sábado, 12 de julio de 2014

Lenin y la lucha armada (XVIII)

Este envío es el clásico texto de Lenin sobre la guerra de guerrillas y que, a la luz de los textos anteriores que se fueron subiendo, no es más que un resumen sistematizado de su concepción y que responde, a su vez, a las objeciones que se le fueron haciendo durante el proceso revolucionario ruso abierto a comienzos de 1905.


La guerra de guerrillas.

La cuestión de la acción guerrillera es de sumo interés para nuestro Partido y para las masas obreras. Ya nos hemos referido de paso a ella más de una vez, y ahora, tal como lo habíamos prometido, nos proponemos ofrecer una exposición más completa de nuestras ideas al respecto.

I

Comencemos por el principio. ¿Cuáles son las exigencias fundamentales que todo marxista debe presentar para el análisis de la cuestión de las formas de lucha? En primer lugar, el marxismo se distingue de todas las formas primitivas del socialismo pues no liga el movimiento a una sola forma determinada de lucha. El marxismo admite las formas más diversas de lucha; además, no las "inventa", sino que generaliza, organiza y hace conscientes las formas de lucha de las clases revolucionarias que aparecen por sí mismas en el curso del movimiento. El marxismo, totalmente hostil a todas las fórmulas abstractas, a todas las recetas doctrinas, exige que se preste mucha atención a la lucha de masas en curso que, con el desarrollo del movimiento, el crecimiento de la conciencia de las masas y la agudización de las crisis económicas y políticas, engendra constantemente nuevos y cada vez más diversos métodos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha El marxismo no se limita, en ningún caso, a las formas de lucha posibles y existentes sólo en un momento dado, admitiendo la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social. El marxismo, en este sentido, aprende, si puede decirse así, de la práctica de las masas, lejos de pretender enseñar a las masas formas de lucha inventadas por "sistematizadores" de gabinete. Sabemos -- decía, por ejemplo, Kautsky, al examinar las formas de la revolución social -- que la próxima crisis nos traerá nuevas formas de lucha que no podemos prever ahora.
En segundo lugar, el marxismo exige que la cuestión de las formas de lucha sea enfocada históricamente. Plantear esta cuestión fuera de la situación histórica concreta significa no comprender el abecé del materialismo dialéctico. En los diversos momentos de la evolución económica, según las diferentes condiciones políticas, cultural-nacionales, costumbrales, etc., aparecen en primer plano distintas formas de lucha, y se convierten en las formas de lucha principales; y, en relación con esto, se modifican a su vez las formas de lucha secundarias, accesorias. Querer responder sí o no a propósito de un determinado procedimiento de lucha, sin examinar en detalle la situación concreta de un movimiento dado, la fase dada de su desenvolvimiento, significa abandonar completamente la posición del marxismo.
Estos son los dos principios teóricos fundamentales que deben guiarnos. La historia del marxismo en Europa Occidental nos suministra innumerables ejemplos que confirman lo dicho. La socialdemocracia europea considera, en el momento actual, el parlamentarismo y el movimiento sindical como las principales formas de lucha; en el pasado reconocía la insurrección y está plenamente dispuesta a reconocerla en el porvenir si la situación cambia, pese a la opinión de los liberales burgueses, como los kadetes1 y los bezzaglavtsi2 rusos. La socialdemocracia negaba la huelga general en la década del 70 como panacea social, como medio para derribar de golpe a la burguesía por la vía no política, pero admite plenamente la huelga política de masa (sobre todo, después de la experiencia rusa de 1905) como uno de los procedimientos de lucha, indispensable en ciertas condiciones. La socialdemocracia, que admitía la lucha de barricadas en la década del 40 del siglo XIX, y la rechazaba, basándose en datos concretos, a fines del siglo XIX, se ha declarado plenamente dispuesta a revisar esta última opinión y a reconocer la conveniencia de la lucha de barricadas después de la experiencia de Moscú, que ha iniciado según las palabras de Kautsky, una nueva táctica de las barricadas.

