martes, 2 de mayo de 2017

Gramsci, el cerebro que siguió pensando


El 27 de abril de 1937, hace 80 años, moría Antonio Gramsci, víctima de una apoplejía y de las condiciones de su encarcelamiento.

No me interesa hacer un panegírico sino revisar algunas de sus posiciones más polémicas, por ejemplo en lo que respecta a su relación con Trotsky y con su teoría de la revolución permanente. Es importante esta cuestión porque usualmente el trotskismo reivindica a Gramsci, con reservas, y tergiversa a mi criterio su pensamiento. Pensamiento que debe ser colocado en su contexto histórico. A poco que se lo hace puede observarse que si bien existieron diferencias entre Trotsky y Gramsci, son muchísimas más las coincidencias.

Gramsci llega al marxismo desde el nacionalismo sardo. Sin embargo, su asimilación del marxismo es asombrosamente rápida y profunda, mostrando un pensamiento potente y fecundo.

La revolución rusa de 1917 (contra El Capital).

Un primer texto polémico es “La revolución contra El Capital”. Se trata de texto escrito por Gramsci pocos meses después de la insurrección bolchevique de octubre de 1917 y en el que se pronuncia de acuerdo con los conocimientos limitados que tiene de la situación rusa (“… en el fondo, importa poco saber más de lo que sabemos ahora …”).

En ese texto se puede apreciar cómo se da la aproximación de Gramsci a Marx, tomándolo críticamente porque pensaba en el Marx del reformismo, pero comprendiendo a su vez que “… si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan, en cambio, de su pensamiento inmanente, vivificador …”. Es que Gramsci, aún cuando pudo haber estado en desacuerdo con algunas afirmaciones de El Capital, que en esa nota no menciona, sí comprendía su pensamiento inmanente y vivificador

De paso, recordemos al Che Guevara cuando afirmaba que “… El peso de ese monumento de la inteligencia humana es tal que nos ha hecho olvidar frecuentemente el carácter humanista (en el mejor sentido de la palabra) de sus inquietudes …”.

Gramsci escribe contra la interpretación canónica al decir que “… los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como podría creerse y como se ha creído …”; para Gramsci, y con el conocimiento limitado de la situación rusa, que él mismo reconoce, el pensamiento bolchevique “… no sitúa nunca como factor máximo de la historia los hechos económicos en bruto, sino siempre el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se reúnen, se comprenden, desarrollan a través de esos contactos (cultura) una voluntad social, colectiva, y entienden los hechos económicos, los juzgan y los adaptan a su voluntad hasta que ésta se convierte en motor de la economía, en plasmadora de la realidad objetiva, la cual vive entonces, se mueve y toma el carácter de materia telúrica en ebullición, canalizable por donde la voluntad lo desee, y como la voluntad lo desee …”.

Se puede ver claramente que aún cuando Gramsci no conociera, en 1917, la totalidad de la obra de Marx y Engels que, por otra parte no se conoció en su totalidad hasta recién después de 1932, comprendió su pensamiento inmanente y vivificador y, por eso, comprendió que la historia la hace el hombre en condiciones no elegidas pero en las que le toca actuar. Esto es eminentemente marxiano. Siguiendo con la anterior cita del revolucionario argentino, el Che Guevara afirmaba que: “… La mecánica de las relaciones de producción y su consecuencia: la lucha de clases, oculta en cierta medida el hecho objetivo de que son hombres los que se mueven en el ambiente histórico …” (citado por Michael Lowy, en El pensamiento del Che Guevara).

¿Acaso Gramsci no llega a similares conclusiones que Trotsky, en su teoría de la revolución permanente, cuando afirma en ese texto  que “… El Capital, de Marx, era en Rusia el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la fatal necesidad de que en Rusia se formara una burguesía, empezara una Era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera pensar siquiera en su ofensiva, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución. Los hechos han superado las ideologías …”? 

