viernes, 8 de enero de 2010

La revolución permanente y James Connolly

Desde siempre los trotskistas hemos reivindicado la Teoría de la Revolución Permanente.

En principio, no podría ser más correcta.

En lo que concierne a este post las dos tesis fundamentales dicen:

Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.

y


La dictadura del proletariado, que sube al poder en calidad de caudillo de la revolución democrática, se encuentra inevitable y repentinamente, al triunfar, ante objetivos relacionados con profundas transformaciones del derecho de propiedad burguesa, La revolución democrática se transforma directamente en socialista, convirtiéndose con ello en permanente.

Ahora bien, esto era novedoso a principios de Siglo XX y Trotsky (que la expuso en 1905) fue criticado bastante por esta teoría. En general siempre fue tergiversado o mal leído. Incluso Gramsci que era consciente de que Lenin en sus Tesis de Abril adoptó la posición de la Revolución Permanente salió del paso diciendo que esta era correcta en 1917 pero no en 1905. Esta crítica la hace en la cárcel, luego de haber sido agente de la Komintern en Italia.

Sin embargo, parecería que Trotsky no inventó nada. A lo sumo habrá sistematizado conocimientos previos. En rigor, mis conocimientos no bastan para hilar tan fino.

¿Por qué me planteo estas cuestiones? Porque hace ya bastante tiempo vi la película "El viento que acaricia el prado" de Ken Loach, que narra la historia de dos hermanos combatientes por la independencia de Irlanda contra Inglaterra. La película es sobre esto último, sólo que contado a través de una historia familiar. El protagonista, en un momento determinado cita el fragmento de un discurso de un tal James Connolly, absolutamente desconocido para mi.

James Connolly fue un dirigente obrero, nacido en Escocia, hijo de padres irlandeses, que a los 11 años ya se tuvo que poner a trabajar. Fundó el Partido Socialista Irlandés y el Partido Laborista Socialista en Inglaterra. También fue dirigente del Sindicato de Obreros del Transporte. Lo asesinan las tropas británicas en 1916 luego de un alzamiento armado.

Este tipo, un revolucionario, había escrito en 1897, lo siguiente:

Si mañana echáis al ejército inglés e izáis la bandera verde sobre el Castillo de Dublín, a menos que emprendáis la organización de una república socialista todos vuestros esfuerzos habrán sido en vano. Inglaterra todavía os dominará. Lo hará a través de sus capitalistas, sus terratenientes, a través de todo el conjunto de instituciones comerciales e individuales que ha implantado en este país y que están regadas con las lágrimas de nuestras madres y la sangre de nuestros mártires. Inglaterra os dominará hasta llevaros a la ruina, incluso mientras vuestros labios ofrezcan un homenaje hipócrita al santuario de esa Libertad cuya causa traicionasteis. (James Connolly, Socialismo y Nacionalismo, 1897)

Connolly plantea lo mismo que Trotsky aunque con otras palabras. Estas no son discusiones sin sentido ni efectos en la realidad. Las acciones de los partidos revolucionarios estarán siempre determinadas por esta cuestión y ello repercutirá en su estrategia y en sus tácticas.

La consecuencias son fundamentales. Hay una escena en la que un Tribunal Popular condena a un comerciante a pagar a una pobre vieja cuando, según las normas burguesas, la pobre vieja le debe a él. Uno de los protagonistas decide desconocer la orden del Tribunal y ayuda al comerciante a retirarse porque este proveía dinero para armas. En "Tierra y Libertad" del mismo director pasa lo mismo, el militante comunista yanqui propone que no hay que colectivizar la tierra y que hay que respetar la propiedad de la burguesía para que la revolución sea más respetable.

Así terminaron las historias, no sólo las películas, la guerras de independencia abortadas y las revoluciones derrotadas. Con muchos revolucionarios muertos no sólo bajo el peso de las balas y la tortura sino también del error teórico.

Saludos

44 comentarios:

dolmancé dijo...

una pregunta, ¿qué es puntualmente lo que critica Gramsci de la tesis de la revolución permanente? O más bien, ¿que circunstancia histórica hace que una misma política esté verde en 1905 y madura en 1917?

Saludos
tincho

LR dijo...

Gramsci hace un paralelo con la teoría de la guerra de Klausewitz. Dice específicamente: "Habrá que ver si la famosa teoría de Bronstein sobre la permanencia del movimiento o maniobra (...) y, en último análisis, reflejo de las condiciones generales económicos - culturales - sociales de un país en el cual los cuadros de la vida nacional son embrionarios y laxos, u no pueden convertirse en 'trinchera de fortaleza'"

Para Gramsci, luego de la primera guerra mundial y el fracaso de las revoluciones, la revolución en los países más avanzados sería más difícil por el peso de la sociedad civil que serían como las trincheras previas del estado burgués. Por lo que habría que optar por la guerra de posición, ir ganando posiciones hasta tomar la fortaleza. Para Gramsci, la teoría de la revolución permanente supone una sociedad civil débil, donde una crisis, por ejemplo, abre una brecha en las defensas enemigas lo que permite tomar rápidamente la fortaleza estatal que no le queda mucho por defender. En la guerra de posición uno puede tomar la fortaleza pero hay todo un sistema de trincheras y "casamatas", es decir, de sectores de la sociedad civil que también hay que derrotar (vgr. El fascismo).

En primer lugar habría que ver si la sociedad civil rusa era más fuerte en 1905 que en 1917. Podría serlo si tenemos en cuenta los descalabros que produce la primera guerra mundial.

Sin embargo, Trotsky también había dicho, a principio de la década del 20 que en los países avanzados sería mucho más difícil tomar el poder (por el poderío de su burguesía y su estado) pero sería más fácil mantenerlo. Mientras que en los países coloniales y semicoloniales (A LOS CUÁLES SE APLICA LA TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN PERMANENTE) sería más fácil tomarlo pero más difícil mantenerlo por el ataque inmediato del imperialismo. En rigor, Gramsci, si leyó la teoría de Trotsky (que la sistematiza cuando el tano estaba en cana) evidentemente la interpretó mal porque está referida, principalmente, a los países atrasados y no a Alemania, Inglaterra, EEUU, Japón, Italia, Francia, etc.

Sin embargo, Gramsci no explica el motivo por el cual estaba verde en 1905 y madura en 1917. Dice: "Bronstein recuerda en sus memorias (su biografía) que de su teoría dijeron que había demostrado sus bondad ... En realidad, su teoría como tal no era buena ni mala ni quince año antes ni quince años después; ... o sea tuvo razon en cuanto a la previsión práctica más general; lo cual es como predecir a una niña de cuatro años que llegará a ser madre y luego, cuando es realmente madre, concluir "ya os lo había dicho yo" sin recordar que cuando tenía cuatro años quería estuprar a la niña, seguro de que se habría convertido en madre. Me parece que Ilici (Lenin) por el contrario había comprendido que era necesario pasar de la guerra de movimiento ... a la guerra de posición o de trinchera ... los cuadros sociales eran todavía por sí mismos capaces de convertirse en trincheras pertrechadísimas."

Incluso la posición de Trotsky para los países atrasados es perfectamente compatible con la de los guevaristas en un punto: Que la revolución socialista en un país atrasado plantea, ante el ataque del imperialismo, la transformación de la revolución en guerra antiimperialista.

Saludos

Luk@s

dolmancé dijo...

Pero las teorías no son verdades eternas. Aunque tampoco se diluyen en meros relatos con fecha de vencimiento. Lo interesante es ver cómo se ve el mundo en que vivimos hoy según la teoría de la revolución permanente, y por qué parece no haber lugar para ella.

Históricamente la contrapartida de la revolución permanente fue el reformismo, el ir "paso a paso", la "revolución en un sólo país", la esperanza de prolongar gestiones y resistir... cuidando no ir demasiado lejos. ¿Precedentes de la postura política del mal menor?

Me parece que el error teórico no mata. Lo que despierta la furia del enemigo son justamente las certezas. No tanto los saberes sino más bien los principios.

Ah, y está muy buena la peli de Ken Loach.

LR dijo...

El asunto es el siguiente:

¿Hay que aliarse con fracciones de la burguesía nacional? Si o no, esa es la cuestión.

En Argentina la burguesía monopolista de los países imperialistas es la que domina la economía (con muy pocas excepciones).

Para que esos monopolios no dominen la vida económica hay que expropiarlos. No queda otra. No hay posibilidad de disciplinarlos a través de la ley. Indemnizarlos es saltar de un problema a otro (el de la deuda pública). Son placebos.

¿Eso lo va a hacer la burguesía nacional? ¿Lo va a ver con bueno ojos?

No, se va a oponer, la burguesía nacional depende de la imperialista y a la vez está asociada a ella, como socio menor. Puede tener contradicciones pero no al punto de consentir una expropiación sin pago. Muchos menos ser esta clase la que la lleve a cabo. Por ende, no queda más que el proletariado.

Porque el campesinado en Argentina no existe, la burguesía no llega al 10% de la población. El resto es proletariado (clase obrera, sectores medios asalariados) y algo de pequeña burguesía (profesionales principalmente).

Dentro del proletariado hay sectores medios que hay que ganarlos porque tienen una cabecita muy burguesa. Una fracción importante puede que defienda posiciones de la burguesía aun en momentos álgidos.

