por los diferentes estadios del desarrollo capitalista.

TESIS GENERALES SOBRE LA CUESTIÓN DE ORIENTE

I. EL CRECIMIENTO DEL MOVIMIENTO OBRERO EN ORIENTE

Basándose en la experiencia de la edificación soviética en Oriente y en el crecimiento de los movimientos nacionalistas revolucionarios en las colonias, el 2º Congreso de la Internacional Comunista fijó la posición principal del conjunto de la cuestión nacional y colonial en una época de luchas a largo plazo entre el imperialismo y la dictadura proletaria.

Posteriormente, la lucha contra el yugo imperialista en los países coloniales y semicoloniales se intensificó considerablemente debido a la agudización de la crisis política y económica de postguerra del imperialismo.

Los siguientes hechos lo demuestran: 1º) el fracaso del tratado de Sevres, que tenía por objeto el desmembramiento de Turquía y la restauración de su autonomía nacional y política; 2º) un fuerte recrudecimiento del movimiento nacionalista revolucionario en India, Mesopotamia, Egipto, Marruecos, China y Corea; 3º) la crisis interna sin salida en que se halla el imperialismo japonés, crisis que provocó el rápido crecimiento de los elementos de la revolución burguesa democrática y el pasaje del proletariado japonés a una lucha de clase autónoma; 4º) el despertar del movimiento obrero en todos los países orientales y la formación, en casi todos esos países, de partidos comunistas.

Los hechos citados son el indicio de una modificación surgida en la base social del movimiento revolucionario de las colonias. Esta modificación provoca una intensificación de la lucha antimperialista cuya dirección, de este modo, ya no pertenece exclusivamente a los elementos feudales y a la burguesía nacionalista que están dispuestos a establecer compromisos con el imperialismo.

La guerra imperialista de 1914-18 y la larga crisis del capitalismo, sobre todo del capitalismo europeo, que le siguió, debilitaron la tutela económica de las metrópolis sobre las colonias.

Por otra parte, las mismas circunstancias que dieron como resultado un retraimiento de la base económica y de la esfera de influencia política del capitalismo mundial acentuaron aún más la competencia capitalista en relación a las colonias, motivo de ruptura del equilibrio en el conjunto del sistema del capitalismo mundial (lucha por el petróleo, conflicto anglo-francés en Asia Menor, rivalidad japonés-norteamericana por el predominio en el Océano Pacífico, etc.).

Precisamente este debilitamiento del ascendiente capitalista sobre las colonias, a la vez que la rivalidad en aumento de los diversos grupos imperialistas, facilitó el desarrollo del capitalismo autóctono en los países coloniales y semicoloniales. Ese capitalismo ya desbordó y continúa desbordando el marco estrecho y entorpecedor de la dominación imperialista de las metrópolis. Hasta el momento, el capital de las metrópolis, persistiendo en su pretensión de monopolizar la plusvalía de la explotación comercial, industrial y fiscal de los países atrasados, trataba de aislar a estos últimos de la circulación económica del resto del mundo. La reivindicación de una autonomía nacional y económica planteada por el movimiento nacionalista colonial es la expresión de la necesidad de desarrollo burgués experimentada por esos países. El constante progreso de las fuerzas productivas autóctonas en las colonias se halla así en contradicción irreductible con los intereses del capitalismo mundial, pues la esencia misma del imperialismo implica la utilización de la diferencia de nivel existente en el desarrollo de las fuerzas productivas de los diversos sectores de la economía mundial, con el objetivo de asegurar la totalidad de la plusvalía monopolizada.

II. LAS CONDICIONES DE LA LUCHA

El carácter atrasado de las colonias se evidencia en la diversidad de los movimientos nacionalistas revolucionarios dirigidos contra el imperialismo y refleja los diversos niveles de transición entre las correlaciones feudales y feudalpatriarcales y el capitalismo. Esta diversidad presta un aspecto particular a la ideología de esos movimientos.

En esos países el capitalismo surge y se desarrolla sobre una base feudal. Adopta formas incompletas, transitorias y burdas que permiten la preponderancia ante todo del capital comercial y usurario (Oriente musulmán, China).

También la democracia burguesa adopta, para diferenciarse de los elementos feudo-burocráticos y feudo-agrarios, una vía indirecta e intrincada. Ese es el principal obstáculo para el éxito de la lucha contra el yugo imperialista, pues el imperialismo extranjero no deja de transformar en todos los países atrasados al sector superior feudal (y en parte semifeudal, semiburgués) de la sociedad nativa en instrumento de su dominación (gobernadores militares, o en China, burocracia y aristocracia en Persia, recaudadores del impuesto fundiario, zemindari y talukdars en la India, plantadores de formación capitalista en Egipto, etc....).

Por eso, las clases dirigentes de los países coloniales y semicoloniales no tienen ni la capacidad ni el deseo de dirigir la lucha contra el imperialismo, a medida que esta lucha se transforma en un movimiento revolucionario de masas. Solamente allí donde el régimen feudo-patriarcal no se ha descompuesto lo suficiente como para separar completamente a los altos sectores nativos de las masas del pueblo, como por ejemplo entre los nómades y semi-nómades, los representantes de esos altos sectores pueden desempeñar el papel de guías activos en la lucha contra la opresión capitalista (Mesopotamia, Mongoli, Marruecos).

En los países musulmanes, el movimiento nacional encuentra ante todo su ideología en las consignas político-religiosas del pan-islamismo, lo que permite a los funcionarios y a los diplomáticos de las metrópolis aprovecharse de los prejuicios y de la ignorancia de las multitudes populares para combatir ese movimiento (así es como los ingleses juegan al panislamismo y al panarabismo mientras declaran pretender transportar el califato a la India, etc., y el imperialismo francés especula con las “simpatías musulmanas”). Sin embargo, a medida que se amplía y madura el movimiento de emancipación nacional, las consignas político-religiosas del panislamismo son suplantadas por reivindicaciones políticas concretas. Un ejemplo de ello es la lucha iniciada últimamente en Turquía para despojar al califato de su poder temporal.