¿No es esta la concepción de Trotsky en el sentido de que, para hacer la revolución democrática el proletariado ruso debió encarar tareas socialistas, saltándose así las etapas prefiguradas por la socialdemocracia europea?

Recordemos que en la socialdemocracia rusa se planteó oportunamente un debate sobre la forma que adoptaría la revolución en Rusia y al respecto existían tres concepciones básicas, la de los mencheviques, con Plejanov a la cabeza, la de Lenin y la Trotsky. Esta idea de que primero debía ocurrir la revolución democrática, remover las trabas feudales y encaramar en el poder a la burguesía para que se desarrollara sin trabas el capitalismo, era la concepción marxista reformista.

Gramsci afirma entonces que el proletariado puede hacer una revolución socialista antes de que se cumpla la supuesta etapa previa de la democracia burguesa. Es una revolución contra El Capital de la burguesía y contra El Capital de los reformistas. ¿No es esta también la posición de Trotsky en su teoría de la revolución permanente?

¿Contra la dictadura del proletariado?

Leí una nota de Cristian Rath, del Partido Obrero, en la que afirma que Gramsci habría abandonado la idea de la dictadura del proletariado por la noción de bloque histórico. Sin embargo, no cita ninguna evidencia de ello. Y de hecho, la noción de bloque histórico no niega la dictadura del proletariado sino que busca explicar la relación estructura – superestructura que, según Gramsci, aparecía muy mecánico o esquemático, no sólo en la metáfora marxiana, sino también en un manual marxista de divulgación escrito por Bujarin (ver la crítica a Bujarin en “El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce”).

Pero que yo sepa jamás se pronunció en contra de la dictadura del proletariado. Por el contrario, ya en el año 1924, a poco tiempo de fallecido Lenin, Gramsci escribiría un artículo titulado “Jefe” en el que se pronuncia abiertamente a favor de la dictadura del proletariado, de la necesidad de los jefes y de la falta de preparación revolucionaria de quienes quieren dictadura de clase pero sin jefes: “…Todo Estado es una dictadura. Ningún Estado puede carecer de un Gobierno constituido por un reducido número de hombres que se organizan a su vez alrededor de uno dotado de más capacidad y de mayor clarividencia. Mientras haga falta el Estado, mientras sea históricamente necesario gobernar a los hombres, cualquiera que sea la clase dominante, se planteará el problema de tener jefes, de tener un ‘jefe’. El que algunos socialistas que siguen llamándose marxistas y revolucionarios digan que quieren la dictadura del proletariado, pero no la dictadura de los ‘jefes’, la individualización, la personalización del mando; que digan, esto es, que quieren la dictadura, pero no en la única forma en que es históricamente posible, basta para revelar toda una orientación política, toda una preparación teórica ‘revolucionaria’. En la cuestión de la dictadura proletaria el problema esencial no es el de la personalización física de la función de mando. El problema esencial consiste en la naturaleza de las relaciones que los jefes o el jefe tengan con el partido de la clase obrera, y de las relaciones que existan entre ese partido y la clase obrera. ¿Son relaciones puramente jerárquicas, de tipo militar, o lo son de carácter histórico y orgánico? El jefe, el partido, ¿son elementos de la clase obrera, son una parte de la clase obrera, representan sus intereses y sus aspiraciones más profundas y vitales, o son una excrecencia de ella, una simple sobreexposición violenta? ¿Cómo se ha formado ese partido, cómo se ha desarrollado, mediante qué proceso se ha producido la selección de los hombres que lo dirigen? ¿Por qué se ha convertido en partido de la clase obrera? ¿Ha ocurrido eso por casualidad? El problema lo es, pues, de todo el desarrollo histórico de la clase obrera, que se constituye lentamente en la lucha contra la burguesía, registra alguna victoria y sufre muchas derrotas; y no sólo de la clase obrera de un solo país, sino de toda la clase obrera mundial, con sus diferenciaciones superficiales y, sin embargo, tan importantes en cada momento aislado, y con su sustancial unidad y homogeneidad …”.