La tendencia es a la radicalización de los sectores medios. Se viene viendo en las explosiones de crisis. En el 82, 89 y 2001 les expropiaron los ahorros con los Bonex y el Corralito y cada vez salen con mayor virulencia. Es claro que esa fracción no puede ser dirección, porque por sus propias características tiene una posición intermedia, oscilante, de rápidas radicalizaciones y desmoralizaciones.

Por eso la tarea de siempre es construir el partido revolucionario, porque cuando la crisis estalle tiene que haber una dirección que encamine esa explosividad, no solo de los obreros sino de los sectores medios. Y con respecto a estos para aprovechar su radicalización de un primer momento. De todos modos, seguirán en alianza de fuerza social con el proletariado en tanto éste le ofrezca una perspectiva de victoria.

En este sentido, a mí me parece que la teoría de la revolución permanente es aplicable, en nuestro país, por lo siguiente: Porque la economía está dominada por monopolios imperialistas. La nacionalización de estos monopolios es la única tarea de liberación que le queda a la Argentina. Este es el único aspecto de la revolución democrática que queda pendiente. Pero, como se ve, es también una tarea socialista.

Ahora bien, como la burguesía no la va a llevar a cabo es una tarea de la clase obrera. ¿Arrastrando tras de sí al campesinado? No porque no existe.

La propia evolución del capitalismo, al concentrar y centralizar los capitales ha hecho desaparecer paulatinamente a la pequeña burguesía (que en su momento era tan numerosa que fue la base social del fascismo).

No hay alianzas de clases posibles porque prácticamente no quedan clases intermedias entre la burguesía y el proletariado y la burguesía nacional no puede encarar ninguna tarea de liberación (por eso el PCR está profundamente equivocado).

Ahora, si durante una revolución se hace una alianza con algún sector de la burguesía nacional y los revolucionarios entran en esa alianza van a terminar muriendo sí, bajo el peso del error de teórico. De haber creído honestamente que la burguesía podía realizar la tarea de liberación que queda pendiente. Y más grave que eso la revolución va a ser derrotada.

LR dijo...

Pero hay derrotas y derrotas. No es lo mismo una derrota física que una derrota política. El proletariado alemán en la década del 30 primero fue derrotado políticamente, se entregó sin luchar. Luego, a su fracción revolucionaria, la derrotaron también físicamente. La derrota es total, física e ideológica. En cambio, una derrota física sin derrota política (algo totalmente posible dependiendo de las relaciones de fuerza) permite un rearme de la fuerza revolucionaria. El error teórico se refleja en la práctica política y es fuente no solo de grandes derrotas físicas sino también, no menos importante, ideológicas. Hemos visto acá en Argentina cómo repercutió en el plano ideológico la derrota.

Saludos

Luk@s

dolmancé dijo...

Querido compañero,

Yo comparto todo ese análisis clasista. Es inobjetable. Sin duda -sin duda teórica- correcto.

Pero ¿qué es construir el partido? Ése es el tema.

Quiero ser brutalmente honesto con esta cuestión. Porque si construir el partido significa: el programa es éste, no hay otro, es esto o la catástrofe, entonces no hay mucho lugar para la lucha política en sí. A lo sumo se puede discutir de qué manera lograr una alianza de clases futura que tarde o temprano llegará (aunque implique la derrota física de toda una clase).

Si de entrada lo que hay es un programa al que uno pueda adscribir o de lo contrario ponerse de la verdeda de enfrente, ya arrancamos mal. De ahí que haya tantas organizaciones que dicen ser el auténtico partido revolucionario. La coexistencia de distintas corrientes de vanguardia disputándose la autenticidad (durante años y años) hace sospechar que el problema no es teórico.

Y ahí estamos.

Entonces ¿qué entendemos por partido? Cómo podemos hacer hoy para instrumentar una forma de organización colectiva que abra la posibilidad de un nuevo orden social, igualitario y justo, sin clases dominantes ni burocracias implacables?

¿Cómo abrir un espacio parecido al que se abrió en Francia en 1789 o en Rusia en 1917?

¿Cómo concebir esa misma visión política desde otro tiempo y lugar, aquí y ahora?

Concebir lo <> no representa mayor dificultad, ¿no crees? Teóricamente es posible que la inmensa mayoría de los seres humanos nos zambullamos al mar todos al mismo tiempo, o cantemos una canción de Britney Spears. ¿Por qué no? Teóricamente es posible que tomemos todo el dinero emitido por todos los bancos centrales del mundo y lo prendamos fuego en una hoguera común. ¿Qué lo impediría, hablando en términos teóricos?

Lo difícil es lograr el amalgama subjetivo que posibilite todo eso. Por más ridículos o emancipadores que sean los objetivos.

dolmancé dijo...

Yo creo que los grandes momentos de la humanidad fueron momentos de humildad. El comunismo, la idea, el fantasma que rodeaba Europa cuando Marx y Engels escribieron el manifiesto, el principio de igualdad, de que es posible superar la dominación del hombre por el hombre (de que es posible pasar de la administración de los hombres a la administración de las cosas), no puede partir de un programa cerrado, con pasos preestablecidos. No puede ser una receta o un manual de instrucciones. Por más teóricamente correcto que sea.

Yo puedo ir a la villa, a la fábrica, o a la calle y explicarles a los más débiles y explotados el programa, como si se tratara de un descubrimiento científico, y hacerles entender que su misión histórica ya está escrita, y que no tienen más que seguir los pasos que ya fueron recorridos antes, pese a la derrota por coerción externa y traición interna. Y tal vez logre algunas adherencias, y más aún si no estoy solo. Y a los que no lo entiendan bueno, llegado el momento se les hará entender. Pero, ¿es ésa la forma de abrir una verdadera posibilidad de liberación? ¿Hasta dónde llegaría esta vez?

También puedo ir a la villa, a la fábrica o a la calle y escuchar. Escuchar y aprender y ver de qué manera puede llegar a haber un nosotros. Y para llegar a eso seguramente habrá que pelearnos, diferenciarnos, problematizar lo que nos une. Pero estaríamos entre iguales. De facto, sin condicionamientos apriorísticos de clase. La igualdad no sería el horizonte prometido sino el punto de partida.

No es cuestión de tenerle miedo a la violencia como los progres, o despotricar contra la autoridad como los anarquistas, o desestimar la capacidad de organización popular, como hace la mayor parte de la clase dirigente.

Pero me parece que tampoco es cuestión de intervenir en las conciencias para que terminen la tarea pendiente de la liberación.

Seguramente habrá que usar la violencia, habrá que concebir una autoridad, y sobre todas las cosas, habrá que organizarse. Pero el punto en el que creo que diferimos es en eso que llamás la "construcción del partido".

dolmancé dijo...

Mirá, si repasamos todo tu análisis sobre la situación de nuestro país desde el punto de vista subjetivo, hay algunas suposiciones subjetivas:



La burguesía nacional, en tanto sujeto colectivo, jamás apoyaría una expropiación de los monopolios extranjeros.



La pequeñoburguesía tiene mentalidad reaccionaria, más aún cuando la brecha que la comprende se achica.



Los sectores medios se radicalizan en momentos de crisis, y se desmoralizan en momentos de estabilidad.



En fin, tales clases se comportan de tales maneras. ¿Y cómo se comporta el proletariado? ¿El proletariado no tiene comportamiento propio, absorbe como una esponja la ideología de la clase dominante? ¿Es una masa que hay que moldear para que logre su misión histórica?



Mi problema con esto es: Si todo está tan predeterminado, si ya se sabe cómo se comporta o comportaría todo el mundo… No queda mucho margen. ¿Qué se puede hacer? ¿La única forma de intervenir y comprometerse es convencer a las víctimas de este sistema de lo que tienen que hacer para salvar a la humanidad?



Entonces, no tengo problemas con la teoría de la revolución permanente. Sólo que si la función del militante es la de dirigir a las masas desprotegidas hacia su destino como si fueran ganado… así no vamos a salir del impasse.



Un abrazo,

Martín

LR dijo...

Me parece que estás viendo las cuestiones sin matices, en negro o blanco.

Efectivamente, un partido revolucionario tiene un programa.

Un programa es una guía de acción que presupone un análisis de la realidad donde esa acción se llevará a cabo.

Para pertenecer a ese partido revolucionario se establecen requisitos.

Se supone que si una persona quiere pertenecer al partido es porque está de acuerdo con algo por lo menos.

De todos modos, la pertenencia a una organización revolucionaria no es algo totalmente laxo. Trae aparejadas algunas exigencias y responsabilidades (realizar actividades, aportar, suscribirse a la prensa partidaria, defender hacia fuera las posiciones del partido cuando actúes expresamente como militante del partido son algunas de ellas).

Vos mencionabas el ejemplo de Rusia del 17. En Rusia del 17 terminó dirigiendo el partido más militar de todos si se quiere. Los bolcheviques eran los que más requisitos habían establecido para pertenecer. Había períodos de prueba extensos. Períodos de antigüedad para acceder a determinadas responsabilidades (cinco años era lo máximo creo). Donde milito por ejemplo, algunos de los requisitos bolcheviques están ausentes.