La tarea fundamental, común a todos los movimientos nacional-revolucionarios consiste en realizar la unidad nacional y la autonomía política. La solución real y lógica de esta tarea depende de la importancia de las masas trabajadoras que un determinado movimiento nacional sepa arrastrar en su desarrollo, luego de haber roto todas las relaciones con los elementos feudales y reaccionarios y encarnado en su programa las reivindicaciones sociales de esas masas.

Consciente de que en diversas condiciones históricas los elementos más variados pueden ser los portavoces de la autonomía política, la Internacional Comunista apoya todo movimiento nacional-revolucionario dirigido contra el imperialismo. Sin embargo, no pierde de vista a la vez que únicamente una línea revolucionaria consecuente, basada en la participación de las grandes masas en la lucha activa y la ruptura sin reservas con todos los partidarios de la colaboración con el imperialismo puede conducir a las masas oprimidas a la victoria. La vinculación existente entre la burguesía autóctona y los elementos feudoreaccionarios permite a los imperialistas aprovecharse ampliamente de la anarquía feudal, de la rivalidad reinante entre los diversos clanes y tribus, del antagonismo entre la ciudad y el campo, de la lucha entre castas y sectas nacional-religiosas para desorganizar el movimiento popular (China, Persia, Kurdistán, Mesopotamia).

III. LA CUESTIÓN AGRARIA

En la mayoría de los países de Oriente (India, Persia, Egipto, Siria, Mesopotamia), la cuestión agraria presenta una importancia de primer orden en la lucha por la liberación del yugo del despotismo metropolitano. Al explotar y arruinar a la mayoría campesina de los países atrasados, el imperialismo la priva de los medios elementales de subsistencia, mientras que la industria poco desarrollada diseminada en diversos puntos del país, es incapaz de absorber el excedente de población rural que, por otra parte, tampoco puede emigrar. Los campesinos pobres que permanecen en sus tierras se transforman en siervos.

Así como en los países civilizados las crisis industriales de pre-guerra desempeñaban el papel de regulador de la producción social, ese papel regulador es desempeñado en las colonias por el hambre. El imperialismo, cuya vitalidad consiste en recibir los mayores beneficios con el menor gasto, apoya hasta el último grado en los países atrasados las formas feudales y usurarias de explotación de la mano de obra. En algunos países, como por ejemplo en la India, se atribuye el monopolio, perteneciente al Estado feudal nativo del disfrute de las tierras y transforma el impuesto del suelo en un tributo que debe ser abonado al capital metropolitano y a sus funcionarios, los “zemindaram” y “talukdar”. En otros países, el imperialismo se apodera de la renta del suelo sirviéndose para ello de la organización autóctona de la gran propiedad de la tierra (Persia, Marruecos, Egipto, etc.).

De allí se deriva que la lucha por la supresión de las barreras y de los tributos feudales aún existentes reviste el carácter de una lucha de emancipación nacional contra el imperialismo y la gran propiedad fundiaria feudal. Se puede tomar como ejemplo la sublevación de los moplas contra los propietarios fundiarios y los ingleses, en otoño de 1921 en la India y la sublevación de los siks, en 1922. Sólo una revolución agraria cuyo objetivo sea la expropiación de la gran propiedad feudal es capaz de sublevar a las multitudes campesinas y adquirir una influencia decisiva en la lucha contra el imperialismo. Los nacionalistas burgueses temen a las consignas agrarias y las reprimen en la medida de sus posibilidades (India, Persia, Egipto), lo que prueba la estrecha vinculación que existe entre la burguesía nativa y la gran propiedad fundiaria feudal y feudo-burguesa. Esto prueba también que ideológica y políticamente, los nacionalistas dependen de la propiedad fundiaria. Esas vacilaciones e incertidumbres deben ser utilizadas por los elementos revolucionarios para una crítica sistemática y divulgadora de la política híbrida de los dirigentes burgueses del movimiento nacionalista. Es precisamente esta política híbrida lo que impide la organización y la cohesión de las masas trabajadoras, como lo prueba la derrota de la resistencia pasiva en la India (no cooperación).

El movimiento revolucionario en los países atrasados de Oriente sólo puede ser coronado por el éxito si se basa en la acción de las multitudes campesinas. Por eso los partidos revolucionarios de todos los países de Oriente deben precisar claramente su programa agrario y exigir la supresión total del feudalismo y de sus resabios que hallan su expresión en la gran propiedad fundiaria y en la franquicia del impuesto fundiario. A los fines de una activa participación de las masas campesinas en la lucha por la liberación nacional, es indispensable proclamar una modificación radical del sistema de usufructo del suelo. También es indispensable forzar a los partidos burgueses nacionalistas a adoptar la mayor parte posible de ese programa agrario revolucionario.

IV. EL MOVIMIENTO OBRERO EN ORIENTE

El joven movimiento obrero oriental es un producto del desarrollo del capitalismo autóctono de estos últimos tiempos. Hasta el momento, la clase obrera nativa, aún si se considera su núcleo fundamental, atraviesa un período transitorio, desplazándose del pequeño taller corporativo a la gran fábrica de tipo capitalista. En la medida en que los intelectuales burgueses nacionalistas atraen hacia el movimiento revolucionarlo a la clase obrera para luchar contra el imperialismo, sus representantes asumen ante todo un papel dirigente en la acción y en la embrionaria organización profesional. En un comienzo, la acción de la clase obrera no supera el marco de los intereses “comunes a todas las naciones” de la democracia burguesa (huelgas contra la burocracia y la administración imperialista en China y en India). Frecuentemente, como lo indicó el 2º Congreso de la Internacional comunista, los representantes del nacionalismo burgués, al explotar la autoridad política y moral de la Rusia de los Soviets y adaptarse al instinto de clase de los obreros, envuelven sus aspiraciones democrático-burguesas en el “socialismo” y el “comunismo” para alejar así, algunas veces sin darse cuenta de ello, a los primeros organismos embrionarios del proletariado de sus deberes de organización de clase (tal es el caso del Partido Behill Ardou en Turquía, que imprimió una coloración roja al panturquismo y el “socialismo de Estado” preconizado por algunos representantes del partido Kuo-Ming-Tang).