II

Establecidos los principios generales del marxismo, pasemos a la revolución rusa. Recordemos el desarrollo histórico de las formas de lucha que ha hecho aparecer. Primero, las huelgas económicas de los obreros (1896-1900), después, las manifestaciones políticas de obreros y estudiantes (1901-1902), las revueltas campesinas (1902), el principio de las huelgas políticas de masas combinadas de diversos modos con las manifestaciones (Rostov 1902, las huelgas del verano de 1903, el 9 de enero de 1905), la huelga política en toda Rusia con casos locales de combates de barricadas (octubre de 1905), la lucha masiva de barricadas y la insurrección armada (diciembre de 1905), la lucha parlamentaria pacífica (abril-junio de 1906), los alzamientos militares parciales (junio de 1905-julio de 1906), las sublevaciones parciales de campesinos (otoño de 1905-otoño de 1906). Tal es el estado de cosas en el otoño de 1906, desde el punto de vista de las formas de lucha en general. La forma de lucha con que la autocracia "contesta" es el pogromo de las centurias negras, comenzando por el de Kishiniov en la primavera de 1903, y terminando por el de Siedlce en el otoño de 1906. Durante todo este período la organización de pogromos por las centurias negras y las matanzas de judíos, estudiantes, revolucionarios, obreros conscientes han ido constantemente en aumento y se han ido perfeccionando, uniéndose la violencia de la chusma sobornada a la violencia de las tropas centurionegristas, llegando hasta utilizar la artillería en aldeas y ciudades, en combinación con expediciones punitivas, trenes de represión, etc.
Tal es el fondo esencial del cuadro. Sobre este fondo se dibuja -- evidentemente como algo particular, secundario, accesorio -- el fenómeno a cuyo estudio y apreciación está consagrado el presente artículo. ¿En qué consiste este fenómeno? ¿Cuáles son sus formas? y ¿cuáles sus causas? ¿Cuándo surgió y hasta dónde se ha extendido? ¿Cuál su significación en la marcha general de la revolución? ¿Cuáles son sus relaciones con la lucha de la clase obrera, organizada y dirigida por la socialdemocracia? Estas son las cuestiones que debemos abordar ahora, después de haber bosquejado el fondo general del cuadro.
El fenómeno que nos interesa es la lucha armada. Sostienen esta lucha individuos aislados y pequeños grupos. Unos pertenecen a las organizaciones revolucionarias otros (la mayoría, en cierta parte de Rusia) no pertenecen a ninguna organización revolucionaria. La lucha armada persigue dos fines diferentes, que es preciso distinguir rigurosamente : en primer lugar, esta lucha se propone la ejecución de personas aisladas, de los jefes y subalternos de la policía y del ejército; en segundo lugar, la confiscación de fondos pertenecientes tanto al gobierno como a particulares. Parte de las sumas confiscadas va al partido, parte está consagrada especialmente al armamento y a la preparación de la insurrección, parte a la manutención de los que sostienen la lucha que caracterizamos. Las grandes expropiaciones (la del Cáucaso, de más de 200.000 rublos; la de Moscú, de 875.000 rubios) estaban destinadas precisamente a los partidos revolucionarios ante todo; las pequeñas expropiaciones sirven en primer lugar, e incluso a veces enteramente, al sostenimiento de los "expropiadores". Esta forma de lucha ha tomado un amplio desarrollo y extensión, indudablemente, tan sólo en 1906, es decir, después de la insurrección de diciembre. La agudización de la crisis política hasta llegar a la lucha armada y, sobre todo, la agravación de la miseria, del hambre y del paro en las aldeas y en las ciudades han desempeñado un importante papel entre las causas que han originado la lucha de que tratamos. El mundo de los vagabundos, el "lumpenproletariat" y los grupos anarquistas han adoptado esta forma de lucha como la forma principal y hasta exclusiva de lucha social. Como forma de lucha empleada en "respuesta" por la autocracia, hay que considerar: el estado de guerra, la movilización de nuevas tropas, los pogromos de las centurias negras (Siedlce) y los consejos de guerra.