¿Y si no estás de acuerdo? Si no estás de acuerdo no estás en la vereda de enfrente, ni sos el enemigo. Ejemplos: La Juventud del PO hizo alianza en el 2001 con la Juventud del MST y con la Juventud del PCR para ganarle la FUBA a Franja Morada, y lo lograron. Los obreros de Zanon, donde dirige el PTS, permitieron entrar a piqueteros del Polo Obrero (del PO) a trabajar a la fábrica y estos habían apoyado la lucha de los ceramistas). He participado, por ejemplo, en la organización de un escrache a una Comisaría en zona oeste con organizaciones de centro izquierda incluso y, pese a que el documento no contenía todo lo que me hubiera gustado se participó igual. Conozco muchísimos ejemplos.

Los programas de los partidos son diferentes. Sin embargo, no son enemigos (al menos no por el momento). Pasa en un montón de lugares de trabajo donde militantes con ideas similares, de izquierda, encaran tareas en común para vencer a una burocracia, pese a que adhieren a programas diferentes (Subte, Suteba La Plata, Kraft, FUBA, etc).

Ocurre también que hay gente que simpatiza con determinado partido pero no quiere militar o no está del todo convencido y participa en algunas actividades y en otras no, aporta de alguna manera sin llegar al compromiso de militancia. Y eso es aceptado siempre de buena gana, no se lo considera en la vereda de enfrente porque no acuerde con el programa.

LR dijo...

Otro ejemplo, hace un tiempo, en Once se hizo una actividad de publicidad de la masacre de Gaza. En la actividad había una compañera que colabora en un comedor. En la actividad volanteaba, ofrecía la prensa, hablaba con la gente. Esa compañera es evangelista. Nadie le dijo vos no. ¡Hay tanta gente buena y con ganas de ayudar aunque no acuerde en todo! Rechazarlas por no encajar en el molde del perfecto revolucionario marxista leninista sería un crimen de leso sectarismo. Que no sean Lenin no significa que sean Hitler.

Ojo, se ve también de lo otro, son problemas de sectarismo que se deben evitar y, en base a mi experiencia, se intenta y en la mayoría de los casos se logra. A cuento de una cuestión partidaria yo hice en mi lugar de militancia un planteo relacionado con la calidad de militante de un compañero que no cumplía algunos requisitos. Varios me respondieron muy fraternalmente pero firme: El partido no tiene una política expulsiva, hay que seguir discutiendo.

Pero claro está, el partido siempre quiere ganar militantes ¿cómo no va a querer hacerlo? ¿Cómo va a hacer sino para crecer y ganar influencia hasta lograr una posición hegemónica en la clase a la que quiere dirigir?

Los militantes no se ganan solamente teniendo una lúcida discusión política. Los vietnamitas decían que además de convencer a la gente había que ganarles el corazón. Esto último se gana en la lucha, no queda otra, no hay recetas para eso. No van a confiar en mi sólo porque hablo, las palabras se refrendan con acciones.

A quien podés convencer de convertirse en militante, apelando solamente a la cuestión teórica, es a un intelectual, a un estudiante universitario, etc. Pero lo único que lograste es convencerlo de “empezar” a militar. Después lo tenés que seguir ganando.

Hace poco llegaron a mi regional cuatro chic@s que “quieren militar” (Una mandó un mail al partido luego de haber ido varias veces al local y encontrarlo cerrado). Un regalo inmerecido. Nos ahorramos un paso, ahora hay que ganarlos, discutir política, integrarlos de a poco a las actividades, discutir los requisitos de militancia, en fin, trabajar.

El partido es el núcleo duro, por eso no es laxo. Sin embargo, cuando yo digo construir el partido no digo hay que construir determinado partido, con nombre y apellido. El partido debe ser la dirección de la fuerza revolucionaria pero esta fuerza revolucionaria no es heterogénea, se compone de obreros y obreras, empleados y empleadas, profesionales, otros pequebúes, estudiantes, etc que se nuclean, a su vez, en organizaciones de masas (Sindicatos por ejemplo) adonde tiene que ir el partido. El partido se construye en un montón de ámbitos, en la lucha económica, política, ideológica, se discute, y mucho, se hacen acuerdos, se rompen. Por ejemplo los de RyR construyen partido pese a que no lo son, porque constantemente producen teoría demostrando la cagada del capitalismo (en todos sus aspectos, económicos, políticos, militares, sociales, culturales, etc) y la necesidad del partido revolucionario y del socialismo. Buscan ganar compañeros a las ideas comunistas. Y militan sus posiciones, las discuten con quien sea, etc.

LR dijo...

Puede haber muchos partidos que se proclamen revolucionarios. En la lucha se irán viendo cuáles son. Algunos se romperán, otros desaparecerán, otros se unirán para después romperse, etc. De allí saldrá la dirección revolucionaria. Aquéllos cuadros revolucionarios que se han mostrado más efectivos, más lúcidos, más experimentados, etc, para dirigir.

En cuanto a la falta de unión. Hay que ver qué se entiende. Si se entiende por ello la fusión de todos los partidos en uno solo, me parece que eso se podría llegar a lograr, en Argentina, entre tres o cuatro partidos, PO, PTS, Nuevo Más e Izquierda Socialista. Creo que es entre esas organizaciones que se puede llegar a acuerdos programáticos.

Si se entiende unirse para juntar fuerzas para lograr un objetivo determinado (ganar una elección de una comisión interna, un centro de estudiantes) la izquierda se une todo el tiempo, entre ella y con independientes apartidarios. Ojo, también hay desconfianzas. Eso es cierto, yo tengo compañeros que ni de pedo quieren hacer una alianza con otros del PTS en su lugar de trabajo porque sienten que han sido traicionados en otra oportunidad. También puede ocurrir que no se unan porque la agrupación que forman no esté bien formada y teman una disolución al interior de otra agrupación más grande por falta de preparación. Eso también puede ocurrir.

Reitero, el partido revolucionario expresa a un grupo social, la fuerza revolucionaria, expresa también las tareas históricas que son necesarias para hacer efectiva la dominación social del proletariado. Pero puede ocurrir que esté dividido en varias direcciones y que, por el momento, sólo sea pretendiente a la dirección porque no haya logrado la hegemonía. Bueno, no queda otra que luchar por su construcción desde la realidad en que toca intervenir. En el caso de Argentina una serie de partidos que se postulan como dirección deben demostrar en la lucha cuál es el más indicado. Quizás resulte uno que sea un resultado de los otros. No lo se.

“Pero me parece que tampoco es cuestión de intervenir en las conciencias para que terminen la tarea pendiente de la liberación.”

Es que yo creo que ahí te equivocás. No es que voy yo, José partido, y les digo a los obreros hagan así o asá para triunfar y liberarse. Uno da una lucha política que es teórica y práctica. Pero la necesidad de la liberación se la impone la propia realidad.

El caso de los españoles es así. Los obreros españoles se hicieron cargo de la explotación de las empresas en muchos casos por la fuerza y en otros casos porque los mismos capitalistas abandonaron sus explotaciones luego de fugar los capitales (en Catalunya principalmente).

Pero no tocaron a la banca ni a las reservas en oro del Banco de España (que según Pierre Broué eran las segundas del mundo). Las empresas expropiadas carecieron de crédito y tuvieron un funcionamiento de tipo cooperativo sufriendo la competencia capitalista como cualquier otra empresa normal, sin poder renovar bienes de capital, etc. Ello por no encarar la tarea de expropiar a toda la banca. No es que la tarea se la planteó un partido determinado o un iluminado. La tarea se la marcó la misma realidad. La dirección, que estaba en mejores condiciones de verlo, y que seguro lo vio, no quiso hacer lo necesario.

Saludos

Luk@s

LR dijo...
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LR dijo...

En el penúltimo post, donde dice heterogénea, léase homogénea.

dolmancé dijo...

No estaba hablando de la relación militante-partido, sino de la relación partido-masas.

No tengo dudas de que tu compromiso es encomiable. Más o menos sé de lo que hablás por haber orbitado alrededor del PTS sin decidirme nunca a formar parte.

Claro, el partido le responde al militante con fraternalidad y firmeza. Uno sabrá lo que hace con sus propios prejuicios y resabios de mentalidad de burguesito asustado.

Pero el problema es justamente la fraternalidad y la firmeza hacia las víctimas de este sistema.

La fraternidad se traduce a veces en una mirada condescendiente y paternalista: "pobrecito, es pobre y no tiene para comer". Y a veces se ve cierto gorilismo de izquierda hacia las masas.

La firmeza se traduce a veces en inflexibilidad y sectarismo, sí. Pero la mayoría de las veces denota una enorme incapacidad para escuchar.
Por ejemplo, la fórmula "tener una política hacia los desocupados" es una especie de Teoría del Derrame político: Ya no es riqueza lo que detentan las clases medias y altas, sino la misma posibilidad de subjetividad política. Los excluidos, lúmpenes y desocupados deben esperar de la elite que la copa de la política se derrame para tener al menos algo de voz y voto.

Vos decís que José partido no les dice a los obreros lo que tienen que hacer para liberarse.

Me parece perfecto librar una lucha política e ideológica. Y es obvio que la necesidad la impone la realidad. Pero no es tan obvio que José partido escuche más de lo que habla. Decís que la construcción del partido no tiene nombre y apellido. Pero dudo mucho que esa sea la posición hasta ahora hegemónica en la izquierda. Si así fuera ¿por qué temer la disolución en una agrupación más grande?