Pese a ello el movimiento profesional y político de la clase obrera de los países atrasados progresó aceleradamente en estos últimos años. La formación de partidos autónomos de la clase proletaria en casi todos los países orientales es un hecho sintomático, aunque la gran mayoría de esos partidos aún debe realizar un gran trabajo interno para liberarse del espíritu de camarilla y de muchos otros defectos. Desde un comienzo, la Internacional Comunista apreció en su justo valor la importancia potencial del movimiento obrero en Oriente, lo que evidencia que los proletarios de todo el mundo están unificados internacionalmente bajo la bandera del comunismo. Las Internacionales II y II y ½ no han hallado hasta ahora partidarios en ninguno de los países atrasados, porque se limitan a desempeñar un “papel auxiliar” frente al imperialismo europeo y norteamericano.

V. LOS OBJETIVOS GENERALES DE LOS PARTIDOS COMUNISTAS DE ORIENTE

Los nacionalistas burgueses aprecian el movimiento obrero según la importancia que puede tener para su victoria. El proletariado internacional aprecia al movimiento obrero oriental desde el punto de vista de su porvenir revolucionario. Bajo el régimen capitalista, los países atrasados no pueden participar de las conquistas de la ciencia y de la cultura contemporánea sin pagar un enorme tributo a la explotación y a la opresión bárbaras del capital metropolitano. La alianza con los proletarios de los países altamente civilizados les será ventajosa, no sólo porque corresponde a los intereses de su lucha común contra el imperialismo sino también porque solamente después de haber triunfado, el proletariado de los países civilizados podrá proporcionar a les obreros de Oriente una ayuda desinteresada para el desarrollo de sus fuerzas productoras atrasadas. La alianza con el proletariado occidental abre el camino hacia una federación internacional de las repúblicas soviéticas. El régimen soviético ofrece a los pueblos atrasados el medio más fácil para pasar de sus condiciones de existencia elementales a la alta cultura del comunismo, que está destinado a suplantar en la economía mundial el régimen capitalista de producción y de distribución. Su mejor testimonio es la experiencia de la edificación soviética en las colonias liberadas del ex-imperio ruso. Solo una forma de administración soviética puede asegurar la lógica coronación de la revolución agraria campesina. Las condiciones específicas de la economía agrícola en un cierto sector de los países orientales (irrigación artificial) mantenidas anteriormente por una original organización de colaboración colectiva sobre una base feudal y patriarcal y comprometidas actualmente por la piratería capitalista, exigen igualmente una organización política capaz de cubrir sistemáticamente las necesidades sociales. A raíz de condiciones climatéricas, sociales e históricas particulares, le corresponde generalmente en Oriente, en el período de transición, un papel importante a la cooperación de los pequeños productores.

Las tareas objetivas de la revolución colonial superan el marco de la democracia burguesa. En efecto, su victoria decisiva es incompatible con la dominación del imperialismo mundial. En un comienzo, la burguesía y los intelectuales nativos asumen el papel de pioneros de los movimientos revolucionarios coloniales. Pero desde el momento en que las masas proletarias y campesinas se incorporan a esos movimientos, los elementos de la gran burguesía y de la burguesía fundiaria se apartan, cediendo el paso a los intereses sociales de los sectores inferiores del pueblo. Una larga lucha, que durará toda una época histórica, espera al joven proletariado de las colonias, lucha contra la explotación imperialista y contra las clases dominantes autóctonas que aspiran a monopolizar todos los beneficios del desarrollo industrial e intelectual y pretenden que las masas permanezcan como antes, en una situación “prehistórica”.

Esta lucha por la influencia sobre las masas campesinas debe preparar al proletariado nativo para el papel de vanguardia política. Sólo después de ser sometido a ese trabajo preparatorio y haber atraído a los sectores sociales adyacentes, el proletariado nativo se encontrará en condiciones de enfrentar a la democracia burguesa oriental, que posee características formalistas aún más hipócritas que la burguesía de Occidente.

La negativa de los comunistas de las colonias a participar en la lucha contra la opresión imperialista bajo el pretexto de la “defensa” exclusiva de los intereses de clase es la consecuencia de un oportunismo de la peor especie que no puede sino desacreditar a la revolución proletaria en Oriente. No menos nociva es la tentativa de apartarse de la lucha por los intereses cotidianos e inmediatos de la clase obrera en nombre de una “unificación nacional” o de una “paz social” con los demócratas burgueses. Dos tareas fundidas en una sola incumben a los partidos comunistas coloniales y semicoloniales: por una parte, lucha por una solución radical de los problemas de la revolución democrático-burguesa cuyo objeto es la conquista de la independencia política; por otra parte, organización de las masas obreras y campesinas para permitirles luchar por los intereses particulares de su clase, utilizando para ello todas las contradicciones del régimen nacionalista democráticoburgués.

Al formular reivindicaciones sociales, estimularán y liberarán la energía revolucionaria que no encontraba salida en las reivindicaciones liberales burguesas. La clase obrera de las colonias y semicolonias debe saber firmemente que sólo la ampliación y la intensificación de la lucha contra el yugo imperialista de las metrópolis pueden asignarle un papel dirigente en la revolución y que la organización económica y política y la educación política de la clase obrera y de los elementos semiproletarios son los únicos que pueden aumentar la amplitud revolucionarla del combate contra el imperialismo.

Los partidos comunistas de los países coloniales y semicoloniales de Oriente, que se hallan todavía en un estado más o menos embrionario, deben participar en todo movimiento apto para abrirles una vía de acceso a las masas.