En sus tesis de Lyon también se pronuncia a favor y en sus escritos de la cárcel sigue situando al partido revolucionario como el individual colectivo, el moderno príncipe, que deberá encarar la tarea de acaudillar a las masas explotadas de Italia en la construcción de un nuevo Estado. La dictadura del proletariado no es más que ese nuevo Estado, tal como lo explicaba Gramsci en "Jefe".

¿Gramsci anti trotskista?

Para hacer un análisis de esta afirmación no sólo habría que mostrar contradicciones irreductibles entre ambos revolucionarios, Gramsci y Trotsky, sino también una acción política de al menos cierta rivalidad.

En una carta que escribe Gramsci en 1926, dirigida a la dirección del partido comunista de la URSS, afirma que “… creemos estar seguros de que la mayoría del Comité Central de la U.R.S.S. no desea supervencer en esa lucha, sino que está dispuesta a evitar las medidas excesivas” (http://www.gramsci.org.ar/1922-26/34-cartaa-cc-pcus.htm).

Por supuesto, la frase “creemos estar seguros” significa lo contrario: “no estamos seguros”. Tan es así que Togliatti se lo reprochó en una carta: “La expresión ‘queremos creer’ tiene un valor limitativo; con ella se quiere decir que no se está seguro.” (http://www.gramsci.org.ar/1922-26/35-carta-de-togliatti.htm).

En esa carta se pronuncia también sobre la disputa existente en el seno del Comité Central del PCUS, entre el ala de izquierda liderada por Trotsky, partidaria de la industrialización acelerada a costa del campo, y el ala derecha liderada entonces por Stalin de tipo pro campesina.

Gramsci tenía una no muy buena opinión personal de Trotsky, a quien consideraba soberbio, pero lo consideraba un gran maestro y se opuso a las medidas represivas del estalinismo contra Trotsky (“… Los camaradas Zinoviev, Trotski y Kamenev han contribuido poderosamente a educarnos para la revolución, nos han corregido algunas veces muy enérgica y severamente y han sido nuestros maestros ...”).

Por otra parte, que Trotsky pecaba a veces de soberbio puede leerse en sus propios escritos, en los que no se salva ninguno de sus camaradas de su crítica demoledora, tanto en el aspecto personal como político. Esto ya lo señaló Lenin en su testamento político, en el que además acusó a Trotsky de estar muy atraído por la solución administrativa de los problemas (lo que implica acusarlo de no poder pensar más políticamente esos problemas): “… Por otra parte, el camarada Trotsky, según demuestra su lucha contra el CC con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, no se distingue únicamente por su gran capacidad. Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del actual CC, pero está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos …” (Lenin, Testamento Político, 1923).

Gramsci, Trotsky y la alianza obrero campesina.

Lo que hay que tener en cuenta es que en la década del ’20 se jugaba el futuro del estado soviético y en esa época la vitalidad y estabilidad de ese estado dependía en gran medida del mantenimiento de la alianza entre obreros y campesinos.

Las discusiones entre las fracciones del PCUS y de la Internacional Comunista están atravesadas en gran medida por este problema, para el cual los revolucionarios rusos concebían diferentes soluciones.

Para Gramsci esta alianza era crucial, tanto en la URSS como en Italia y la suerte del socialismo dependía de su mantenimiento.

Por su parte en la URSS Trotsky advertía que se daba la paradoja de que la clase dominante, el proletariado, vivía en peores condiciones que las demás clases, en particular los campesinos ricos y postulaba una política de industrialización acelerada y de colectivización del agro ruso. Si bien conocía el proceso de burocratización y lo criticaba, creía que la rápida industrialización y el aumento de la clase obrera pondrían un freno a esa burocratización.

Stalin atacaba la posición de Trotsky precisamente señalando que si se llevaba a cabo esa política se destruiría la alianza de clases.