III

El juicio habitual sobre la lucha que estamos describiendo, se reduce a lo siguiente: esto es anarquismo, blanquismo, el antiguo terrorismo, actos de individuos aislados de las masas que desmoralizan a los obreros, que apartan de ellos a los amplios círculos de la población, desorganizan el movimiento y perjudican a la revolución. En los hechos comunicados todos los días por los periódicos se encuentran, sin dificultad, ejemplos para confirmar este juicio.
Pero ¿son convincentes estos ejemplos? Para comprobarlo tomemos el hogar en que esta forma de lucha está más desarrollada: la región de Letonia. He aquí en qué términos se lamenta Nóvoie Vremia3 (del 9 y del 12 de septiembre), de la actividad de la socialdemocracia letona. El Partido Obrero Socialdemócrata Letón (sección del POSDR) publica regularmente 30.000 ejemplares de su periódico; en las columnas de anuncios de éste se publican listas de confidentes cuya supresión constituye un deber para cada hombre honrado; los que ayudan a la policía son declarados "enemigos de la revolución" y deben ser ejecutados, y, además, confiscados sus bienes; se llama a la población a no dar dinero para el Partido Socialdemócrata más que contra recibo sellado; en la última rendición de cuentas del Partido figuran, entre los 48.000 rublos de ingreso del año, 5.600 rublos de la sección de Libava para la compra de armas, procurados mediante expropiaciones. Como es natural, Nóvoie Vremia lanza rayos y centellas contra esta "legislación revolucionaria", contra este "gobierno de terror".
Nadie se atreverá a calificar de anarquismo, de blanquismo, de terrorismo, estas acciones de los socialdemócratas letones. Pero, ¿por qué? Porque en este caso es evidente la relación de la nueva forma de lucha con la insurrección que estalló en diciembre y que madura de nuevo. En lo que concierne a toda Rusia, esta relación no es tan perceptible, pero existe. La extensión de la lucha de "guerrillas", precisamente después de diciembre, su relación con la agravación de la crisis no sólo económica, sino también política, son innegables. El viejo terrorismo ruso era obra del intelectual conspirador; ahora, la lucha de guerrillas la mantiene, por regla general, el obrero combatiente o simplemente el obrero sin trabajo. Blanquismo y anarquismo se les ocurren fácilmente a gentes que gustan de los clichés, pero en la atmósfera de insurrección, que de un modo tan evidente existe en la región de Letonia, es indudable que estas etiquetas aprendidas de memoria no tienen ningún valor.
El ejemplo de los letones demuestra perfectamente que el método, tan común entre nosotros, de analizar la guerra de guerrillas al margen de las condiciones de una insurrección, es incorrecto, anticientífico y antihistórico. Hay que tener en cuenta esta atmósfera insurreccional, reflexionar sobre las particularidades del período transitorio entre los grandes actos de la insurrección, comprender qué formas de lucha surgen necesariamente como consecuencia de ello y no salir del paso con un surtido de palabras aprendidas de memoria, que son empleadas lo mismo por los kadetes y por la gente de Nóvoie Vremia : ¡anarquismo, pillaje, rufianismo!
Las operaciones de guerrillas, se dice, desorganizan nuestro trabajo. Apliquemos este razonamiento a la situación creada después de diciembre de 1905, a la época de los pogromos de las centurias negras y de la ley marcial. ¿Qué es lo que desorganiza más el movimiento en dicha época: la falta de resistencia o bien la lucha organizada de los guerrilleros? Comparad la Rusia Central con sus confines del Oeste, con Polonia y la región de Letonia. La lucha de guerrillas ha adquirido indudablemente mucha más difusión y desarrollo en esos confines occidentales. Y es no menos innegable que el movimiento revolucionario en general y el movimiento socialdemócrata en particular, están más desorgenizados en la Rusia Central que en las regiones del Oeste. Evidentemente, ni siquiera se nos ocurre la idea de deducir que si los movimientos socialdemócratas polaco y letón están menos desorganizados es gracias a la guerra de guerrillas. No. La única conclusión que se desprende de ello es que no puede imputarse a la guerra de guerrillas el estado de desorganización del movimiento obrero socialdemócrata en la Rusia de 1906.
Se invocan frecuentemente las particularidades de las condiciones nacionales, lo cual revela manifiestamente la debilidad de la argumentación corriente. Si se trata de las condiciones nacionales, es que no se trata de anarquismo, de blanquismo, de terrorismo -- pecados comunes a toda Rusia e incluso específicamente rusos --, sino de algo diferente. ¡Analizad este algo diferente de un modo concreto, señores! Veréis entonces que la opresión o el antagonismo nacionales no explican nada, pues siempre han existido en los confines occidentales, mientras que la lucha de guerrillas ha sido engendrada solamente por el período histórico actual. Hay muchos sitios en que existen la opresión y el antagonismo nacionales, pero no la lucha de guerrillas, que se desarrolla a veces sin que se dé la opresión nacional. Un análisis concreto de la cuestión muestra que no es del yugo nacional de lo que se trata, sino de las condiciones de la insurrección. La lucha de guerrillas es una forma inevitable de lucha en un momento en que el movimiento de masas ha llegado ya realmente a la insurrección y en que se producen intervalos más o menos considerables entre "grandes batallas" de la guerra civil.
No son las acciones de guerrillas las que desorganizan el movimiento, sino la debilidad del Partido, que no sabe tomar en sus manos tales acciones. Por eso, entre nosotros, los rusos, los anatemas lanzados habitualmente contra las acciones de guerrillas, coinciden con acciones de guerrillas clandestinas, accidentales, no organizadas, que realmente desorganizan al Partido. Incapaces de comprender cuáles son las condiciones históricas que engendran esta lucha, somos igualmente incapaces de contrarrestar sus aspectos perjudiciales. La lucha no por eso deja de continuarse, pues la provocan potentes factores económicos y políticos. No tenemos fuerza para suprimir estos factorcs ni esta lucha. Nuestras quejas contra la lucha de guerrillas son quejas contra la debilidad de nuestro Partido en materia de insurrección.
Lo que hemos dicho de la desorganización se aplica también a la desmoralización. No es la guerra de guerrillas lo que desmoraliza, sino el carácter inorganizado, desordenado, sin partido de las acciones de guerrillas. De esta evidentísima desmoralización no nos salvaremos ni un ápice condenando o maldiciendo las acciones de guerrillas; pues estas condenaciones y maldiciones son absolutamente impotentes para detener un fenómeno provocado por causas económicas y políticas profundas. Se nos objetará que si somos incapaces de detener un fenómeno anormal y desmoralizador, esto no es razón para que el Partido adopte procedimientos de lucha anormales y desmoralizadores. Pero tal objeción sería puramente liberal-burguesa y no marxista, pues un marxista no puede considerar en general anormales y desmoralizadoras la guerra civil o la guerra de guerrillas, como una de sus formas. Un marxista se basa en la lucha de clases y no en la paz social. En ciertos períodos de crisis económicas y políticas agudas, la lucha de clases, al desenvolverse, se transforma en guerra civil abierta, es decir, en lucha armada entre dos partes del pueblo. En tales períodos, el marxista está obligado a tomar posición por la guerra civil. Toda condenación moral de ésta es completamente inadmisible desde el punto de vista del marxismo.
En una época de guerra civil, el ideal del Partido del proletariado es un partido de combate. Esto es absolutamente incontrovertible. Estamos completamente dispuestos a conceder que, desde el punto de vista de la guerra civil se puede demostrar, y se demuestra, la inconveniencia de unas u otras formas de guerra civil en uno u otro momento. Admitimos plenamente la crítica de las diversas formas de guerra civil desde el punto de vista de la conveniencia militar y estamos incondicionalmente de acuerdo en que, en esta cuestión, el voto decisivo corresponde a los militantes activos socialdemócratas de cada localidad. Pero, en nombre de los principios del marxismo, exigimos absolutamente que nadie intente sustraerse al análisis de las condiciones de la guerra civil con frases triviales y rutinarias sobre el anarquismo, el blanquismo y el terrorismo; que no se haga de los procedimientos insensatos empleadGs en la guerra de guerrillas en un cierto momento por cierta organización del Partido Socialista Polaco, un espantajo en la cuestión de la participación de la socialdemocracia en la guerra de guerrillas en general.
El argumento de que la guerra de guerrillas desorganiza el movimiento debe ser apreciado de manera crítica. Toda forma nueva de lucha, que trae aparejada consigo nuevos peligros y nuevos sacrificios, "desorganiza", indefectiblemente, las organizaciones no preparadas para esta nueva forma de lucha. Nuestros antiguos círculos de propagandistas se desorganizaron al recurrir a los métodos de agitación. Nuestros comités se desorganizaron al recurrir a las demostraciones. En toda guerra, cualquier operación lleva un cierto desorden a las filas de los combatientes. De esto no puede deducirse que no hay que combatir. De esto es preciso deducir que hay que aprender a combatir. Y nada más.
Cuando veo a socialdemócratas que declaran arrogante y presuntuosamente: nosotros no somos anarquistas, ni ladrones, ni bandidos; estamos por encima de todo eso, rechazamos la guerra de guerrillas, me pregunto: ¿comprenden esas gentes lo que dicen? En todo el país se libran encuentros armados y choques entre el gobierno centurionegrista y la población. Es un fenómeno absolutamente inevitable en la fase actual de desarrollo de la revolución. Espontáneamente, sin organización -- y, precisamente por eso, en formas a menudo poco afortunadas y malas --, la población reacciona también mediante colisiones y ataques armados. Estoy de acuerdo en que, a causa de la debilidad o de la falta de preparación de nuestra organización, podemos renunciar, en una localidad y en un momento dado, a colocar esta lucha espontánea bajo la dirección del Partido. Estoy de acuerdo en que esta cuestión debe ser resuelta por los militantes locales activos, en que no es cosa fácil reajustar el trabajo de organizaciones débiles y no preparadas. Pero cuando veo que un teórico o que un publicista de la socialdemocracia, no lamenta esta falta de preparación, sino que repite con orgullosa suficiencia y entusiasmo narcisista las frases aprendidas en su primera juventud sobre el anarquismo, el blanquismo y el terrorismo, me causa una gran pena el ver rebajar así la doctrina más revolucionaria del mundo.
Se dice que la guerra de guerrillas aproxima al proletariado consciente a la categoría de los vagabundos borrachines y degradados. Es cierto. Pero de esto sólo se desprende que el partido del proletariado no puede nunca considerar la guerra de guerrillas como el único, ni siquiera como el principal procedimiento de lucha; que este procedimiento debe estar subordinado a los otros, debe ser proporcionado a los procedimientos esenciales de lucha, ennoblecido por la influencia educadora y organizadora del socialismo. Sin esta última condición, todos, absolutamente todos los procedimientos de lucha, en la sociedad burguesa, aproximan al proletariado a las diversas capas no proletarias, situadas por encima o por debajo de él, y, abandonados al curso espontáneo de los acontecimientos, se desgastan, se pervierten, se prostituyen. Las huelgas, abandonadas al censo espontáneo de los acontecimientos, degeneran en Alliances, en acuerdos entre obreros y patronos contra los consumidores. El parlamento degenera en un burdel, donde una banda de politicastros burgueses comercia al por mayor y al por menor con la "libertad popular", el "liberalismo", la "democracia", el republicanismo, el anticlericalismo, el socialismo y demás mercancías de fácil colocación. La prensa se transforma en alcahueta barata, en instrumento de corrupción de las masas, de adulación grosera de los bajos instintos de la muchedumbre, etc., etc. La socialdemocracia no conoce procedimientos de lucha universales que separen al proletariado con una muralla china de las capas situadas un poco más arriba o un poco más abajo de él. La socialdemocracia emplea, en diversas épocas, diversos procedimientos, rodeando siempre su aplicación de condiciones ideológicas y de organización rigurosamente determinadas*.