Pero deben llevar a cabo una lucha enérgica contra los prejuicios patriarco-corporativos y contra la influencia burguesa en las organizaciones obreras para defender esas formas embrionarias de organizaciones profesionales contra las tendencias reformistas y transformarlas en órganos combativos de las masas. Deben dedicarse con todas sus fuerzas a organizar a los numerosos jornaleros y jornaleros rurales, así como a los aprendices de ambos sexos en el terreno de la defensa de sus intereses cotidianos.

VI. EL FRENTE ÚNICO ANTIIMPERIALISTA

En los países occidentales que atraviesa un período transitorio caracterizado por una acumulación organizada de las fuerzas, ha sido lanzada la consigna del frente proletario único. En las colonias orientales, es indispensable, en la actualidad, lanzar la consigna del frente antimperialista único. La oportunidad de esa consigna está condicionada por la perspectiva de una lucha a largo plazo contra el imperialismo mundial, lucha que exige la movilización de todas las fuerzas revolucionarias. Esta lucha es mucho más necesaria desde el momento que las clases dirigentes autóctonas tienden a establecer compromisos con el capital extranjero y que esos compromisos afectan los intereses básicos de las masas populares. Así como la consigna del frente proletario único ha contribuido y contribuye todavía en Occidente a desenmascarar la traición cometida por los socialdemócratas contra los intereses del proletariado, así también la consigna del frente antimperialista único contribuirá a desenmascarar las vacilaciones y las incertidumbres de los diversos grupos del nacionalismo burgués. Por otra parte, esa consigna ayudará al desarrollo de la voluntad revolucionaria y al esclarecimiento de la conciencia de clase de los trabajadores, incitándolos a luchar en primera fila, no solamente contra el imperialismo, sino también contra todo tipo de resabio feudal.

El movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales debe, ante todo, conquistar una posición de factor revolucionario autónomo en el frente antiimperialista común. Sólo si se le reconoce esta importancia autónoma y si conserva su plena independencia política, los acuerdos temporarios con la democracia burguesa son admisibles y hasta indispensables. El proletariado apoya y levanta reivindicaciones parciales, como por ejemplo la república democrática independiente, el otorgamiento de derechos de que están privadas las mujeres, etc., en tanto que la correlación de fuerzas existente en la actualidad no lo permita plantear la realización de su programa sovietista. A la vez, trata de lanzar consignas susceptibles de contribuir a la fusión política de las masas campesinas y semiproletarias con el movimiento obrero. El frente antimperialista único está indisolublemente vinculado a la orientación hacia la Rusia de los Soviets.

Explicar a las multitudes trabajadoras la necesidad de su alianza con el proletariado internacional y con las repúblicas sovietistas es uno de los principales puntos de la táctica antimperialista única. La revolución colonial sólo puede triunfar con la revolución proletaria en los países occidentales.

El peligro de un entendimiento entre el nacionalismo burgués y una o varias potencias imperialistas hostiles, a expensas de las masas populares, es mucho menor en los países coloniales que en los países semicoloniales (China, Persia) o bien en los países que luchan por la autonomía política explotando, al efecto, las rivalidades imperialistas (Turquía).

Reconociendo que ciertos compromisos parciales y provisorios pueden ser admisibles e indispensables cuando se trata de tomar un respiro en la lucha de emancipación revolucionaria llevada a cabo contra el imperialismo, la clase obrera debe oponerse con intransigencia a toda tentativa de un reparto de poder entre el imperialismo y las clases dirigentes autóctonas, ya sea hecho abierta o disimuladamente, pues tiene por objeto conservar los privilegios de los dirigentes. La reivindicación de una alianza estrecha con la República proletaria de los soviets es la bandera del frente antimperialista único.

Luego de prepararla, es preciso llevar a cabo una lucha decidida por la máxima democratización del régimen político, a fin de privar de todo sostén a los elementos social y políticamente más reaccionarios y asegurar a los trabajadores la libertad de organización, permitiéndoles luchar por sus intereses de clase (reivindicaciones de una república democrática, reforma agraria, reforma de las cargas fundiarias, organización de un aparato administrativo basado en el principio de un self-government, legislación obrera, protección del trabajo, protección de la maternidad, de la infancia, etc.). Ni siquiera en el territorio de Turquía independiente, la clase obrera no goza de la libertad de coalición, lo que puede servir de indicio característico de la actitud adoptada por los nacionalistas burgueses con respecto al proletariado.


VII. LAS TAREAS DEL PROLETARIADO DE LOS PAÍSES DEL PACÍFICO

La necesidad de la organización de un frente antimperialista es dictada además por el crecimiento permanente e ininterrumpido de las rivalidades imperialistas. Esas rivalidades se han agudizado de tal forma que es inevitable una nueva guerra mundial, cuyo campo de batalla será el Océano Pacífico, a menos que la revolución internacional se le anticipe. La conferencia de Washington fue una tentativa realizada para detener ese peligro, pero en realidad no hizo sino profundizarlo y exasperar las contradicciones del imperialismo. La lucha sostenida últimamente entre Hu-Pei-Fu y Djan-So-Lin en China es la consecuencia directa del fracaso de los capitalismos japonés y anglonorteamericano en su tentativa por lograr una coincidencia de intereses en Washington. La nueva guerra que amenaza al mundo arrastrará no solamente al Japón, EE.UU. e Inglaterra sino también a las demás potencias capitalistas, tales como Francia y Holanda, y todo hace prever que será aún más devastadora que la guerra de 1914-18.

La tarea de los partidos comunistas coloniales y semicoloniales de los países aledaños al Océano Pacífico consiste en llevar a cabo una enérgica propaganda cuyo objetivo sea el de explicar a las masas el peligro que les espera y convocarlas a una lucha activa por la liberación nacional e insistir para que se orienten hacia la Rusia de los Soviets, apoyo de todos los oprimidos y explotados.

Los partidos comunistas de los países imperialistas tales como EE.UU., Japón, Inglaterra, Australia y Canadá tiene el deber, dada la inminencia del peligro, de no limitarse a una propaganda contra la guerra sino de esforzarse por todos los medios en aislar a los factores capaces de desorganizar el movimiento obrero de esos países y de facilitar la utilización por parte de los capitalistas de los antagonismos de nacionalidades y de razas.