Gramsci era de esta opinión y así lo afirmó en la carta dirigida al PCUS en 1926: “… Camaradas, jamás en la historia se ha visto que una clase dominante estuviera en su conjunto en condiciones de vida inferiores a las de determinados elementos y estratos de la clase dominada y sujeta. Esta contradicción inaudita es la que ha reservado la historia para el proletariado; en esta contradicción se encuentran los peligros mayores para la dictadura del proletariado, especialmente en los países en los cuales el capitalismo no había alcanzado un gran desarrollo ni había conseguido unificar las fuerzas productivas. Esta contradicción se presenta también, por lo demás, en algunos aspectos, en los países capitalistas en los que el proletariado ha conseguido objetivamente una función social elevada, y de ella nacen el reformismo y el sindicalismo, el espíritu corporativo y las estratificaciones de la aristocracia obrera. Pero el proletariado no puede llegar a ser clase dominante si no supera esa contradicción con el sacrificio de sus intereses corporativos, no puede mantener la hegemonía y su dictadura si no sacrifica, incluso cuando ya es dominante, esos intereses inmediatos a los intereses generales y permanentes de la clase. Sin duda es fácil hacer demagogia en este terreno, es fácil insistir en los lados negativos de la contradicción: "¿Eres tú el dominante, obrero mal vestido y mal alimentado, o lo es el nepman con su abrigo de piel y con todos los bienes de la tierra a su disposición?" Del mismo modo los reformistas, después de alguna huelga general que aumenta la cohesión y la disciplina de la masa, pero que con su larga duración empobrece aún más a los obreros, dicen: "¿Para qué ha servido la lucha? Os habéis agotado y empobrecido". Es fácil hacer demagogia en este terreno, y es difícil no hacerla cuando la cuestión se plantea desde el punto de vista del espíritu corporativo y no desde el del leninismo, desde el punto de vista de la doctrina de la hegemonía del proletariado que históricamente se encuentra en una determinada posición y no en otra …” (http://www.gramsci.org.ar/1922-26/34-cartaa-cc-pcus.htm).

Esta idea de que el proletariado debe hacer un esfuerzo histórico para defender sus intereses generales y permanentes puede advertirse también, por ejemplo, en las ideas esbozadas por el Che Guevara en escritos como “El socialismo y el hombre en Cuba” o, en el plano internacional en su discurso de Argel donde critica la política de intercambio de los países del socialismo real con los países que empezaban su camino de liberación. No es casualidad tampoco que la noción de hombre nuevo la utilizara también Gramsci a temprana edad y anticipara la posibilidad de ese esfuerzo que debería encarar la clase obrera que quisiera construir una nueva sociedad: “… no pueden, en cambio, apreciarse y tomarse como sostén de la voluntad histórica para el período de la creación revolucionaria y de la fundación de la sociedad nueva, período en el cual no será ya posible fijar límite temporal alguno a la resistencia y al sacrificio, porque el enemigo al que habrá que combatir y vencer no se encontrará ya fuera del proletariado, no será ya una potencia física externa limitada y controlable, sino que estará en el proletariado mismo, en su ignorancia, en su pereza, en su maciza impenetrabilidad frente a las intuiciones rápidas; un periodo en el cual la dialéctica de la lucha de clases se habrá interiorizado y en cada conciencia el hombre nuevo tendrá que luchar, en cada acto, contra el ‘burgués’ al acecho …” (http://www.gramsci.org.ar/1917-22/24-partido-comunista.htm).

Quizás Gramsci sobre estimaba la capacidad de resistencia del proletariado pero lo cierto es que el programa de la oposición podía amenazar la vigencia de la alianza entre obreros y campesinos.

Esta idea de que la política de industrialización y colectivización en el agro afectaba la alianza obrero – campesina quedó demostrada con el giro que tomó Stalin en 1928 adoptando como propio el programa de la oposición de izquierda. De ahí se explica el hecho de que los integrantes de la oposición de izquierda tomaran como progresivo este viraje. Si la rápida industrialización le daría más protagonismo a la clase obrera esto revertiría también la tendencia a la burocratización.