IV

Las formas de lucha de la revolución rusa, comparadas con las revoluciones burguesas de Europa, se distinguen por su extraordinaria variedad. Kautsky lo había previsto en parte cuando decía en 1902 que la futura revolución (tal vez con excepción de Rusia, añadía) sería no tanto una lucha del pueblo contra el gobierno, como una lucha entre dos partes del pueblo. En Rusia vemos que esta segunda lucha toma indudablemente un desarrollo más extenso que en las revoluciones burguesas de Occidente. Los enemigos de nuestra revolución son poco numerosos entre el pueblo, pero se organizan más y más a medida que la lucha se agudiza y reciben apoyo de las capas reaccionarias de la burguesía. Es, pues, completamente natural e inevitable que en una época semejante, en una época de huelgas políticas en escala nacional, la insurrección no puede adoptar la antigua forma de actos aislados, limitados a un lapso de tiempo muy breve y a una zona muy reducida. Es completamente natural e inevitable que la insurrección tome formas más elevadas y complejas de una guerra civil prolongada y que abarca a todo el país, es decir, de una lucha armada entre dos partes del pueblo. Semejante guerra no puede concebirse más que como una serie de pocas grandes batallas, separadas unas de otras por intervalos relativamente considerables y una gran cantidad de pequeños encuentros librados durante estos intervalos. Si esto es así -- y lo es sin duda --, la socialdemocracia debe sin falta plantearse la tarea de constituir organizaciones que sean lo más aptas posibles para dirigir a las masas en estas grandes batallas y, en lo posible, en estos pequeños encuentros. La socialdemocracia debe proponerse, en la época en que la lucha de clases se agudiza hasta llegar a la guerra civil, no solamente tomar parte en esta guerra civil, sino también desempeñar la función dirigente en ella. La socialdemocracia debe educar y preparar a sus organizaciones para que realmente sean capaces de actuar como una parte beligerante, no dejando pasar ninguna ocasión de asestar un golpe a las fuerzas del adversario.
Esta es -- no es posible negarlo -- una tarea difícil, que no se puede resolver de golpe. Lo mismo que todo el pueblo se reeduca y se instruye en la lucha en el curso de la guerra civil, nuestras organizaciones deben ser educadas, deben ser reorganizadas sobre la base de lo que enseña la experiencia, a fin de estar a la altura de su misión.
No tenemos la menor pretensión de imponer a los militantes activos una forma de lucha cualquiera inventada por nosotros, ni siquiera resolver, desde nuestro gabinete, la cuestión del papel que una u otra forma de guerra de guerrillas puede desempeñar en el curso general de la guerra civil en Rusia. Lejos de nosotros la idea de ver en la apreciación concreta hecha de una u otra acción de guerrillas una cuestión de tendencia en la socialdemocracia. Pero consideramos que constituye para nosotros un deber contribuir en la medida de nuestras fuerzas a la justa apreciación teórica de las formas nuevas de lucha que la vida hace aparecer; que debemos combatir sin cuartel la rutina y los prejuicios que impiden a los obreros conscientes plantear como conviene esta nueva y difícil cuestión y abordar como es debido su solución.