Esos factores son: el problema de la emigración y el del bajo precio de la mano de obra de color.

El sistema de contratos sigue siendo hasta ahora el principal medio de reclutamiento de los obreros de color para las plantaciones azucareras de los países del sur del Pacífico, donde los obreros son importados de China y de la India. Este hecho determinó que los obreros de los países imperialistas exigieran la promulgación de leyes prohibiendo la inmigración y el empleo de la mano de obra de color, tanto en América como en Australia.

Esas leyes prohibitivas evidencian el antagonismo existente entre los obreros blancos y los obreros de color, y dividen y debilitan la unidad del movimiento obrero.

Los partidos comunistas de los EE.UU., del Canadá y de Australia deben emprender una enérgica campaña contra las leyes prohibitivas y demostrar a las masas proletarias de esos países que leyes de ese tipo excitan las luchas de razas, y se vuelven finalmente contra los trabajadores de los países prohibicionistas.

Por otra parte, los capitalistas suspenden las leyes prohibitivas para facilitar la inmigración de la mano de obra de color, que trabaja a más bajo precio y disminuir de ese modo el salario de los obreros blancos. Esta intención manifestada por los capitalistas de pasar a la ofensiva puede ser desbaratada eficazmente si los obreros inmigrados entran en los sindicatos donde están organizados los obreros blancos. Simultáneamente, debe reivindicarse un aumento de salarios para la mano de obra de color, de manera de equipararlos con los de los obreros blancos. Una medida de ese tipo adoptada por los partidos comunistas desenmascara las intenciones capitalistas y a la vez mostrará claramente a los obreros de color que el proletariado internacional es extraño a los prejuicios raciales.

Para efectivizar las medidas indicadas, los representantes del proletariado revolucionario de los países del Pacífico deben convocar a una conferencia de los países del Pacífico que elaborará la táctica a seguir y encontrará las formas de organización para la unificación efectiva del proletariado de todas las razas de los países del Pacífico.

VIII. LAS TAREAS COLONIALES DE LOS PARTIDOS METROPOLITANOS

La importancia primordial del movimiento revolucionario en las colonias para la revolución proletaria internacional exige una intensificación de la acción en las colonias de los partidos comunistas de las potencias imperialistas.

El imperialismo francés cuenta, para la represión de las fuerzas de la revolución proletaria en Francia y en Europa, con los habitantes de las colonias que, según ellos, servirán de reserva para la contrarrevolución.

Los imperialismos inglés y norteamericano continúan, como antes, dividiendo al movimiento obrero y atrayendo a su lado a la aristocracia obrera con la promesa de otorgarles una parte de la plusvalía proveniente de la explotación colonial.

Todos los partidos comunistas de los países que poseen colonias deben tratar de organizar sistemáticamente una ayuda material y moral al movimiento revolucionario obrero de las colonias. Es preciso combatir a cualquier precio, obstinadamente y sin cuartel las tendencias colonizadores de ciertas categorías de obreros europeos bien pagos que trabajan en las colonias. Los obreros comunistas europeos de las colonias deben esforzarse por unir a los proletarios nativos ganando su confianza mediante reivindicaciones económicas concretas (alza de los salarios hasta el nivel de los salarios de los obreros europeos, protección del trabajo, etc.) La creación en las colonias (Egipto y Argelia) de organizaciones comunistas europeas aisladas es sólo una forma simulada de la tendencia colonizadora y un apoyo a los intereses imperialistas. Construir organizaciones comunistas de acuerdo con el principio nacional significa entrar en contradicción con los principios del internacionalismo proletario.

Todos los partidos de la Internacional Comunista deben explicar constantemente a las multitudes trabajadoras la extrema importancia de la lucha contra la dominación imperialista en los países atrasados. Los partidos comunistas que actúan en los países metropolitanos deben formar ante sus comités dirigentes comisiones coloniales permanentes que trabajarán con los objetivos indicados anteriormente. La Internacional Comunista debe ayudar a los partidos comunistas de Oriente prestándole su ayuda para la organización de la prensa, la edición periódica de diarios redactados en los idiomas nativos, etc. Una particular atención debe ser acordada a la acción entre las organizaciones obreras europeas y las tropas de ocupación coloniales. Los partidos comunistas de las metrópolis deben aprovechar toda ocasión que se presente para poner en evidencia el bandidismo de la política colonial de sus gobiernos imperialistas así como de sus partidos burgueses y reformistas.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Presupuesto 2011. ¿Cuáles son sus presupuestos?


Serie Apuntes de investigación, no. 6

El debate sobre el presupuesto del Estado nacional para 2011 ha estado teñido de sospechas e intrigas. Sin embargo, poco parece discutirse la sustancia del mismo, sus presupuestos y sus prioridades.

Si analizamos sucintamente algunos de los principales elementos de la proyección de gastos y recursos del Estado nacional para el próximo año (el presupuesto) veremos que más allá del teatro parlamentario, el Presupuesto 2011 profundiza un esquema de política económica que supone una serie de continuidades preocupantes:

1. Subestimar el crecimiento e inflación.

El presupuesto para 2011 supone que el PBI aumentará 4,3% en comparación con 2010 y que la inflación minorista será del 8,4%. Es decir, el gobierno dice que la economía se frenará fuertemente pues en la actualidad el crecimiento es superior al 9% anual. El llamado efecto “arrastre” implica que aun si la economía dejara de crecer a partir de enero de 2011, el crecimiento promedio esperado entre 2011 y 2010 sería de 4,5%. La proyección de crecimiento es – entonces – claramente inverosímil y falta de realidad.

Por otra parte, la inflación estimada por el gobierno se mantiene dentro de los valores de los últimos años, según el cálculo del INDEC. Desde la intervención del organismo estadístico, esos números han entrado en cuestionamiento. Aún así, el propio INDEC señala que la inflación promedio es mucho más baja que la inflación en productos alimenticios: en 2010 fue de 11% contra 16%, respectivamente.