Trotsky criticó, no el programa, sino la metodología con la cual fue llevada a cabo: la brutalidad burocrática del estalinismo (ver La Revolución Traicionada). En el best seller de Padura sobre la vida de Trotsky (El hombre que amaba a los perros) se hace mención a esta cuestión cuando Trotsky estaba en el exilio y se señala cómo afectó a Trotsky que Stalin adoptara su programa mientras él era perseguido por haberlo defendido. Sin embargo, no pasa de la mera mención y no se reflexiona demasiado sobre el asunto.

Antes del giro, Trotsky era atacado por sostener el programa de industrialización y uno de los argumentos con el cuál lo atacaban era por poner en riesgo la alianza obrero campesina. Se lo acusaba de que la raíz de sus errores estaba en su teoría de la revolución permanente y que dicha teoría negaba la alianza obrera – campesina.

Gramsci y la teoría de la revolución permanente. Historia de un malentendido

Gramsci conoció la teoría de la revolución permanente (TRP) a través de este debate y principalmente a través de lente estalinista. Supuso que así como entendía que el programa de industrialización afectaba a la alianza de clases, dicho error bien podía estar en germen en la teoría de la revolución permanente. Sin embargo, Trotsky no sistematizó su teoría sino el exilio, en 1930, cuando Gramsci ya hacía cuatro años que estaba en prisión.

Es altamente probable que, como afirma Trotsky sobre Lenin, Gramsci tampoco conociera a fondo la teoría de la revolución permanente.

Trotsky reconoce recién en 1930 que es necesario sistematizar su TRP para responder a un ataque de Radek: “Parecía absurdo emplear el tiempo propio y el ajeno en esto, cuando figuraban constantemente a la orden del día nuevos problemas de inmensa importancia: la Revolución alemana, la marcha de Inglaterra, las relaciones entre los Estados Unidos y Europa, los problemas planteados por las huelgas del proletariado británico, los fines de la Revolución china y finalmente, y en primer lugar, nuestras contradicciones económicas y politico-sociales internas y nuestra misión. Todo esto era, a mi juicio, suficiente para justificar el que dejara constantemente de lado mi trabajo histórico-polémico sobre la revolución permanente” (https://www.marxists.org/espanol/trotsky/revperm/rp1.htm)

Con anterioridad a esa fecha, lo dice Trotsky en varios pasajes, no había visto la necesidad de responder a los ataques episódicos contra su teoría.

Gramsci escribe sobre la revolución permanente en prisión (tomo 3 de los cuadernos, 1930-1932). Hay que recordar que el italiano fue arrestado a fines de 1926. Luego reconoce en sus textos que leyó “Mi vida” de Trotsky (“Bronstein en sus memorias recuerda que se le dijo que su teoría se había demostrado buena luego de … quince años y responde al epigrama con otro epigrama”), pero en ese libro la teoría de la revolución permanente no está sistematizada.

El frente único. Otra coincidencia entre Gramsci y Trotsky

Otro hecho concreto que prueba que Gramsci era solidario con las posiciones de Trotsky y que desconocía el real contenido de la TRP es la defensa que realiza el italiano de la táctica del Frente Único (FU) en contraposición con la TRP.

Gramsci defendía la táctica del frente único como ejemplo de guerra de posición: “Me parece que Ilitch (Lenin) había comprendido que era necesario un cambio de la guerra maniobrada, aplicada victoriosamente en Oriente en 1917, a la guerra de posición que era la única posible en Occidente … Y me parece que éste es el significado de la fórmula del ‘frente único’

Asimismo manifiesta que habría que ver si la teoría de la revolución permanente no era un ejemplo de guerra de maniobras: “Es necesario ver si la famosa teoría de Bronstein sobre la permanencia del movimiento no es el reflejo político de la teoría de la guerra de maniobra”*), válido para oriente (Rusia) pero no para Occidente.