El problema es querer dirigir.

dolmancé dijo...

Por eso digo, ¿es ésa la forma de abrir una verdadera posibilidad de liberación? ¿Hasta dónde llegaría esta vez? Si no se revisa la fórmula determinista, ¿no existe el riesgo de que el nuevo capítulo en la historia del comunismo sea la farsa que sucede a la tragedia?

Marx decía que el peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de las generaciones vivas. Si el partido debe ser la dirección de la fuerza revolucionaria, entonces la fuerza revolucionaria es una cosa que está ahí tirada, una cosa sin nombre propio, justamente, algo que existía antes. Algo que al estar tan determinado por el ser social no tiene capacidad subjetiva. Hay de dársela desde afuera, desde un exterior que sólo corresponde al partido. Acá es donde hay una tensión tremenda. Acá es donde todo se disuelve en la nada.

Es difícil ganarse el corazón de las masas de esta manera, mirándolas desde afuera. Por eso tienen más eficacia los proyectos populistas. En la Argentina la única fuerza política que supo ganarse el corazón de las masas es el peronismo.

Yo digo que el partido, más que la dirección, debe ser la organización de la forma colectiva. Para mí, el problema no es teórico, sino subjetivo. Porque si fuera teórico, sólo es cuestión de llevar a la práctica la tesis de la revolución permanente... O la mejor teoría de la que se disponga. La más plenamente consistente, libre de errores. Y luego convencer a las masas (que sólo están ahí para ser convencidas).

Saint-Simon decía que hay que pasar del gobierno de los hombres a la administración de las cosas. Fijate cómo triunfó la mirada despolitizadora de la administración de las cosas sin desembarazarnos del dominio de los hombres. Yo me pregunto... ¿cuándo termina el dominio de los hombres? ¿No es hora de pensar, desde la izquierda, en la posibilidad de trazar un camino subjetivo más allá de la fría planificación de los libros y las teorías?

dolmancé dijo...

Ya que andás sorteando laberintos hegelianos… Repasemos esta formulita, reivindicada por Zizek:

“La única forma de alcanzar lo universal es a través del particular”

Claro, porque de lo contrario existiría realmente una "forma" neutral, una mediación entre las distintas "narrativas" que permita su coexistencia pacífica. Está claro que el fundamento no puede ser la identidad o la pertenencia. Por otra parte sabemos muy bien que la "posición neutral" es una posición particular, tomada con mucha firmeza.

La verdad universal sería, por supuesto, una clase universal, es decir: la abolición de las clases.

Si consideramos al partido como el gesto de tomar una posición (y no como la mera dirección de lo existente), la fuerza subjetiva del partido y la verdad universal no serían mutuamente excluyentes, sino que se condicionarían mutuamente. De la misma manera que los sujetos colectivos son a la vez condicionados por el ser social, y condicionantes de esa misma realidad.

En cada situación concreta, su verdad universal sólo puede ser articulada mediante una posición (particular) tomada. La "externalidad" del partido respecto de las masas tiene que ser un compromiso subjetivo, un "salto de fe", y no la conclusión de un observador imparcial. La clase trabajadora nunca fue ni será una entidad consistente, estable, inmanente e igual a sí misma.

Creo que gran parte de la izquierda olvidó esta distinción: Se convirtieron en observadores neutrales, que toman posición porque creen que la clase trabajadora a la larga va a triunfar (simplemente por razonamiento lógico: o es eso o es el fin de la raza humana). Entonces la política se trata de ajustar toda coyuntura a las formas conocidas y no al revés.

Cabe la posibilidad de inventar una nueva forma política. Un nuevo marco de acción, por fuera de lo establecido. La herramienta para el cambio se vuelve inútil a partir del momento en el que se la llama "herramienta" (un simple medio).

La implosión social, el surgimiento de nuevas expresiones políticas (zapatismo, Sin tierra, Caracazo, piqueteros, inmigrantes, desocupados, etc.) no cobra espontáneamente la forma "partido". Cada vez que se da un ensayo de liberación aparece un partidos de izquierda y dice: "nosotros los vamos a dirigir". Pero ahí nomás viene otro partido de izquierda, y dice "no, nosotros los vamos a dirigir, pero posta"... y así... todos quieren dirigir.

Y no digo que el espontaneismo social no requiera de una externalidad. Pero esta externalidad tiene que estar comprometida con el nuevo presente emancipativo, y no con las formas ya conocidas y establecidas. De lo contrario tira para atrás

El partido viene (desde afuera, la externalidad) y dice: "lo que tenés que hacer es ESTO, la forma de tu liberación tiene que ser ESTA". Creo que habría que tener más confianza en la propia capacidad por parte de la clase trabajadora de darle sentido a su historia. ¡Y más aún formando parte!

Claro que es necesaria la externalidad: pero no para que te diga que hacer, sino para que tu propia subjetividad pueda ser contrastada con la realidad y cobre forma. Asumir la barrera infranqueable entre sujeto y objeto es negar la dialéctica, es entregarse al materialismo vulgar, a la postura del observador neutral (que nunca es neutral) o la del “director” iluminado de las oscuras fuerzas revolucionarias.

En fin, discúlpame por haberme extendido tanto. La próxima nos tomamos una birra.

Un abrazo.
Martín

LR dijo...

- “La fraternidad se traduce a veces en una mirada condescendiente y paternalista: "pobrecito, es pobre y no tiene para comer". Y a veces se ve cierto gorilismo de izquierda hacia las masas.”

No niego que esto pueda ocurrir pero la verdad es que en mi experiencia no lo he visto. En primer lugar, todos los que militamos en mi zona somos más o menos pobres. Hay desde jóvenes desocupados hasta yo que soy abogado. Incluso, hay compañeros obreros de una línea de colectivo que ganan más que yo. Creo que cualquier compañero le saltaría al cuello (verbalmente claro) si alguien se expresara de esa manera.

Lo que sí ocurre, y eso sí lo noto, es una tendencia a sentirse especial por el hecho de militar, en el siguiente sentido: de tener la certeza de que el único camino es la revolución social y que se está en ese camino.

En un punto también cierto desdén hacia otras fuerzas por cuestiones políticas.

En esto tienen mucha responsabilidad las direcciones y, además, es una tradición que vienen desde el mismo Marx (el de ser despiadado con los adversarios políticos en la discusión teórica). El asunto es que si bien Lenin le daba con un caño a Rosa Luxemburgo en “El derecho de las naciones a la autodeterminación”, eso no le cambiaba la valoración de Rosa como revolucionaria, en el sentido que la apreciaba. Yo creo que es deber de toda dirección hacer estas salvedades porque entre quienes saben y tienen experiencia las diatribas son diferentes que entre militantes de base sin tanta experiencia ni conocimiento teórico. Me explico, que Altamira le de con un caño a Pérsico (no el de los helados) es entendible pero que por ello Juancito “hace dos meses que milito en el PO” sienta desdén por Josecito “hace tres que estoy en Barrios de Pie” es tragicómico.

Reitero, en mi orga no veo gorilismo hacia las masas. De hecho, la dirección suele hablar mejor del nacionalismo burgués que de algunas otras experiencias de izquierda que fracasaron (como los frentes populares)

LR dijo...

- “La firmeza se traduce a veces en inflexibilidad y sectarismo, sí. Pero la mayoría de las veces denota una enorme incapacidad para escuchar.”

Tenía pensado escribir una especie de balance de mi escaso tiempo de militancia. Después deseché la posibilidad porque no se me ocurrían introducción nudo y desenlace. Este tipo de contrapuntos es mejor.

Hay otro asunto al que prestar atención: Lo que hay es esto. Con estos hombres diría Lenin, hay que hacer la revolución. No hay que esperar a un hombre nuevo. Además, con la degradación a que son sometidas las masas con el capitalismo …

A lo que voy es que la incapacidad de escuchar no viene tanto de la firmeza. Si uno está firme en sus convicciones escucha, no tiene miedo de lo que le digan, lo que no quiere decir que acuerde.

Pero sí, es cierto que cuesta escuchar. Y más entre direcciones, donde uno interpreta que por la posición del otro ese otro sostiene además otra posición y así ad infinitum. Como cuando Katz deducía, de la posición catastrofista de Rieznik, un embellecimiento del capitalismo del siglo XIX. Como cuando el PO achaca al PTS un embellecimiento de la burocracia de la CTA por pretender que el sindicato ceramista de Neuquén salga de la CGT y entre a la CTA (de todos modos, algo de confuso hay).

LR dijo...

- “Por ejemplo, la fórmula "tener una política hacia los desocupados" es una especie de Teoría del Derrame político: Ya no es riqueza lo que detentan las clases medias y altas, sino la misma posibilidad de subjetividad política. Los excluidos, lúmpenes y desocupados deben esperar de la elite que la copa de la política se derrame para tener al menos algo de voz y voto.”