A los fines del gobierno, la subestimación de la inflación y el crecimiento sirve en al menos tres sentidos. Primero, la recaudación impositiva será mucho mayor que la proyectada en el presupuesto y la asignación de esos excedentes queda bajo el manejo plenamente discrecional del Poder Ejecutivo mediante el uso de las potestades delegadas por el Congreso. En segundo lugar, la inflación más baja le permite mantener artificialmente bajo el peso de la deuda pública atada a la inflación. Si bien es positivo en términos de que disminuye los pagos de deuda, esta situación le permite al gobierno evitar poner en discusión la necesidad de suspender los pagos, investigar el origen de la misma y anular la porción fraudulenta, ilegal e ilegítima. Tercero, esta baja inflación proyectada le permite al gobierno mostrar aumentos de gasto en términos reales cuando en realidad en muchos rubros sensibles (como los salarios, jubilaciones y pensiones) los aumentos presupuestados implican fuertes reducciones en el poder de compra.

2. Continuar privilegiando el pago de la deuda externa.

Más allá de que desde 2002 la deuda pública a reducido su peso en el gasto total, no deja de ser cierto de que para 2011 el gobierno plantea pagar intereses por más de 36 mil millones de pesos y deberá buscar financiamiento por unos 30 mil millones de dólares para cubrir una porción equivalente de deuda que se vence durante el año próximo. La realidad es que el estado argentino gasta un 9,8% de su presupuesto en pagar intereses de la deuda pública, un monto equivalente a 1998. Ese monto es 2 veces más que el presupuestado para educación, 5 veces el presupuesto para salud o 3 veces el presupuesto de la AUH y el Plan Argentina Trabaja juntos. Se continúa privilegiando los intereses de los acreedores (ver nota).

3. Mantener bajos los salarios de los/as trabajadores/as estatales.

El aumento proyectado para la masa de salarios del estado nacional es igual a 14%. Es decir, suponiendo que el número de trabajadores/as no varíe durante 2011, ese aumento significa que los/as trabajadores/as del sector público nacional pueden esperar un aumento en sus salarios no mayor a ese 14%. Por supuesto, es probable que la planta del Estado nacional se incremente y que la inflación sea superior al 9% proyectado. Con una inflación del 9% anual, el 14% de aumento en los salarios significan un aumento del 5% en el poder de compra de los ingresos. Ahora bien, si la inflación real es mayor al 14% (la inflación oficial de alimentos es superior a eso en la actualidad) el aumento presupuestado en la masa de remuneraciones del sector público nacional implica una reducción en el salario real de los/as trabajadores/as.

4. Continuar subsidiando al gran capital.

El presupuesto 2011 contempla un incremento de 22,4% en las exenciones impositivas (gastos tributarios): en particular, los regímenes de promoción económica que benefician fundamentalmente a las grandes corporaciones supondrán subsidios indirectos que aumentarían en 2011 el 30,2%, llegando a 8462 millones de pesos. Por otra parte, los gastos en el rubro servicios económicos aumentarían 10,2% y representarán 16,4% del gasto total. Estas erogaciones suponen 61 mil millones de pesos en subsidios directos e indirectos a empresas del sector transporte, energía, constructoras, etc., en su mayor parte grandes empresas. Un monto seis veces mayor que los gastos en construcción de vivienda, de servicios de agua potable y cloacas.

5. Continuar sin universalizar la Asignación Universal por Hijo (AUH) y sin pagar el 82% para los trabajadores jubilados que reciben la mínima.

La proyección para 2011 es que los recursos destinados a la AUH aumentarán un 20,5%, es decir por debajo del aumento en los recursos destinados al pago de intereses de la deuda pública (28,1%). El aumento propuesto apenas si cubrirá la desvalorización provocada por la inflación real (no la oficial). Por otro lado, la cobertura que ha llegado a 3,8 millones de niños/as se extenderá a sólo 200 mil niños/as más en 2011, quedando muy corto aún de la urgente necesidad de universalizar el beneficio: incluyendo las asignaciones familiares por hijo/a para asalariados formales, el conjunto de las asignaciones por hijo/a deja sin cobertura incondicional al 29,5% (3,1 millones) de los/as niños/as del país.

En relación a las Jubilaciones y Pensiones, sigue sin considerarse una propuesta de acercamiento progresivo de los beneficios mínimos al 82% del salario mínimo que – como mostramos en un artículo anterior – es una medida claramente posible a corto plazo. Por otra parte, la proyección de aumento en este rubro se encuentra en el 22,7% para todo el año próximo, algo por encima de la inflación real esperada, pero claramente por debajo de los requerimientos para alcanzar la reivindicación histórica de los/as trabajadores/as jubilados/as.

6. Mantener la regresividad tributaria: pagan más los que menos tienen.

Luego de 8 años, el gobierno insiste en sostener un esquema tributario basado en la imposición sobre el consumo popular. El impuesto al valor agregado (IVA) continúa representando la mayor porción de la recaudación (37% de los ingresos tributarios). Por el lado del impuesto “a las ganancias” (24,4% de los ingresos tributarios), sin cambios en sus estructura, se mantendrá la tendencia a la reducción en la participación de los pagos de corporaciones y grandes empresas (en 2009, las empresas aportaron sólo el 60% del impuesto, mientras que en 2003 esa proporción era del 74%). Por último, se mantienen las reducciones en los aportes patronales vigentes desde los años noventa y sigue sin gravarse las ganancias del capital financiero (por intereses y valorización de activos) o las exportaciones de minerales, ambas fuentes de rentas extraordinarias (ver nota).

lunes, 22 de noviembre de 2010

Sobre el nacionalismo burgués y los frentes populares

¿Qué clase de recurso político es el Frente Popular? (fragmento)

(Respuesta de Política Obrera al PST, Buenos Aires, septiembre de 1974)

El ingreso a una coalición política sólo es posible como partido independiente que participa en ese frente. Esto significa suscribir el programa de la coalición, y es un asunto de otro orden si se asumen o no las responsabilidades directamente ministeriales, o sólo parlamentarias, o ni eso. Lo que obligatoriamente se asume es la responsabilidad política del frente. Para nosotros, no existe diferencia sustancial entre ingresar a una coalición política de gobierno e ingresar en el mismo gobierno.