Es decir, lo plantea como hipótesis, no como conclusión.

Paralelamente, reconoce en Trotsky a un defensor de la táctica del frente único: “Un intento de iniciar una revisión de los métodos tácticos, habría debido ser el expuesto por León Davidovich Bronstein [Trotsky] en la cuarta reunión [4to congreso de la Internacional Comunista –III Internacional–] cuando hizo una comparación entre el frente Oriental y el Occidental. Aquél cayó de inmediato pero fue seguido por luchas inauditas [el frente oriental], en éste [frente occidental] las luchas ocurrieron antes de la caída; o sea que se trataría sobre si ¿la ‘Sociedad Civil’ resiste antes o después del asalto?, ¿dónde sucede esto?, etc.”.

¿Por qué Gramsci hace mención a esta cuestión? Porque en el III Congreso la Internacional Comunista estableció la táctica del frente único proletario para luchar contra la avanzada fascista y como una táctica tendiente a ganar a la base obrera de la socialdemocracia y atraerla a los partidos comunistas que eran relativamente más débiles.

El principal dirigente del partido comunista italiano, Amadeo Bordiga, era un enemigo de dicha táctica y afirmaba que la misma obedecía a necesidades diplomáticas de la URSS. Terracini, otro dirigente del PCI intento llevar la revisión de la táctica del FU al IV Congreso de la IC. Gramsci rechaza pero, a pesar de ello, el planteo es realizado por los italianos que fueron amonestados particularmente por Trotsky en un discurso en cuál defiende la táctica del FU (IV Congreso).

Gramsci se refiere al discurso de Trotsky en defensa del frente único, planteado en el III Congreso y ratificado en el IV Congreso de la IC, contra las posiciones de Renault (PCF) y Terracini (PCI) que querían revisar la táctica (ver: https://www.marxists.org/espanol/trotsky/eis/1922-frente-unico.pdf). Gramsci se opuso a estos intentos de revisión. 

Claramente Gramsci defiende la táctica del FU y reconoce que Trotsky también lo hacía. Asimismo, en la prisión Gramsci siguió defendiendo la táctica del FU y, en ese sentido, es antiestalinista ya que, para los años 30/32 el estalinismo caracterizaba a la socialdemocracia como socialfascimo y su política no era de FU sino de ataque a las organizaciones socialdemócratas.

¿TRP vs. FU?

Hay que tener presente que la TRP, en aquellos países donde no ha tenido lugar todavía la revolución democrática, plantea que en el curso de la revolución democrática el proletariado de esos países, para llevar a cabo la revolución democrática hasta el final, deberá asumir tareas propias de la revolución socialista (“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas”).

Para los países donde ya había ocurrido la revolución democrática (Occidente) y la tarea del día era la revolución socialista, en un momento en el cual el fascismo europeo amenazaba al proletariado, la táctica era la del frente único de organizaciones obreras.

¿Qué sentido tenía oponer la TRP al FU?

Sólo desconociendo los postulados básicos de la TRP (o conociéndola deformadamente, como aquélla acusación estalinista acerca de que la TRP desconocía la necesidad de la alianza obrera campesina, tan importante para Gramsci) se la puede oponer al FU. En todo caso, la TRP habría que analizarla a la luz de las tesis sobre la cuestión colonial y las tesis de oriente (donde se plantea el Frente Único Antiimperialista FUA).

¿Qué es más probable, que Gramsci estando preso conociera la TRP de primera mano o a través de la crítica deformadora del estalinismo?

Por otra parte, no adherir a la teoría de la revolución permanente no transforma a un revolucionario en estalinista.