Tener una política hacia los desocupados es tener una política hacia la clase obrera (en paro forzoso, ejército industrial de reserva, etc). Pero la verdad es que la cuestión de la voz, de una supuesta emancipación discursiva, que sería a su vez una emancipación política, se lo he leído a los zapatistas y en algún momento me convenció. Me traía el recuerdo de Foucault formando el grupo de las prisiones para que hablaran los que no tenían voz. El Grupo Acontecimiento, intérpretes argentinos de Badiou, han llegado a decir que la política no debe prometer mejoras materiales ni luchar por eso. Por que con eso se rebajaría. Se lo he escuchado a Raúl Cerdeiras en una charla hace unos años ya.

Ahora bien, si esto fuera cierto. Si estos han interpretado cabalmente lo que quieren los desposeídos ¿por qué las mayores organizaciones de desocupados son las que tienen más ayuda del estado y, por ende, brindan más prestaciones (comedores, salitas de primeros auxilios, escuelas, cursos de capacitación, cooperativas, chapas para las casas, colchones, y todos los etcéteras como necesidad básicas insatisfechas tienen esos excluídos)?. Aun cuando además son las que más les sacan.

Si lo que les interesa es la emancipación política con independencia de sus intereses materiales eso no tendría que ocurrir.

LR dijo...

“Vos decís que José partido no les dice a los obreros lo que tienen que hacer para liberarse.

Me parece perfecto librar una lucha política e ideológica. Y es obvio que la necesidad la impone la realidad. Pero no es tan obvio que José partido escuche más de lo que habla. Decís que la construcción del partido no tiene nombre y apellido. Pero dudo mucho que esa sea la posición hasta ahora hegemónica en la izquierda. Si así fuera ¿por qué temer la disolución en una agrupación más grande?

El problema es querer dirigir.”

Es cierto, pero es parcialmente cierto.

Si yo estoy en un partido revolucionario es porque acuerdo a grandes rasgos, porque pienso que dentro de lo que hay es lo mejor (aunque tiene que mejorar). Si pienso que es lo mejor, va de suyo que quiero que ese programa sea el dirigente. Y esa dirigencia se encarna en cuadros. Así que sí, se trata de dirigir.

Un partido que no aspira a dirigir un proceso histórico, social, que no aspira a formarse como estado mayor pues no es un partido revolucionario. Además hay que creérselo claro, porque si uno no se lo cree como convence a los demás.

Ahora bien, puede ocurrir que haya cuadros valiosos en varias organizaciones. Se puede hacer perfectamente acuerdos. La izquierda acá en Argentina lo ha hecho muchas veces y los sigue haciendo. En muchos casos se compartían cargos y en otros la organización más representativa exigía prioridad a los suyos. La representatividad es algo que se gana en la actividad de todos los días a lo largo del tiempo, no es algo que se regala, es algo perfectamente verificable. Me parece perfecto que en determinado momento dirija el partido que mejor hizo las cosas aun cuando no sea el mío.

Vamos a la FUBA y un partido ha conseguido 23 delegados y el otro solo 4 y bueno, es obvio que el que más delegados tiene es el que va a dirigir.

La Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados (ANT) fue una mega organización de organizaciones piqueteras que confluyeron en acuerdos mínimos y que votaron un plan de acción determinado (por ejemplo, corte de rutas en todo el país). Abarcaba todo el espectro ideológico, desde la FTV (centro izquierda CTA), pasando por la CCC (maos) hasta el Polo Obrero (troskos). Eso era un germen de partido. Se rompió no por una cuestión de vedetismo sino por la propia presión de la lucha de clases. Cuando hubo que marchar a Plaza de Mayo para voltear a De La Rúa la FTV se negó porque consideraba que era golpista, la CCC se quedó en La Matanza y el resto de las organizaciones que después conformarían el Bloque Piquetero Nacional sí lo hicieron. Bueno, en la lucha se vieron las diferencias.

LR dijo...

“Por eso digo, ¿es ésa la forma de abrir una verdadera posibilidad de liberación? ¿Hasta dónde llegaría esta vez? Si no se revisa la fórmula determinista, ¿no existe el riesgo de que el nuevo capítulo en la historia del comunismo sea la farsa que sucede a la tragedia?

Marx decía que el peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de las generaciones vivas. Si el partido debe ser la dirección de la fuerza revolucionaria, entonces la fuerza revolucionaria es una cosa que está ahí tirada, una cosa sin nombre propio, justamente, algo que existía antes. Algo que al estar tan determinado por el ser social no tiene capacidad subjetiva. Hay de dársela desde afuera, desde un exterior que sólo corresponde al partido. Acá es donde hay una tensión tremenda. Acá es donde todo se disuelve en la nada.”

La fuerza revolucionaria no está ahí, como un material que se encuentra en un laboratorio, presto a ser manipulado. Esa es una visión distorsionada de los procesos sociales.

Tomemos nuestro ejemplo más cercano, el de los 60-70. La fuerza revolucionaria que atacada por la dictadura en el 76 tuvo todo un proceso de formación durante más de una década, en cuyo seno diversas direcciones se disputaban la hegemonía que, hasta el golpe, la tuvo JTP – Montoneros y de los marxistas el PRT- ERP. Así es como ocurre y no de una manera mecánica. Es todo un proceso de conformación de la subjetividad, de reconocerse en una situación indigna, que esta situación no tiene nada de natural, que es posible cambiarla, de organizarse a un nivel mínimo, para luchas bien concretitas, de desengaño con falsas salidas reformistas, etc.

No hay ejemplos históricos de movimientos u organizaciones más amplias que hayan sido más efectivos para cambiar el estado de cosas que el partido revolucionario y, en determinados lugares, el ejército popular. Hasta los chinos y los cubanos, que no eran troskos, tuvieron que pasar a las expropiaciones luego de la revolución para poder profundizarla. No fue que alguien se les impuso en una discusión. La realidad objetiva se impone. Las direcciones maoístas y castristas fueron lo suficientemente lúcidas para ver el problema y resolverlo pese a que su vez perseguían a trotskistas.

LR dijo...

- “Es difícil ganarse el corazón de las masas de esta manera, mirándolas desde afuera. Por eso tienen más eficacia los proyectos populistas. En la Argentina la única fuerza política que supo ganarse el corazón de las masas es el peronismo.”

Perón se ganó al movimiento obrero dándole, a decreto limpio, las reivindicaciones por las que este movimiento luchó durante mucho tiempo. A su vez, contó con la ayuda de las direcciones socialistas y comunistas que directamente se pusieron del lado del imperialismo. El PS y el PC no tenían poca influencia. La rifaron. Luego el movimiento peronista se fundó sobre la regimentación de los sindicatos (vgr. Cipriano Reyes). Lo hizo desde el poder.

El partido revolucionario debe hacerlo mientras se organiza para lograr tomar poder. Son dos caminos distintos, de diferente dificultad.

En cambio, el PT vietnamita se ganó a su pueblo dirigiéndola en su lucha por la liberación contra tres invasores diferentes (Japón, Francia y EEUU).

Se los ganó “en el proceso de la lucha” y era un partido incluso mucho más militar y cerrado que el partido bolchevique. El PT vietnamita adhería a las 21 condiciones de hierro de la III Internacional para ser considerado un partido comunista, mientras que el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso había tenido otra conformación, que incluía además fracciones centristas.

Ho Chi Minh decía que no había que atentar contra las creencias o costumbres populares, no hacer ni decir nada que pueda hacer creer a los habitantes que les despreciamos pero a su vez “estudiar las costumbres regionales para comprenderlas bien, en primer lugar para ganar la simpatía de los habitantes, luego para explicarles poco a poco por qué es conveniente ser menos supersticiosos.”

Es decir, hay que ver el proceso mediante el cual el partido se gana a las masas. No es un proceso lineal sino sinuoso, plagado de avances, retrocesos, victorias y, en el caso Argentino, de grandes derrotas. En este sentido, los últimos 50 años también pueden ser vistos como el proceso de conformación de una subjetividad revolucionaria en sentido amplio y sentido más restringido. En un sentido amplio como un proceso de desencanto de las masas en salidas reformistas (pero que también, y como resultado de la derrota, descree de la salida revolucionaria) y en un sentido restringido como el proceso de conformación del partido del caos.

Yo me quedaría con el inicio de tu frase: “Es difícil ganarse el corazón de las masas”

LR dijo...

- “Yo digo que el partido, más que la dirección, debe ser la organización de la forma colectiva. Para mí, el problema no es teórico, sino subjetivo. Porque si fuera teórico, sólo es cuestión de llevar a la práctica la tesis de la revolución permanente... O la mejor teoría de la que se disponga. La más plenamente consistente, libre de errores. Y luego convencer a las masas (que sólo están ahí para ser convencidas).”

Yo creo que estás viendo el proceso en forma lineal y esquemática, que puede servir para un análisis pero que no se puede confundir con la propia realidad. En la realidad las cosas no funcionan así. Al menos yo no lo veo de esa manera.

Es decir, me parece que podría seguir contestando algunos planteos tuyos pero me seguiría repitiendo y creo que ya lo hice bastante.

Para resumir quisiera decir que el partido-programa interviene en la realidad dada, da una pelea ideológica al interior de fuerza progresiva, indica sus diagnósticos y pronósticos, corrobora con la realidad y con las masas la justeza, o no, de sus caracterizaciones. Así va mostrando que puede dirigir. A la vez lucha, apoya desde las reivindicaciones mínimas hasta las máximas de las masas. En esa lucha contrasta si ha pasado bien de la teoría a la práctica y si esa práctica ha enriquecido a la caracterización teórica (lo que generalmente sucede), las masas verán si es un partido que no la lleva a ningún lado o si pueden confiar en él, aunque sea un poquito. Con el tiempo, y con los aciertos o desaciertos, será más o menos escuchado, más o menos seguido. Así me parece que funciona, a grandes rasgos, la cuestión. Así el partido-programa se gana a las masas.