* Se acusa frecuentemente a los socialdemócratas bolcheviques de asumir una actitud irreflexiva y parcial frente a las acciones de guerrillas. Por esto no será superfluo recordar que en el proyecto de resolución sobre las acciones de guerrillas (Nƒ 2 de Partinie Izvestia4 e informe de Lenin acerca del Congreso5) el sector de bolcheviques que las defiende ha puesto las condiciones siguientes para su aprobación: no son toleradas en absoluto las "expropiaciones" de bienes privados; las "expropiaciones" de bienes del Estado no son recomendadas; sólo son toleradas a condición de que se hagan bajo el control del Partido y de que los recursos sean destinados a las necesidades de la insurrección. Las acciones de guerrillas que revisten la forma de actos terroristas son recomendadas contra los opresores gubernamentales y los elementos activos de las "centurias negras", pero con las condiciones siguientes: 1) tener en cuenta el estado de ánimo de las grandes masas; 2) tomar en consideración las condiciones del movimiento obrero local; 3) preocuparse de no gastar inútilmente las fuerzas del proletariado. La diferencia práctica entre este proyecto y la resolución adoptada en el Congreso de Unificación6 consiste, exclusivamente, en que las "expropiaciones" de bienes del Estado no han sido admitidas.




NOTAS


1 Kadetes ("Los demócratas constitucionalistas"): principal partido burgués de Rusia; partido de la burguesía monárquica liberal, se constituyó en octubre de 1905. Su lider fue P. Miliukov. Encubriéndose con falsas apariencias de democratismo, se llamaron a sí mismo el partido de la "libertad del pueblo", se esforzaban por atraer a su lado a los campesinos. Aspiraban a conservar el zarismo como una monarquía constitucional. Más tarde, el partido constitucional demócrata se convirtió en un partido burgués del imperialismo. Después de la victoria de la Revolución Socialista de Octubre, los kadetes organizaron complots y sublevaciones contrarrevolucionarias para derrocar la República Soviética.
2 Bezzaglavtsi : organizadores y colaboradores de la revista Bez Zaglavia ("Sin Titulo"), editada en Petersburgo en 1906 por S. N. Prokopóvich, E. D. Kuskova, V. I. Bogucharski y otros. Los Bezzglavtsi se declaraban abiertamente partidarios del revisionismo, apoyaban a los mencheviques y liberales, y actuaban contra la política independiente del proletariado. Lenin llamó a los Bezzaglavtsi kadetes tipo menchevique, o sea, mencheviques tipo kadete.
3 Nóvoie Vremia ("Tiempos Nuevos"): diario que se publicó en Petersburgo desde 1868 hasta 1917. Primero fue liberal moderado, y desde 1876, se trasformó en vocero de los circulos reaccionarios de la nobleza y la burocracia, luchó no solamente contra el movimiento revolucionario, sino también contra el de la burguesía liberal. A partir de 1905 se convirtió en órgano de los centurionegristas. Lenin lo llamaba "modelo de periódico venal". Después de la Revolución Democrático burguesa de Febrero apoyó sin reservas la politica contrarrevolucionaria del gobierno provisional burgués y desató una furiosa campaña contra los bolcheviques. Fue clausurado el 8 de noviembre de 1917 por el Comité Militar Revolucionario adjunto al Soviet de Petrogrado.
4 Partinie Izvestia ("Noticias del Partido"): periódico clandestino del CC Unificado del POSDR, se publicó en Petersburgo en visperas del IV Congreso (de Unificación) del Partido. Sólo aparecieron dos números: el 20 de febrero y el 2 de abril de 1906. La redacción estaba integrada por los redactores del periódico bolchevique (Proletari) y por igual número de redactores de la nueva Iskra menchevique. Representaban a los bolcheviques Lenin, Lunacharski y otros.
En Partinie Izvestia se incluyeron dos articulos de Lenin: "La situación actual en Rusia y la táctica del partido obrero " y "La revolución rusa y las tareas del proletariado ", con la firma Bolchevique. (V. I. Lenin, Obras Completas, t. X.) Después del Congreso, Partinie Izvestia dejó de aparecer.
5 Se alude al "Informe sobre el Congreio de Unificación del POSDR" -- Carta a los obreros de Petersburgo. (V. I. Lenin, Obras Completas, t. X.)
6 El IV Congreso (de Unificación) del POSDR se realizo en Estocolmo entre el 23 de abril y 8 de mayo de 1906.
Asistieron al Congreso 112 delegados con derecho a voto, en representacion de 57 organizaciones locales del POSDR, y 22 delegados con voz pero sin voto. Las organizaciones nacionales también estuvieron representadas: tres delegados por la socialdemocracia de Polonia y Lituania, tres por el Bund, tres por el partido obrero socialdemócrata de Letonia, un delegado del Partido Obrero Socialdemócrata de Ucrania y uno del Partido Obrero de Finlandia. Además, asistió un representante del Partido Obrero Socialdemócrata de Bulgaria. De los delegados, 46 eran bolcheviques y 62 mencheviques. El Congreso analizó los siguientes principales problemas: problema agrario; apreciación de la situación actual y de las tareas de clase del proletariado; la actitud hacia la Duma del Estado; problema organizativo. La discusión de cada problema provocaba áspera lucha entre bolcheviques y mencheviques. Lenin presentó informes e intervino acerca del problema agrario, de la situación en ese momento, de la táctica respecto a la elección en la Duma, la insurrección armada y otros problemas.
La superioridad numérica de los mencheviques, aunque mezquina, determinó el carácter de las resoluciones: con respecto a muchos problemas el Congreso tomó resoluciones mencheviques (resoluciones sobre el problema agrario, la actitud hacia la Duma, etc.). En lo que se refiere a los estatutos, el Congreso adoptó la formulación de Lenin para el articulo 1. Se aprobó una resolución sobre la unificación con la socialdemocracia de Polonia y de Lituania y con el Partido Obrero Socialdemócrata de Letonia, que se incorporaron al POSDR como organizaciones territoriales. Asimismo el Congreso prejuzgó la cuestión de Bund de formar parte de POSDR.
Integraban el Comité Central, elegido en el Congreso, tres bolcheviques y siete mencheviques. La Redacción del Organo Central estaba compuesta sólo por mencheviques.
El análisis detallado de la labor del Congreso aparece en el artículo "Informe sobre el Congreso de Unificación del POSDR". (V. I. Lenin, Obras Completes, t. X.) "El momento actual y el Congreso de Unificación del Partido Obrero" y "Prólogo del autor al primer tomo". (J. Stalin, Obras, t. I.)

