lunes, 2 de enero de 2017

La actualidad de la revolución


En 2017 se cumplen varios aniversarios significativos para la tradición del marxismo revolucionario. 

Por esa atracción que ejercen los números redondos podemos ver que en 2017 se cumplen 150 años de la primera edición de El Capital de Karl Marx, 100 años de la Revolución Rusa, 80 años del fallecimiento de Antonio Gramsci y 50 años del asesinato del Che Guevara.

Son buenos tiempos para ir subiendo materiales relativos a esos hechos que son tan importantes para los marxistas.

Lukács escribió un muy buen texto sobre los enormes aportes de Lenin.

Uno de dichos aportes, aunque no el único, es el que Lukács denomina “la actualidad de la revolución”:

"En los problemas de la evolución de la Rusia moderna -desde los problemas del surgimiento del capitalismo en el marco de un absolutismo semifeudal, hasta los de la realización del socialismo en un país rural atrasado- ha vislumbrado Lenin en todo momento los problemas de la época entera: la entrada en la última fase del capitalismo y las posibilidades de orientar la lucha decisiva, convertida ya en inevitable entre burguesía y proletariado a favor de éste, para la salvación de la humanidad.

Lenin jamás generalizó -de igual modo a como tampoco lo hizo Marx experiencias locales privativas de Rusia, limitadas en el tiempo o en el espacio. Con la mirada del genio supo percibir, por el contrario, en el lugar y en el momento de sus primeros efectos, el problema fundamental de nuestra época: la inminencia de la revolución. Y todos los fenómenos, tanto rusos como internacionales, los comprendió e hizo inteligibles a partir de esta perspectiva, la perspectiva de la actualidad de la revolución.

La actualidad de la revolución: he ahí el pensamiento fundamental de Lenin y el punto, al mismo tiempo, que de manera decisiva le vincula a Marx. Porque el materialismo histórico, en tanto que expresión conceptual de la lucha del proletariado por su liberación, no podía ser captado y formulado teóricamente sino en el momento histórico en que por su actualidad práctica había accedido al primer plano de la historia. En un momento en el que, por citar las palabras mismas de Marx, en la miseria del proletariado no se muestra únicamente la miseria en cuanto a tal, sino su aspecto revolucionario 'llamado a derrocar la vieja sociedad'.

En el materialismo histórico figura, pues, como condición previa -ya en la teoría- la actualidad histórico-universal de la revolución proletaria. En este sentido, como fundamento objetivo de toda la época y como clave para su entendimiento, constituye el núcleo de la doctrina marxista. Sin embargo, a pesar de la restricción, impuesta por el tajante repudio de todas las ilusiones no fundadas y la condenación severa de todas las tentativas de putsch, la interpretación oportunista se aferra, atendiendo especialmente a los detalles, a los llamados errores de las previsiones de Marx, con el fin de extirpar de manera total y radical la revolución, por medio de este rodeo, del edificio general del marxismo.

Lenin ha restaurado en este punto la pureza de la teoría marxista. Y la ha captado, precisamente en lo que a esto concierne, de manera más clara y concreta. No es que haya intentado corregir de un modo u otro a Marx. Se ha limitado a introducir en la teoría -a raíz de la muerte de Marx- la marcha viva del proceso histórico. Lo cual significa que la actualidad de la revolución proletaria no es ya únicamente un horizonte histórico-universal tendido por encima de la clase obrera que pugna por liberarse, sino que la revolución se ha convertido en el problema crucial del movimiento obrero.

Por un lado, ni Marx ni Lenin se plantearon nunca la actualidad de la revolución proletaria y sus objetivos finales como si su realización fuera posible en cualquier forma y en cualquier momento. Por otro, la actualidad de la revolución llegó a convertirse para ambos en el seguro criterio de acuerdo con el cual tomar las decisiones pertinentes en todos los problemas cotidianos.

La actualidad de la revolución determina el tono fundamental de toda una época. Tan sólo la relación de las acciones aisladas con este punto central, que únicamente puede ser encontrado mediante el análisis exacto del conjunto histórico-social, hace que dichas acciones aisladas sean revolucionarias o contrarrevolucionarias. Como actualidad de la revolución hay, pues, que entender: el estudio de todos y cada uno de los problemas particulares del momento en su concreta relación con la totalidad histórico-social; su consideración como momentos de la liberación del proletariado.

El enriquecimiento que, en este sentido, el marxismo debe a Lenin, consiste simplemente -simplemente!- en la vinculación íntima, evidente y cargada de consecuencias de las acciones individuales al destino global, al destino revolucionario de toda la clase obrera. Significa simplemente que todo problema actual -por de pronto ya como tal problema actual- se ha convertido, a la vez, en un problema fundamental de la revolución. Con el desarrollo del capitalismo la revolución proletaria se ha convertido en el problema del día."

El 9 (22) de enero de 1917, en una reunión de la juventud obrera suiza realizada en la Casa del Pueblo de Zurich, Lenin leyó un informe sobre la revolución rusa de 1905. En dicho informe Lenin termina diciendo (¡un mes antes de la revolución rusa de febrero de 1917!): “… Nosotros, los de la vieja generación, quizás no lleguemos a ver las batallas decisivas de esa revolución futura …”.

Se comprende entonces qué significa la actualidad de la revolución. No significa que los revolucionarios deban anunciar la revolución como realizable todos los días aún cuando no estén dadas las condiciones para ello. Significa encarar el período histórico con la conciencia de que el capitalismo ha llegado a un desarrollo tal que la revolución no sólo es posible sino que es históricamente necesaria y que la actividad de los revolucionarios debe guiarse por este tono fundamental de la época.

Lenin no estaba seguro que participaría de las batallas de la revolución proletaria pero, cuando estalló la revolución rusa de febrero de 1917, fue el primero en saber reorientarse ante la novedad y modificó las líneas de acción que habían guiado hasta el momento al partido bolchevique. Se distingue así de los revolucionarios que ven crisis revolucionarias todos los días y llevan a la desmoralización a sus seguidores cada vez que sus profecías no se ven confirmadas. Se atuvo a las condiciones concretas en que le tocó actuar en cada momento histórico, sin llamar a la insurrección a tontas y locas, pero teniendo en cuenta siempre la actualidad de la revolución.

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