………………………

Con respecto a Hegel, empecé con la Fenomenología del Espíritu y dos libros de apoyo, uno de Dri y otro de Hipolyte. Vamos a ver como “deviene”, jaja.

dolmancé dijo...

El zapatismo terminó apagándose en un gesto discursivo, de resistencia estéril, es verdad. No por nada le dicen Subcomediante Marcos. No obstante es interesante rescatar esa experiencia como un punto en el que la posibilidad de liberación se hace palpable en el entusiasmo de las personas, conforma un nosotros no "dirigido" desde afuera. Sí, claro, terminó en lo que es hoy, un gesto. Pero me parece interesante rescatar el espacio de posibilidad que abrió. Es fácil reírse de ellos con el diario de ayer, pero pensá también en la revuelta de los esclavos haitianos. Sí, con el diario de ayer sabemos que siguiendo la lógica de la necesidad y la conveniencia, se tendrían que haber quedado en el molde. Pero aún así fueron el primer país en abolir la esclavitud (de verdad). Lo pagaron carísimo; pero muchas veces los actos de libertad pueden tener algo de sacrificial. El punto no es calcular costos y beneficios racionalmente, sino entregarse temerariamente a tus convicciones sin que te importe tanto la conveniencia o no en términos materiales. Que existan esas convicciones y produzcan un nosotros es grandioso. "La grandeza épica de un pueblo en formación", dice Caetano Veloso en la letra de Haiti.

Respecto de Badiou/Cerdeiras, te devuelvo la pelota (jé): me parece ahora sos vos el que no ve matices. No termino de saldar cuentas con ellos, pero estoy completamente seguro de que la postura no es tan simplista. No existe el economicismo puro, ni tampoco la política "pura". Lo que dicen Badiou/Cerdeiras/etc es que el ámbito de lucha no puede convertirse en mera gestión de las necesidades.

Vos sabés muy bien por qué las organizaciones de desocupados son las que más ayuda reciben del estado. Justamente por la lógica de la necesidad. Te doy de morfar para que no hables. Claro, hablando solamente no hay emancipación posible, nadie dice eso. Pero aún así para el Estado es mejor tapar algunas bocas.

Che, Pérsico ES de la familia platense que fundó la cadena de heladerías.

LR dijo...

Es cierto, la política no puede convertirse en la mera gestión de las necesidades. Pero también el GA dice que el capitalismo tiene la capacidad para combatir el hambre. (Si, teóricamente si, productivamente sí, pero socialmente no, las relaciones sociales que fundan este sistema social lo impiden.) Y critican al tradicional partido por, entre otras cosas, prometer una mejora en las condiciones materiales de vida de las masas. Promesa que, allí donde han triunfado, ha sido cumplida en mayor o menor medida de acuerdo con el desarrollo de las fuerzas productivas de ese lugar. Sería como si la adhesión al partido revolucionario, por la promesa de una mejora, fuera menos pura que la adhesión por el convencimiento ideológico. Lo lamento por los GA pero no funciona así. Adhieren muchos más en el curso de las luchas que en la sala de lectura luego de la lectura del Manifiesto.

Saludos

Luk@s

LR dijo...

Otra cuestión, creo que no simplico la postura del GA. Tengo varias revistas de ellos y la presentación de sus teorías, en forma de tesis al estilo tractatus y su negativa a fundamentarlas en hechos concretos que demuestren sus afirmaciones los lleva a esas afirmaciones/axiomas. La verdad, es menos ultimatista el PO que el GA, jaja.

dolmancé dijo...

Al GA lo primero que le critico es llamarse "Grupo". Hice un curso con Raúl y fui a un encuentro que organizaron hace unos meses. También tengo varios números de Acontecimiento. Me gusta ese espíritu reñido con el academicismo y con los dogmatismos. Más que intelectualizar o comulgar lo que me plantean son problemas que no consideraba tales y preguntas que no me había hecho hasta el momento.

Respecto a la capacidad del capitalismo de combatir el hambre, me parece que te referís a esto:

[...] La aporía de este planteamiento del capitalismo en su etapa actual –y una de las causas de su eficacia– es que el sistema neoliberal es el único que hoy puede efectivamente, aquí y ahora y sin cambiar en un ápice su feroz estructura, dar de comer a todos los hambrientos del mundo, y así transformarlos aún más en sus esclavos. Puede construir un gran campo de sobrevivientes, donde la biopolítica encontraría su plena realización.

(Raúl Cerdeiras, Página/12, 28 de julio de 2003)

Habla de la paulatina transformación de este mundo en un enorme campo de refugiados. No tengo mayores objeciones a eso, lo veo así. Puede ser exagerado, pero no pone en duda la incapacidad social del capitalismo de combatir el hambre, sino justamente la intención de hacer del hambre el fundamento político, de reducir la política a la economía, a un programa económico.

dolmancé dijo...

Decís:

"Adhieren muchos más en el curso de las luchas que en la sala de lectura luego de la lectura del Manifiesto."

Sin duda. Justamente en el curso de la lucha las adherencias responden más a convicciones y principios que al resultado de un análisis costo beneficio material (o a un análisis lógico-deductivo de las premisas históricas)

Respecto de los axiomas, pienso que lo que intentan es desembarazarse de eso que Badiou llama "materialismo democrático" (el marco ideológico imperante).

Para mí el materialismo vulgar tiene dos caras:

de derecha / liberal: el orden natural es así, la desigualdad es intrínseca a una cierta naturaleza humana. El mundo es así, somos animales, el mercado es la expresión misma de un orden que va más allá de nuestro control. Los más adaptados sobreviven, es la selección natural que actúa sobre nuestros destinos.

de izquierda / cientificista: el orden natural es la igualdad y la coexistencia pacífica de todos los seres humanos. Sólo que la postura cientificista intenta ubicarse en un lugar superior, como si fuera la forma neutral que permite la coexistencia de todas las narrativas. La forma verdadera, la única verdad: la que no deja nada por fuera de sí misma. Entonces el problema es que los hombres no hacen caso del orden natural. Hay que dirigirlos para que no se desvíen del camino.

Ahora, decir que si bien somos animales, podemos tener una historia, y ser sujetos con autonomía, capaces de elegir nuestro destino común, y de inventar formas de estar juntos que no están inscriptas en los genes ni en ningún orden superior... bueno eso es un principio, un axioma. No requiere demostración. Son puntos de partida, cosas que se afirman de facto. Que si alguien pide demostración se le responde, "Mirá como te demuestro ESTA". No lo veo mal tampoco. Pero sí, en ese sentido son ultimatistas.

Jack Celliers dijo...

Interesante el debate. Para volver sobre la teoría de la revolución permanente: la Argentina de hoy es un buen ejemplo. El gobierno busca su apoyo en los sectores más dinámicos de la burguesía nativa, y debido a que existe un conflicto interburgués, logra mantenerse a flote en una alianza de clases bastante existosa.

Cuando este gobierno fue presionado por los sectores más analfabetos de la burguesía rentista más podrida ("el campo"), rápidamente encuadró a la clase trabajadora (con el peso de sus punteros, todo lo que quieras) para enfrentar esa presión.

La izquierda entretanto, en lugar de aprovechar el momento político para apoyar críticamente al gobierno y exigir ir más lejos (a romper los piquetes con los camiones que prometió Moyano, por ejemplo), se quedó repitiendo lo mismo que repite siempre: "La salida es obrera y socialista". Lo que equivalía a decirle a los trabajadores que todo seguía igual, que eso que se desarrolla delante de sus ojos no es la lucha de clases sino un conflicto totalmente ajeno.

En resumen: CFK entiende mejor la teoría de la revolución permanente que la izquierda. Es capaz de ver los conflictos dentro de las mismas facciones de una clase y aprovecharlos, cosa de la que la izquierda es patéticamente incapaz.

La TRP demuestra que en un país atrasado las garantías más elementales de la democracia burguesa llevan directamente... a la liquidación de la democracia burguesa. Señalar ese camino es lo que me parece le falta a la izquierda, que repite obsesivamente el discurso "obrero y socialista" como si se tratara de algo de otro planeta. Al fin y al cabo se trata de pedir que la burguesía cumpla con las propias leyes que dicta, con eso sólo basta para desnudar las famosas contradicciones del sistema.

LR dijo...

Bueno, mencionás algunas cuestiones.

1) Una de ellas es el papel de la clase obrera. La clase obrera está encuadrada por las burocracias sindicales, parte de las cuales estuvieron con el gobierno durante el conflicto del campo. En este sentido, del hecho que una fracción de las burocracias (Moyano, Yasky) o de los piqueteros Nac & Pop (D'Elía, Pérsico, Ceballos) haya apoyado al gobierno, no se puede concluir que se encuadró a la clase obrera detrás de éste.

Porque otra fracción de las burocracias (Vanegas UATRE, Barrionuevo, CGT Azul y Blanca, CTA De Gennaro) y algunas organizaciones piqueteras (CCC, MST) apoyaron a las patronales del campo.