Vinculado con esta cuestión, Gramsci en más de una oportunidad demostró que era un internacionalista: “Si el obrero consigue conciencia clara de esa su ‘necesidad determinada’ y la pone en la base de un aparato representativo de tipo estatal (o sea, no voluntario, no contractualista, no mediante carnet, sino absoluto, orgánico, pegado a una realidad que es necesario reconocer si uno quiere asegurarse el pan, la ropa, el techo, la producción industrial), si el obrero, si la clase obrera, hacen eso, hacen al mismo tiempo una cosa grandiosa, comienzan una historia nueva, comienzan la era de los Estados obreros que confluirán en la formación de la sociedad comunista, del mundo organizado sobre la base y según el tipo del gran taller mecánico, de la internacional comunista, en la cual cada pueblo, cada parte de humanidad, cobra figura en la medida en que ejercita una determinada producción preeminente, y no ya en cuanto está organizada en forma de Estado y tiene determinadas fronteras.

Es conclusión, la posición de Gramsci era una posición internacionalista por la dictadura del proletariado en una alianza de clases que le permitiera ejercer la hegemonía (dirigir) sobre el resto de las clases explotadas, en particular el campesinado, y que no negaba que en aquéllos países donde estaba pendiente la revolución democrática el proletariado pudiera llevarla a su fin encarando también tareas propias de la revolución socialista (ver sino "La Revolución contra El Capital"). Es decir, estamos ante un revolucionario que tiene posiciones muy similares a las de Trotsky y por lo que comentamos más arriba es evidente que no conocía en forma cierta la TRP. Si no no es posible que la haya contrapuesto tan livianamente con el FU. No obstante ello, cabe reiterar que Gramsci lo plantea al pasar a título de hipótesis ("me parece", "habría que ver") y no como algo certero.



lunes, 2 de enero de 2017

La actualidad de la revolución


En 2017 se cumplen varios aniversarios significativos para la tradición del marxismo revolucionario. 

Por esa atracción que ejercen los números redondos podemos ver que en 2017 se cumplen 150 años de la primera edición de El Capital de Karl Marx, 100 años de la Revolución Rusa, 80 años del fallecimiento de Antonio Gramsci y 50 años del asesinato del Che Guevara.

Son buenos tiempos para ir subiendo materiales relativos a esos hechos que son tan importantes para los marxistas.

Lukács escribió un muy buen texto sobre los enormes aportes de Lenin.

Uno de dichos aportes, aunque no el único, es el que Lukács denomina “la actualidad de la revolución”:

"En los problemas de la evolución de la Rusia moderna -desde los problemas del surgimiento del capitalismo en el marco de un absolutismo semifeudal, hasta los de la realización del socialismo en un país rural atrasado- ha vislumbrado Lenin en todo momento los problemas de la época entera: la entrada en la última fase del capitalismo y las posibilidades de orientar la lucha decisiva, convertida ya en inevitable entre burguesía y proletariado a favor de éste, para la salvación de la humanidad.

Lenin jamás generalizó -de igual modo a como tampoco lo hizo Marx experiencias locales privativas de Rusia, limitadas en el tiempo o en el espacio. Con la mirada del genio supo percibir, por el contrario, en el lugar y en el momento de sus primeros efectos, el problema fundamental de nuestra época: la inminencia de la revolución. Y todos los fenómenos, tanto rusos como internacionales, los comprendió e hizo inteligibles a partir de esta perspectiva, la perspectiva de la actualidad de la revolución.

La actualidad de la revolución: he ahí el pensamiento fundamental de Lenin y el punto, al mismo tiempo, que de manera decisiva le vincula a Marx. Porque el materialismo histórico, en tanto que expresión conceptual de la lucha del proletariado por su liberación, no podía ser captado y formulado teóricamente sino en el momento histórico en que por su actualidad práctica había accedido al primer plano de la historia. En un momento en el que, por citar las palabras mismas de Marx, en la miseria del proletariado no se muestra únicamente la miseria en cuanto a tal, sino su aspecto revolucionario 'llamado a derrocar la vieja sociedad'.