Lenin y la lucha armada (XVII)

En el texto que envío Lenin hace un balance de la insurrección de diciembre de 1905 y plantea la necesidad de una política de confrontación con el ejército, como una forma de hacer vacilar a las tropas para que éstas se pasen del lado del pueblo.


Las enseñanzas de la insurrección de Moscú.

El libro titulado Moscú en diciembre de 1905 (Moscú, 1906) no podía haber sido más oportuno. Asimilar las enseñanzas de la insurrección de diciembre es una tarea urgente para el partido obrero. Lamentablemente, este libro es como una barricada de mil con una cucharada de brea: el material es interesantísimo, a pesar de ser incompleto; en cambio, las conclusiones son increíblemente descuidadas, increíblemente triviales. De ellas trataremos otra vez; ahora abordaremos la cuestión política de palpitante actualidad: las enseñanzas de la insurrección de Moscú.

Las formas principales del movimiento de diciembre en Moscú fueron las huelgas y las manifestaciones pacíficas. La inmensa mayoría de los obreros sólo participó activamente en estas formas de lucha. Pero la propia acción de diciembre en Moscú demostró palpablemente que la huelga general, como forma independiente y principal de lucha, ha caducado; que el movimiento, con espontánea e irresistible pujanza, desborda este marcho estrecho y engendra la forma más alta de lucha: la insurrección.

Todos los partidos revolucionarios, todos los sindicatos de Moscú,  al declarar la huelga, sabían e incluso intuían que se transformaría inevitablemente en insurrecciones. El 6 de diciembre, el Soviet de Diputados obreros decidió "esforzarse por transformar la huelga en insurrección armada". Pero, en realidad, ninguna de las organizaciones estaba preparada para ello; hata el "Consejo de coalición de los grupos de combate" (1) hablaba (¡el 9 de diciembre!) de una insurrección como de algo remoto, y es evidente que no tuvo participación o control en la lucha callejera que se desarrolló. Las organizaciones habían quedado a la zaga del ascenso y el alcance del movimiento.

La huelga se transformaba en insurrección, ante todo, bajo la presión de las condiciones objetivas creadas después de octubre. Ya no era posible sorprender al gobierno por medio de una huelga general: éste había organizado las fuerzas de la contrarrevolución y éstas estaban preparadas para actuar militarmente. Tanto el curso general de la revolución rusa después de octubre, como la sucesión de los acontecimientos de Moscú en las jornadas de diciembre, son una asombrosa confirmación de una de las profundas tesis de Marx: la revolución, al avanzar, engendra una contrarrevolución fuerte y unida; en otros términos, obliga al enemigo a recurrir a medidas de defensa cada vez más extremas y, por lo mismo, crea medios de ataque cada vez más poderosos.

Días 7 y 8 de diciembre: huelga pacífica, manifestaciones pacíficas de masas. Día 8 por la noche: sitio del Acuario. El 9 de la mañana: los dragones cargan contra la muchedumbre en la plaza de Strástnaia. Por la noche, asalto al edificio Fídler. Los ánimos se caldean. La muchedumbre de la calle, no organizada, de modo completamente espontáneo y con vacilaciones levanta las primeras barricadas. El 10, la artillería abre fuego contra las barricadas y contra la multitud en las calles. Las barricadas son levantadas ahora deliberadamente y no en casos aislados, sino en gran cantidad. Toda la población está en la calle; los principales centros de la ciudad se cubren de una red de barricadas. Durante varios días se libra una persistente lucha de guerrillas entre las unidades voluntarias de combate y las tropas, lucha que extenúa a éstas y obliga a Dubásov a implorar refuerzos. Solamente el 15 de diciembre la superioridad de las fuerzas gubernamentales es total, y el 17 el regimiento Semiónovski arrasa la barriada de Presnie, último baluarte de la insurrección.

De la huelga y de las demostraciones a las barricadas aisladas. De las barricadas aisladas a las barricadas levantadas en masa y a la lucha en las calles contra las tropas. Pasando por encima de las organizaciones, la lucha proletaria de masas transformó la huelga en insurrección. Ésta es la más grande conquista histórica de la revolución rusa, alcanzada en diciembre de 1905, y, como todas las que la precedieron, lograda a costa de inmensos sacrificios. El movimiento se elevó de la huelga política general a una etapa superior. Obligó a la reacción a ir hasta el límite en su resistencia y aproximó así, en proporciones gigantescas, el momento en que la revolución llegará también hasta el límite en el empleo de los medios de ataque. La reacción no puede ir más allá del bombardeo de la artillería contra las barricadas, los edificios y la muchedumbre. Pero la revolución puede ir mucho más lejos que las unidades voluntarias de combate, mucho, muchísimo más lejos en amplitud y profundidad. Y la revolución ha avanzado mucho desde diciembre. La base de la crisis revolucionaria se ha vuelto infinitamente más amplia; ahora hay que aguzar más el filo del arma.

El proletariado sintió antes que sus dirigentes el cambio en las condiciones objetivas de la lucha y la necesidad de pasar de la huelga a la insurrección. Como siempre sucede, la práctica precedió a la teoría. La huelga pacífica y las demostraciones dejaron de satisfacer en seguida a los obreros, que se preguntaban: qué hacer después?, y exigían acciones más resueltas. La indicación de levantar barricadas llegó a las barriadas con enorme retraso, cuando ya se levantaban en el centro de la ciudad. Los obreros en masa se pusieron a levantarlas, pero esto tampoco los satisfacía; querían saber: ¿qué hacer después?, y exigían medidas activas. Nosotros, dirigentes del proletariado socialdemócrata, nos comportamos en diciembre como aquel jefe militar que tenía dispuestas sus tropas de un modo tan absurdo que la mayor parte de ellas no participaban activamente de la batalla. Las masas obreras exigían instrucciones para realizar acciones resueltas y no las recibían.