Se podría llegar a decir que la clase obrera se dividió en los dos bandos y, principalmente que el proletariado rural apoyó a sus patrones.

Me parece que sería un formalismo.

La clase obrera, en sí, la miró de afuera porque se encuentra desmovilizada desde hace años.

Por eso también hay luchas muy consecuentes no se extienden al resto del movimiento obrero y terminan derrotadas.

Un ejemplo lo vivieron compañeros míos del Hospital Posadas que, cuando fue el paro en apoyo del gobierno, ATE de la CTA no logró movilizar más que apenas unas pocas decenas de trabajadores. (Es un hospital que tiene aproximadamente 3000). Cooptación, reflujo, traiciones varias de las burocracias que son repudiadas en todos lados son sus principales causas.

De allí que no comparta que el gobierno haya encuadrado a la clase obrera detrás de ellos.

La izquierda del "ni-ni" dio una pelea para que los sectores combativos del movimiento obrero se pronunciaran por una posición independiente.

En la práctica significa, por ejemplo, que los activistas llamen a asamblea y convenzan a sus compañeros de emitir un pronunciamiento en ese sentido.

También significó desarrollar un estudio teórico sobre la cuestión agraria en general y sobre las condiciones de trabajo del proletariado rural.

Significó hacer más de un acto, muchas mesas de debate, etc.

Pero no es lo único que se hizo.

Voy a hablar del Partido Obrero específicamente que es el caso que mejor conozco por razones obvias.

La primera tapa de prensa que saca dice "la salida es obrera y socialista". Como consigna de agitación es una cagada, no como consigna de propaganda. Pero una tapa de prensa no puede tener una consigna de propaganda.

De todos modos es simplista limitar la intervención de la izquierda ni-ni a esa publicación.

El conflicto abarcó 22 números de la Prensa Obrera. En ellos se destacó más el carácter golpista y reaccionario del programa de la derecha que las inconsecuencias del gobierno, aunque no se le lavó la cara ni se lo apoyó críticamente.

En términos cuantitativos las notas relativas al conflicto del campo, de todo tipo, ocupan 192 páginas en formato A4 horizontal, páginas divididas en dos columnas en tipografía Trebuchet 12. Una producción teórica equivalente al tamaño de un libro.

LR dijo...

La posición, en el caso del PO, no fue vacilante, la planteó desde su inicio. Era el momento para una batalla ideológica. El manotazo fiscal de la resolución 125 revelaba, en primer lugar, el agotamiento del modelo Nac & Pop basado en la sustitución de importaciones mediante un tipo de cambio devaluado + subsidios para no aumentar las tarifas (lo que implica importar inflación, aumentar la emisión monetaria, cebar más a la inflación, etc). Esto cuesta dinero. Ahí están los manotazos a las AFJP y a las reservas del BCRA (este último caso para reiniciar un nuevo ciclo de endeudamiento).

A la vez que se denunciaba esto se hacía lo propio con el programa agro-exportador de los "pequeños productores" que querían el lomo a 80 mangos (De Angeli Dixit).

Pero, también se caracterizaba que la pelea por los porcentuales era porque había un precio excesivo de los comodities que iban a descender (y fue lo que ocurrió, el precio bajó de casi 600 dólares la tonelada de soja en Chicago a menos de 350 dólares y desde hace tiempo varía entre 350 y 370 en Chicago y ha llegado a estar en Rosario a poco menos de 1000 pesos desde el conflicto hasta ahora).

Ni hablar del precio del barril del petróleo que pasó de estar a 140 dólares a 40 dólares en pocos meses, aunque ahora ha subido un poco. Esto tenía relevancia porque los biocombustibles son más rentables a medida que aumenta el precio del barril de petróleo, lo que a su vez encarece el precio de las materias primas como el maíz dado que se utiliza en la fabricación del mentado biocombustible. Como publicaron luego del conflicto del campo algunos periodistas afines al gobierno. Si la 125 hubiera pasado habrían pagado menos retenciones por la caída de la cotización de la soja.

Entonces, se hacía un trabajo ideológico importante que es denunciar la inviabilidad del proyecto Nac & Pop, lo que implica decir a su vez que no hay fracciones de la burguesía que puedan cumplir un rol progresivo. Ahora las ratas que abandonan el barco (FTV, Barrios de Pie, Libres del Sur) dicen aproximadamente que el gobierno abandonó ese proyecto, pero siguen manteniendo la validez histórica del mismo.

Un ejemplo bien claro es Sabatella, dice que ofrece un apoyo crítico al gobierno pero en la realidad desde que asumió como diputado y mientras fue intendente apoyó los intentos fundamentales de los K. Si entras a la página de su Partido Encuentro podes ver que en su declaración de principios caracteriza a la Argentina como asfixiada por el capital financiero internacional; y pretende pagarle a ese capital financiero con reservas!! Esas inconsecuencias hay que atacar.

Precisamente, lo que entiendo que tiene que hacer la izquierda es dar esa lucha ideológica, política y económica contra el nacionalismo burgués, esa es, para mí, la gran tara de la izquierda no sólo argentina sino latinoamericana y mundial.

2) Después no entiendo bien a qué te referís con la caracterización de “dinámica” de un sector de la burguesía argentina. Porque ese sector dinámico, el que apoya al gobierno, es el que necesita del proteccionismo estatal para evitar la competencia con los productos de la burguesía imperialista (De Mendiguren, Marcó del Pont, Heller, ADEBA, y otros).

En ese sentido, si es por dinamismo son mucho más dinámicos Arcor, Grobocopatel, Urquía (que estaba con el gobierno) que basan su producción en la productividad del agro. Que haya sectores terratenientes (que sólo perciben una renta) indica a su vez que hay sectores capitalistas que pagan esa renta por utilizar la tierra para producir materias primas. En esas condiciones, pagando arrendamiento, aún son competitivos (Grobocopatel por ejemplo arrienda la mayoría de las tierras que explota). Eso entiendo yo por dinamismo.

LR dijo...

3) En cuanto a la utilización de consignas legalistas, es decir, exigirle a la burguesía que cumpla con su propio programa, léase la Constitución, es un arma de doble filo, porque te metes en los propios términos de la burguesía.

Sí, podemos exigirle el control obrero de la producción en los términos del artículo 14 bis de la Constitución Nacional, diciendo: cumplan con la Constitución, control obrero de la producción.

Pero la burguesía va a decir o bien “tomá de acá” o bien: está bien, pero como los derechos se ejercen de acuerdo a las leyes que reglamentan su ejercicio (Art. 14 CN) y tienen la misma jerarquía que el derecho de propiedad (Arg. Arts. 14, 17, 28 y 33 CN), te lo reglamento de tal manera que te lo vacío. Te contesta en los mismos términos y quedas en offside.

Es lo que pasa con el derecho a huelga. Los obreros han hecho huelgas desde siempre sin necesidad de que estuviera permitido por ley. La ley en Argentina vino a reglamentarlo de tal manera que ahora si el sindicato en el que estás no declara la huelga, la que se declare en una fábrica en particular podrá ser considerada ilegal y justificará el despido general e incluso de los trabajadores con protección gremial.

Terminamos en lo de siempre, las cuestiones importantes se deciden en la lucha. Esto no implica desdeñar los instrumentos legales pero tampoco corresponde valorarlos al punto de subordinar una lucha a la ley.

Esto sirve también para aquellos que ante la lucha de los trabajadores en épocas en que la derecha busca desestabilizar a los Nac & Pop los denuncian como funcionales al golpismo reaccionario. Los trabajadores cuando luchan por sus intereses no son funcionales a la derecha. Más cuando llevan adelante luchas como la de Kraft con direcciones antiburocráticas.

Que se yo, no me termina de convencer. Salir a defender una retención es una manera bastante indirecta de luchar por los intereses de los trabajadores. Más cuando era parte de la perspectiva le descenso del precio de las materias primas (lo que finalmente ocurrió) que haría descender las retenciones.

Saludos

Luk@s

Jack Celliers dijo...

Luk@s, primero creo que más allá de los burócratas sindicales o piqueteros, los trabajadores estuvieron mayoritariamente con el gobierno. Creo que "encuadrás" a los trabajadores de manera muy automática respecto de las organizaciones en las que están, olvidándote que por un lado no todas son igual de representativas, y por el otro que los trabajadores no las siguen ciegamente en todo momento.

Pero ese no es siquiera el punto.

De hecho, si la clase obrera está desmovilizada, entonces el hecho central es aún más relevante: el gobierno actuó objetivamente a favor de los intereses de la clase obrera frente a un sector de la burguesía que quiere convertir el país en un factoría exportadora de commodities y una masa de muertos de hambre, un modelo africano. Si la clase obrera fue consciente o no de esto (y yo creo que lo fue en gran medida) es un tema aparte. Lo importante son los intereses concretos de la clase y cómo se actúa en relación a ellos.

Precisamente estoy diciendo que la izquierda no dio la batalla ideológica al nacionalismo burgués, ni actuó en función de la independencia de la clase.

Jack Celliers dijo...