En el materialismo histórico figura, pues, como condición previa -ya en la teoría- la actualidad histórico-universal de la revolución proletaria. En este sentido, como fundamento objetivo de toda la época y como clave para su entendimiento, constituye el núcleo de la doctrina marxista. Sin embargo, a pesar de la restricción, impuesta por el tajante repudio de todas las ilusiones no fundadas y la condenación severa de todas las tentativas de putsch, la interpretación oportunista se aferra, atendiendo especialmente a los detalles, a los llamados errores de las previsiones de Marx, con el fin de extirpar de manera total y radical la revolución, por medio de este rodeo, del edificio general del marxismo.

Lenin ha restaurado en este punto la pureza de la teoría marxista. Y la ha captado, precisamente en lo que a esto concierne, de manera más clara y concreta. No es que haya intentado corregir de un modo u otro a Marx. Se ha limitado a introducir en la teoría -a raíz de la muerte de Marx- la marcha viva del proceso histórico. Lo cual significa que la actualidad de la revolución proletaria no es ya únicamente un horizonte histórico-universal tendido por encima de la clase obrera que pugna por liberarse, sino que la revolución se ha convertido en el problema crucial del movimiento obrero.

Por un lado, ni Marx ni Lenin se plantearon nunca la actualidad de la revolución proletaria y sus objetivos finales como si su realización fuera posible en cualquier forma y en cualquier momento. Por otro, la actualidad de la revolución llegó a convertirse para ambos en el seguro criterio de acuerdo con el cual tomar las decisiones pertinentes en todos los problemas cotidianos.

La actualidad de la revolución determina el tono fundamental de toda una época. Tan sólo la relación de las acciones aisladas con este punto central, que únicamente puede ser encontrado mediante el análisis exacto del conjunto histórico-social, hace que dichas acciones aisladas sean revolucionarias o contrarrevolucionarias. Como actualidad de la revolución hay, pues, que entender: el estudio de todos y cada uno de los problemas particulares del momento en su concreta relación con la totalidad histórico-social; su consideración como momentos de la liberación del proletariado.

El enriquecimiento que, en este sentido, el marxismo debe a Lenin, consiste simplemente -simplemente!- en la vinculación íntima, evidente y cargada de consecuencias de las acciones individuales al destino global, al destino revolucionario de toda la clase obrera. Significa simplemente que todo problema actual -por de pronto ya como tal problema actual- se ha convertido, a la vez, en un problema fundamental de la revolución. Con el desarrollo del capitalismo la revolución proletaria se ha convertido en el problema del día."

El 9 (22) de enero de 1917, en una reunión de la juventud obrera suiza realizada en la Casa del Pueblo de Zurich, Lenin leyó un informe sobre la revolución rusa de 1905. En dicho informe Lenin termina diciendo (¡un mes antes de la revolución rusa de febrero de 1917!): “… Nosotros, los de la vieja generación, quizás no lleguemos a ver las batallas decisivas de esa revolución futura …”.

Se comprende entonces qué significa la actualidad de la revolución. No significa que los revolucionarios deban anunciar la revolución como realizable todos los días aún cuando no estén dadas las condiciones para ello. Significa encarar el período histórico con la conciencia de que el capitalismo ha llegado a un desarrollo tal que la revolución no sólo es posible sino que es históricamente necesaria y que la actividad de los revolucionarios debe guiarse por este tono fundamental de la época.

Lenin no estaba seguro que participaría de las batallas de la revolución proletaria pero, cuando estalló la revolución rusa de febrero de 1917, fue el primero en saber reorientarse ante la novedad y modificó las líneas de acción que habían guiado hasta el momento al partido bolchevique. Se distingue así de los revolucionarios que ven crisis revolucionarias todos los días y llevan a la desmoralización a sus seguidores cada vez que sus profecías no se ven confirmadas. Se atuvo a las condiciones concretas en que le tocó actuar en cada momento histórico, sin llamar a la insurrección a tontas y locas, pero teniendo en cuenta siempre la actualidad de la revolución.