El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), por ejemplo, en 1936 entró en el bloque del Frente Popular y, sin embargo no entró al gobierno del Frente Popular ¿Dejaba por eso de ser frentepopulista, es decir, sostenedor del Estado burgués?

Aquí hay una diferenciación metodológica y de principios realmente fundamental. Si hacemos “entrismo” en el Partido Socialista chileno, y éste ingresa en un Frente Popular, esto lo hace contra nosotros, contra nuestras posiciones, contra nuestras críticas, sin nuestra responsabilidad. Si ingresamos en forma independiente a una coalición, lo hacemos por nuestra voluntad, asumiendo la totalidad de las responsabilidades políticas. Se trata de dos trabajos en direcciones diametralmente opuestas: el primero, por la ruptura con la burguesía, por la independencia obrera; el segundo, por la coalición con la burguesía, haciendo quizás críticas exteriores a puntos aislados del programa, o con un carácter meramente propagandístico.

(…) no es la crítica lo que define la posición ‘concreta’ de independencia obrera, sino el ingreso al bloque, como manifestación fundamental de sometimiento práctico a la burguesía. Ustedes, al igual que el POUM, colocan en el mismo plano el “entrismo” en el partido laborista o en el PS con el ingreso al Frente Popular en el que el PS está. Y esto elimina toda confusión respecto a lo que ustedes quieren decir con entrar en la UP: no quieren decir (y si fuera así estaría mal dicho) ingresar en alguno de los partidos obreros de la UP, para trabajar por su ruptura, sino ingresar en forma independiente en la coalición, asumiendo la responsabilidad política.

(…)

No es por azar que nos hayamos enfrascado en este asunto de los movimientos nacionalistas, pues es un aspecto cardinal de la experiencia política de los trabajadores latinoamericanos y, por lo tanto, en la política de los trotskistas de esta parte del mundo.

(…) La característica común a los movimientos nacionalistas burgueses, cuya diversidad es notable, es su aspiración a realizar la unidad y autonomía nacionales de las colonias y las semicolonias. En los países que ya han completado estas tareas, y que han devenido imperialistas, los movimientos nacionalistas tienen un carácter reaccionario, pues aspiran a resolver mediante la opresión de otras naciones su propio agotamiento histórico. En los países atrasados, los movimientos nacionalistas tienen un carácter históricamente (ojo, históricamente) progresivo, pues su “reivindicación de una autonomía nacional y económica … es la expresión de la necesidad de desarrollo burgués experimentado por estos países” (IVº Congreso de la Internacional Comunista).

De la progresividad de las tareas de los movimientos nacionales (por eso, decimos histórica), no se desprende automáticamente que su política sea consecuente o revolucionaria. La realización cabal de esas tareas es imposible sin arrastrar a fondo a todas las masas al combate. Pero lo portavoces burgueses o pequeño – burgueses de estos movimientos, se cuidan mucho –en escala diversa- de que la movilización de los trabajadores no ponga en peligro su propia dominación clasista nativa. Por otro lado, la aspiración de las direcciones burguesas a la autonomía nacional es relativa, ya que está condicionada a sus lazos y acuerdos con la burguesía imperialista opresora. En determinadas circunstancias (hostilidad extrema del imperialismo, débil desarrollo independiente del proletariado), los movimientos nacionalistas pueden llegar a librar una guerra nacional contra el imperialismo, para pasar, en otra etapa, a la represión más feroz del movimiento obrero colonial, en alianza con el capital financiero.

(…)

Ni apoyarlo incondicionalmente, ni colocarlo en el mismo plano que al imperialismo. Los comunistas – trotskistas debemos considerar a los movimientos nacionalistas burgueses en la medida en que movilizan y organizan a las masas, trabajando por la más absoluta independencia del movimiento específicamente proletario, con el objetivo de que pueda disputarle la dirección de las masas no obreras a la burguesía nacional. La táctica del frente único imperialista tiene por objeto “contribuir para desenmascarar las vacilaciones y las incertezas de los diversos grupos del nacionalismo burgués … y al esclarecimiento de la conciencia de clase de los trabajadores (IVº Congreso).

Los movimientos nacionalistas burgueses tratan de organizar al proletariado en su propio beneficio y apartándolo de toda estructuración independiente. Las organizaciones políticas de la clase obrera surgen, en los países atrasados, aprovechando el cuadro de movilización del nacionalismo burgués, pero en contra de los propósitos de éste. En determinado punto de este antagonismo, el nacionalismo burgués está obligado a aplastar al movimiento proletario comunista que va camino a convertirse en el caudillo del conjunto de las masas. Esto lo hace directamente … o indirectamente, dando paso a golpes militares de fracciones más o menos vinculadas al nacionalismo (Perón, en 1955).

El nacionalismo –por la estructura contradictoria de la nación oprimida, por el agotamiento del período histórico de formación democrática de las naciones- está obligado a jugar tanto la partida de impulsor del movimiento de las masas como la de su verdugo; está obligado tanto a enfrentar al imperialismo como a ser su instrumento para derrotar al proletariado que se moviliza en forma independiente. Definir al nacionalismo en general como ‘progresivo’ es ocultar su giro contrarrevolucionario frente al proletariado que se emancipa políticamente.

Creemos que hemos llegado al punto en que podemos apreciar claramente la diferencia de todo orden –histórica y política- entre un movimiento nacionalista burgués y un frente popular.