No se trata de hacer de la clase furgón de cola ni del gobierno, ni del campo. La clase tiene que plantear su propia lucha. Ahora bien: "su propia lucha" puede eventualmente coincidir con la acción de un gobierno burgués que tiene problemas con el sector más reaccionario y golpista de la burguesía. "Independencia de clase" no significa actuar automáticamente en contra de lo que hace un gobierno. Vuelvo a traer el ejemplo de los trabjadores que se armaron contra Kornílov ¿Defendían al gobierno de Kerenski? La respuesta es: sí y no. Lo defendían para ser ellos quienes lo voltearan, y no Kornílov. El PO hubiera dicho: "Kerenski y Kornílov son representantes de la burguesía, que se maten entre ellos", y hubiera sido un gravísimo error.

"Coincidir" tiene aquí un mero sentido de dirección, no de objetivos finales. El gobierno tuvo que oponerse a estos sectores precisamente para salvar al estado burgués de un conflicto que amenazaba no tener vuelta atrás. Por supuesto que no se propuso jamás liquidar a estos sectores como clase, sino disciplinarlos en un proyecto que incluye a varios sectores de la burguesía que están a las patadas, cosa que la izquierda olvida siempre.

El campo ataca los intereses de un sector de la burguesía ("industrialista" llamémoslo) que aún pretende hacer negocios en el mercado interno en mayor o menor medida. A la burguesía del campo el mercado interno le importa nada. Quieren acabar con cualquier actividad industrial, son de hecho antiindustrialistas. Quieren un país africano en el que 100 familias sean dueñas de los recursos naturales y se dediquen a exportarlos.

No tengo que decir que esto choca con dos intereses: el de la burguesía nativa que aún quiere hacer negocios en el mercado interno, y -más importante- la existencia misma de la clase obrera industrial. Suponer que en este conflicto la clase obrera no tiene nada que decir porque "se trata de la burguesía, que es toda la misma" es un error suicida.

De otro modo ¿por qué un gobierno burgués se opone a los reclamos de un sector de la burguesía? La única respuesta es que existe un conflicto interburgués, que implica un modelo de país, porque no todos los modelos burgueses de país son idénticos, incluso los subdesarrollados: no es lo mismo Argentina que el Congo.

Jack Celliers dijo...

La oportunidad de oro que tuvo la izquierda -y que no aprovechó- fue la de intentar desbordar al gobierno por la izquierda. No me refiero a hacer lo que el PC, que fue asistir dócilmente a las marchas pro K. Me refiero a que la izquierda tendría que haber alertado a la clase que su enemigo inmediato está en el "campo", y que es necesario participar en toda movilización para derrotarlo.

Se puede explicar como una resultante de fuerzas físicas aplicadas sobre un mismo punto: "el campo" tira para su lado, el gobierno -a modo de reacción- tiró hacia el lado contrario, no con el objeto de derrotar, sino simplemente de estabilizar la situación. Lo que la izquierda tendría que haber hecho es tirar para el mismo lado del gobierno pero más fuerte, intentar desbordar al gobierno y deshacer por izquierda su política de conciliación.

La izquierda en cambio se quedó quieta. Me decís que el PO escribió montones de artículos, seguramente muy buenos. Pero el problema es unir teoría a praxis: todos los artículos del mundo no tienen sentido si no se actúa en consecuencia. Honestamente no conozco exhaustivamente el análisis que hizo el PO, pero en la práctica se limitó a equidistar, y lo vi con mis propios ojos porque estaba en el país en ese momento.

Un ejemplo: cuando Moyano amenazó con que el sindicato de camioneros iba a atropellar los piquetes rurales, la izquierda tendría que haber presentado militantes dispuestos a subirse al camión. Obviamente que Moyano no estaba interesado en ir más allá, pero de esa manera es como se desenmascara la política de conciliación.

Si el gobierno se opone a la burguesía reaccionaria que quiere encarecer el pan de la mesa obrera, entonces el deber del partido revolucionario es exigir que el combate contra la clase enemiga se lleve a cabo: de esa forma se da la batalla contra el nacionalismo burgués y se desenmascara su política conciliadora.

Si en cambio se dedican a escribir montones de artículos, pero no se participa en ninguna marcha cuya consigna sea clara y específicamente en contra de esos hijos de puta, no se toma la menor acción concreta, no se impulsa una huelga general en contra de las pretensiones de esta oligarquía; entonces todo lo que se escriba para desenmascarar al nacionalismo burgués es papel mojado: cualquier trabajador más o menos consciente va a decirte que él fue a Plaza de Mayo convocado por el gobierno nacionalista burgués contra "el campo".

Jack Celliers dijo...

Y no me hables de la burocracia sindical, porque yo estuve en la Plaza de Mayo ese día: estaba repleto de laburantes y el único partido de izquierda que había era el PC.

El PO hizo un acto en el obelisco al que también fui: creo que había 60 personas, contando generosamente.

No niego que los análisis del PO son usualmente muy interesantes, lo que no se explica es la pregunta que repito: ¿por qué un gobierno burgués se opone a un sector de la burguesía? Es evidente que tiene muy buenas razones. Mi explicación es la que ya dí: se trata de una crisis interburguesa, de dos proyectos distintos. La posición de la clase obrera no debe ser apoyar a ninguno de los dos proyectos, pero sí aprovechar el conflicto para atacar al sector de la burguesía más agresivo y peligroso, que a su vez es el más prebendario, atrasado y por ende reaccionario.

¿Cómo contesta el PO esta pregunta? Sin haber leído detalladamente todos los artículos del PO al respecto (pero sí algunos), lo que percibo es que el PO hace un análisis concluyendo que se trata de la burguesía de un lado y del otro (¡qué novedad!), así que... los trabajadores no tienen nada que hacer, la consigna es la misma que siempre: salida obrera y socialista ¡para el PO nadia cambió! al menos en la praxis.

Esto significa que frente al ataque concreto del "campo" la clase no debe enfrentarlo para no apoyar al gobierno burgués, como si la burguesía fuera un bloque perfectamente uniforme. Es una política suicida frente a la clase trabajadora. La lucha de clases ocurre independientemente de dónde esté encuadrada la clase obrera en un momento dado, no puede decirse a la clase: "esperen, primero encuádrense con nosotros y luego damos la pelea", es exactamente al revés: sólo se consigue encuadrar a la clase cuando el partido demuestra que su praxis militante está al servicio de los intereses de la clase.

Nadie dice que había que plantearle ninguna tregua al gobierno, ni suspender conflictos sindicales. Al contrario: habia que exigir al gobierno que profundice el conflicto. Esa es la forma de desenmascararlo.

En cambio lo que se hizo fue dejarle las manos libres para acelerar y frenar el conflicto a su antojo. A la hora de conciliar ¿con qué autoridad va la izquierda a pedirle explicaciones al gobierno por ceder? Para tener esa autoridad hay que primero haberse movilizado con todo contra "el campo".

Y eso creo que lo sabés: no se hizo.

Jack Celliers dijo...

No se trata de "defender una retención", el conflicto de fondo va más allá de eso. El ataque del campo no es contra el gobierno, es una puja con otros sectores de la burguesía y la pequeña burguesía, pero también -y esto es lo más importante- es un ataque a la clase trabajadora.

El mejor interés de la clase trabajadora es dividir el frente burgués todo lo que pueda, no dejar que diriman sus diferencias igualándolos. Justamente el talón de aquiles del "campo" es que su reclamo desestabiliza el proyecto global de la burguesia para imponer un modelo aún más nefasto que este. Los trabajadores -con más o menos conciencia- perciben esto, la izquierda lamentablemente no, para la izquierda "es todo lo mismo".

Se trata de un problema entre táctica y estrategia, ya sabemos que el objetivo final es acabar con TODA la burguesía, y que ningún sector de la burguesía es un aliado permanente. Pero el conflicto interburgués existe ¿cómo se explica si no semejante agitación en contra de este gobierno, si al fin y al cabo es un gobierno burgués?

Si los sectores más reaccionarios de la burguesía se proponen voltear a este gobierno mediante cualquier maniobra golpista, golpe de mercado, o lo que sea; la clase trabajadora tiene que salir a defender al gobierno porque no es lo mismo que este gobierno sea volteado por la clase trabajadora que por estos hijos de puta, esto me parece muy elemental, sobre todo teniendo en cuenta que la clase trabajadora está bastante lejos de poder imponer la primera opción.

Y estará cada vez más lejos si ante cada conflicto con los sectores más golpistas de la burguesía -esto es: ante la lucha de clases concreta- la izquierda se dedica a exigir a los trabajadores que primero se afilien al PO. Eso es ceguera.

Salute, y perdón por la extensión, no puedo con mi genio :P

werte dijo...

Hace algunos años, entre unas cuantas cajas de saldos de la editorial madrileña "Comunicación - serie B" derramadas sobre Bs. As., se podían pescar ejemplares de Las clases trabajadoras en la historia de Irlanda, de JC.

LR dijo...

Muchas gracias por el dato Werte, capaz que queda algo por ahi

Saludos

Luk@s

Anónimo dijo...

Howdy

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LR dijo...

Ehhhh, sí, rocks

Jack Celliers dijo...

Yo tampoco termino de entender estos spams boludísimos, recibo cantidades.

Aprovecho para saludar, tanto tiempo, y para preguntar si gustó cierto libro sobre el que no tuve noticias...

Salute

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

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