Así, pues, nada podía ser menos perspicaz que la opinión de Plejánov, que hacen suya todos los oportunistas, de que la huelga era inoportuna y no debía haberse iniciado, que "no se debió empuñar las armas". Por el contrario, se debió empuñarlas más decididamente, con mayor energía y combatividad; se debió explicar a las masas que era imposible limitarse a una huelga pacífica y que una lucha armada intrépida e implacable era necesaria. Y hoy debemos, al fin, reconocer abiertamente la insuficiencia de las huelgas políticas; debemos llevar a cabo la más amplia agitación entre las masas en favor de la insurrección armada, sin tratar de oscurecer esta cuestión con frases sobre "etapas preliminares" ni de ocultarla en forma alguna. Ocultar a las masas la necesidad de una guerra de exterminio encarnizada, sangrienta, como tarea inmediata de la acción revolucionaria que se avecina, sería engañarnos y engañar al pueblo.

Tal es la primera enseñanza de los acontecimientos de diciembre. La segunda se refiere al carácter de la insurrección, a la manera de realizarla, a las condiciones que determinan que las tropas se pasen al lado del pueblo. Sobre esto último, se halla muy difundida en el ala derecha de nuestro partido una opinión extremadamente unilateral. Es imposible, se dice, luchar contra un ejército moderno; es preciso que éste se haga revolucionario. Como es natural, si la revolución no adquiere un carácter de masas y no influye en las tropas, no puede hablarse de una lucha seria. De suyo se comprende la necesidad de un trabajo entre las ropas. Pero no podemos figurarnos que se pasarán a nuestro lado de golpe, como resultado de la labor de persuasión o de sus propias convicciones. La insurrección de Moscú demuestra vivamente lo que hay de rutinario y de inerte en esta concepción. En realidad, la vacilación de las tropas, fenómeno inevitable en todo movimiento auténticamente popular, conduce, al agudizarse la lucha revolucionaria, a una verdadera lucha por las tropas. La insurrección de Moscú es precisamente un ejemplo de la lucha encarnizada, furiosa, por las tropas, entre la reacción y la revolución. El propio Dubásov declaró que sólo 5.000 hombres, de los 15.000 de la guarnición de Moscú, eran seguros. El gobierno contenía a las vacilaciones recurriendo a las medidas más diversas y desesperadas: les dirigía exhortaciones, los adulaba, los sobornaba, les regalaba relojes, dinero, etc., los emborrachaba con vodka, les mentía, los amenazaba, los confinaba en los cuarteles y los desarmaba, y a los que eran considerados más inseguros se los destituía por traición y violencia. Y hay que tener el valor de reconocer de manera franca y sin reservas que, en este aspecto, quedamos a la zaga del gobierno. No supimos utilizar las fuerzas de que disponíamos para sostener una lucha tan activa y audaz, con tanto espíritu de iniciativa y de ofensiva para atraer a las tropas vacilantes como la que el gobierno emprendió y en la que triunfó. Nos hemos dedicado y nos dedicaremos con mayor tenacidad a la tarea de "conquistar" ideológicamente a las tropas; pero no pasaríamos de ser unos lamentables pedantes, si olvidáramos que en un período de insurrección se necesita también librar una lucha física por atraer a las tropas.

Durante las jornadas de diciembre, el proletariado de Moscú nos brindó admirables enseñanzas acerca de cómo "conquistar" ideológicamente a las tropas; por ejemplo, el 8 de diciembre, en la plaza Strástnaia, cuando la muchedumbre rodeó a los cosacos, se mezcló y confraternizó con ellos y los convenció de que volviesen atrás. O el 10 de, en la barriada de Presnia, cuando dos jóvenes obreras, que portaban una bandera roja entre una multitud de 10.000 personas, salieron al paso de los cosacos gritando: "¡Mátennos! ¡Mientras nos quede vida, no entregaremos la bandera!". Y los cosacos, llenos de confusión, se alejaron al galope, mientras la muchedumbre gritaba: "¡Vivan los cosacos!". Estos ejemplos de arrojo y heroísmo deben quedar grabados para siempre en la memoria del proletariado.

Pero veamos ahora algunos ejemplos de cómo quedamos a la zaga de Dubásov. El 9 de diciembre, marchan soldados por la calle Bolshaia Serpujóvskaia, cantando La Marsellesa: van a unirse a los insurrectos. Los obreros envían delegados para recibirlos. El propio Malájov galopa desesperadamente hacia ellos. Los obreros llegan demasiado tarde; Malájov los alcanza primero, pronuncia un discurso inflamado, consigue que los soldados titubeen, después de lo cual los cerca con los dragones, los conduce al cuartel y allí los encierra. Malájov llegó a tiempo y nosotros no, a pesar de que en dos días, respondiendo a nuestro llamamiento, se alzaron 150.000 hombres, que habrían podido y debido organizar el patrullaje en las calles. Malájov cercó a los soldados con los dragones, mientras que nosotros no cercamos a los Malájov con obreros provistos de bombas. Habríamos podido y debido hacerlo; tiempo atrás, la prensa socialdemócrata (la vieja Iskra) señalaba que, durante una insurrección, es nuestro deber exterminar sin piedad a los jefes civiles y militares. Por lo visto, lo ocurrido en la calle Bolshaia Serpujóvkaia se repitió en sus aspectos generales ante los cuales Nesvezh y Krutitski, y también cuando el proletariado intentó "relevar" al regimiento de Ekaterinoslav, y cuando se enviaron delegados a los zapadores de Alexándrov, y cuando hicieron volver a la artillería de Rostov que marchaba contra Moscú, y cuando desarmaron a los zapadores de Kolomna, y así sucesivamente. En el momento de la insurrección, demostramos no estar a la altura de nuestro deber en la lucha por atraer a las tropas vacilantes.