Los frentes populares en los países atrasados surgen justamente cuando ese movimiento de masas escapa al control de la burguesía nacional, y cuando ese movimiento no puede ser aplastado con métodos de guerra civil o cuartelazo. Aparece aquí en toda su importancia la crisis histórica de la dirección del proletariado y el carácter contrarrevolucionario del stalinismo y la socialdemocracia. El proletariado que ha superado por entero su confianza en los partidos burgueses nacionalistas, se encolumna, junto a otros sectores de masas, detrás de los partidos específicamente obreros, desde un punto de vista histórico, deberían asumir la responsabilidad de la lucha por la revolución proletaria. Estos aparatos obreros contrarrevolucionarios, en cambio, se alinean junto a los partidos en crisis de la burguesía para contener a los explotados dentro del cuadro burgués. El bloque político así formado cumple una función alternativa a la del golpe reaccionario: es el último recurso de los explotadores, incluido el imperialismo, contra la revolución proletaria. Los movimientos nacionalistas y los frentes populares tienen una función política similar: cuando se trata de derrotar el desarrollo de la revolución proletaria, la burguesía utiliza a uno y otro. Cuando el régimen burgués no está en peligro, no hay en general frentes populares, o tienen un carácter sumamente episódico; son los momentos en que los movimientos nacionalistas cumplen ciertas tareas progresivas de organización de las masas, con vista a mejores negociaciones con el imperialismo. (Por ejemplo, la legalización de los grandes sindicatos industriales por Perón). El frente popular es siempre un recurso político, no una necesidad histórica; su función, por lo tanto, es contrarrevolucionaria, no progresiva. Los movimientos nacionalistas, nacen sí por una necesidad histórica.

Es un error decir que los movimientos nacionalistas burgueses sean organismos de colaboración de clases. Son sí movimientos policlasistas, porque agrupan diversas clases de la población; pero no de colaboración de clases, porque para ello el proletariado debería tener una organización política propia, fruto de su propio movimiento histórico como clase, dispuesta a colaborar o no. En los movimientos nacionalistas, los sectores obreros no tienen fisonomía política propia respecto de la burguesía, aunque socialmente unos son explotados y los otros explotadores. La burocracia sindical peronista tiene un origen obrero, pero no representa, ni histórica ni políticamente, al proletariado. Los obreros son arrastrados al movimiento nacionalista cuando su desarrollo como clase es insuficiente (y en esta circunstancia ese arrastre es progresivo), y no por una política colaboracionista de una dirección política obrera, que aún no tienen. El frente popular es completamente distinto: aquí, las direcciones traidoras siguen una política de colaboracionismo clasista, concientemente. El movimiento nacionalista burgués se expresa como organización única, el frente popular como bloque de fuerzas. La colaboración de clases es siempre un freno histórico; la labor de organización de masas del nacionalismo es, por contrario, un impulso. El nacionalismo surge cuando aún el desarrollo del proletariado y de sus organizaciones es todavía muy frágil, por eso se lanza a organizarlo como factor de masas de la política burguesa. El frente popular, al revés, aparece cuando el proletariado alcanza un alto grado de politización y organización, por eso su único objetivo burgués es desarmarlo y desorganizarlo. El nacionalismo burgués recurre a los partidos obreros cuando, obligado a derrotar a las masas, no puede vencerlas por medio de recursos tradicionales tales como golpes preventivos. En su fase de descomposición y crisis, el nacionalismo se concilia, con infinitos rodeos, con una táctica de frente popular para ejecutar la contrarrevolución por otra vía.
Es un error decir que los frentes populares en los países atrasados sólo son posibles como coaliciones de los partidos obreros con aquellos que representan directamente al imperialismo; esto en todo caso es una variante del derechismo extremo del frente popular.

(…)

El fenómeno de la Unión Democrática demuestra que los frentes populares, cualquiera que sea su fisonomía nacional (aspecto decisivo para la táctica), tiene su base en la colaboración clasista internacionales entre el imperialismo y la burocracia. El imperialismo yanqui, deseoso de penetrar en la Argentina, viejo coto cerrado de los ingleses pacta con la burocracia una distribución de “zonas de influencia”, que en Argentina alinea al PC con el frente pro-yanqui. Los frentes populares tienen este sello internacional: la coexistencia pacífica, a cuyo servicio actúa el stalinismo. Pero no sólo eso, lo fundamenta es lo que sigue: solamente aliándose con la Unión Democrática, el stalinismo podía completar la quiebra necesaria dentro de las filas del activismo obrero de la época, como para asegurar 30 años de capitalismo al país.

(…)

No creemos que el peronismo haya tenido en 1946 un carácter del frente popular, aunque haya sido una coalición política entre el partido laborista y la UCR de Quijano. La razón es ésta: el laborismo no era un partido obrero sino un aparato sindicalista de la fracción militar peronista. El laborismo no fue un producto del movimiento autónomo del proletariado sino una creación circunstancial de la logia militar. ¿Cómo se explica sino que se fundare por recomendación de Perón y que se disipara sin pena en pocos meses? Perón concibió al laborismo como base para un partido sindicalista corporatista, que luego transformó en el peronismo. El peronismo fue, no un frente antiimperialista (el proletariado no tenía su propia representación independiente en un acuerdo circunscripto y de carácter práctico) sino un movimiento nacionalista burgués.

Expresó la necesidad de desarrollo burgués del país, pero ello se combinó con la traición histórica del stalinismo, recurso que facilitó su amplitud. Decir que el peronismo fue un frente antiimperialista y que el laborismo fue un partido obrero significa reconocer en el peronismo la existencia de un ala proletaria políticamente autónoma, incluso después de la desaparición del laborismo.

Este error teórico abre la posibilidad de un curso de capitulación frente al peronismo, por vía de las ilusiones en la evolución de la burocracia sindical como polo obrero independiente. Es de esta manera como se fundamentó en vuestra revista Estrategia, por Hermes Radio, en 1959, la disolución de vuestro grupo en el peronismo.

En el afán de asimilar al frente popular con la política progresiva que es propia de uno de los extremos del desarrollo del nacionalismo burgués, ustedes dicen que el imperialismo tuvo que abatir a Allende por ser éste nacionalista.