Los acontecimientos de diciembre confirmaron otra profunda tesis de Marx, olvidada por los oportunistas: la insurrección es un arte, cuya regla principal es la ofensiva encarnizadamente audaz, implacablemente decidida. No hemos asimilado de manera suficiente esta verdad. Nosotros mismos no hemos estudiado ni enseñado a las masas de manera suficiente este arte, esta regla de la ofensiva a toda costa. Ahora, debemos corregir con toda energía ese descuido. No basta tomar partido en cuanto a las consignas políticas: es preciso tomarlo con respecto a la insurrección armada. Quien esté contra ella, quien no se prepare para ella, debe ser arrojado sin piedad de las filas de los partidarios de la revolución, debe ser arrojado al campo de los enemigos, de los traidores o de los cobardes, pues se acerca el día en que el peso de los acontecimientos y las condiciones de la lucha nos obligarán a distinguir amigos y enemigos según este principio. No debemos predicar la pasividad ni la simple "espera" del momento en que las tropas "se pasen" a nuestro lado. ¡No! Debemos proclamar a los cuatro vientos la necesidad de una ofensiva audaz y de un ataque armado, la necesidad de exterminar en tales momentos a quienes estén al mando del enemigo y de librar la lucha más enérgica por las tropas vacilantes.

La tercera gran enseñanza que nos ha aportado Moscú se refiere a la táctica y a la organización de las fuerzas para la insurrección. La táctica militar  depende del nivel de la técnica militar, sencilla verdad que Engels demostró y se esforzó por llevar a la compresión de todos los marxistas. La técnica militar no es hoy la misma que a mediados del siglo XIX. Sería una necedad luchar contra la artillería en montón y defender las barricadas a tiros de revólver. Kautsky tenía razón al escribir que ya es hora, después de Moscú, de revisar las conclusiones de Engels, y que Moscú ha hecho surgir una "nueva táctica de barricadas". Esta táctica es la táctica de la lucha de guerrillas. La organización requerida por dicha táctica es la de unidades móviles y extraordinariamente pequeñas, unidades de diez, de tres e incluso de dos personas. Entre nosotros podemos encontrar ahora, con frecuencia, socialdemócratas que se burlan cuando se habla de unidades de cinco y de tres. Pero burlarse no es más que un medio cómodo de cerrar los ojos ante esta nueva cuestión de táctica y organización planteada por la lucha callejera, dada la técnica militar moderna. Estudien con atención el relato de la insurrección de Moscú, señores, y comprenderán la relación existente entre las "unidades de cinco" y la cuestión de la "nueva táctica de barricadas":

Moscú previó esta táctica, pero no la desarrolló suficientemente ni la aplicó en forma amplia, con alcance realmente de masas. El número de grupos voluntarios de combate era demasiado escaso; no se dio a las masas obreras la consigna de llevar a cabo ataques audaces y ellas no la aplicaron; el carácter de los grupos guerrilleros era demasiado uniforme, sus armas y métodos resultaban inadecuados, su capacidad para dirigir a la muchedumbre apenas se había desarrollado. Debemos superar todo esto, y lo superaremos estudiando la experiencia de Moscú, difundiéndola entre las masas, y estimulando el esfuerzo creador de las mismas en el desarrollo de esa experiencia. Y la guerra de guerrillas, el terror de masas, que desde diciembre se extiende casi sin pausa por toda Rusia, contribuirán indudablemente a que las masas aprendan la táctica acertada de la insurrección. La socialdemocracia debe admitir e incorporar a su táctica ese terror de masas, naturalmente, organizándolo y controlándolo, supeditándolo a los intereses y condiciones del movimiento obrero y de la lucha revolucionaria general, y, al mismo tiempo, eliminando y suprimiendo sin piedad esa deformación "rufianesca" de la guerra de guerrillas, a las que nuestros camaradas de Moscú ajustaron las cuentas tan admirable y implacablemente en los días de la insurrección, y los letones en las jornadas de las famosas repúblicas letonas.

La técnica militar ha progresado aún más en estos últimos tiempos. En la guerra japonesa apareció la granada de mano. Las fábricas de armas livianas han lanzado al mercado el fusil automático. Estas dos armas empiezan a emplearse con éxito en la revolución rusa, pero en proporción que está lejos de ser suficiente. Podemos y debemos aprovechar los progresos de la técnica, enseñar a los destacamentos obreros a fabricar bombas en gran escala, ayudarlos, lo mismo que a nuestros destacamentos de combate, a proveerse de explosivos, fulminantes y fusiles automáticos. Si las masas obreras participan en la insurrección en las citadas ciudades, si se lanzan ataques en masa contra el enemigo, si luchamos con decisión y habilidad por atraer a las tropas, que vacilan aun más después de la Duma, después de Sveaborg y de Kronstadt, y si aseguramos la participación de las zonas rurales en la lucha general ¡la victoria será nuestra en la próxima insurrección armada de toda Rusia!

Despleguemos, pues, más ampliamente, nuestra actividad y planteemos con más audacia nuestras tareas, a la par que asimilamos las enseñanzas de las grandes jornadas de la revolución rusa. Nuestra labor se asienta en una valoración correcta de los intereses de clase y de las necesidades del desarrollo en toda la nación en la presente situación. En torno de la consigna derrocamiento del poder zarista y y convocatoria de una asamblea constituyente por un gobierno revolucionario, estamos agrupando y agruparemos a sectores cada vez más vastos del proletariado.del campesinado y del ejército. Como siempre, la base y el contenido principal de nuestro trabajo es desarrollar la comprensión política de las masas. Pero no olvidemos que, en general, constante y fundamental, otras tareas particulares y especiales. No nos convirtamos en pedantes y filisteos, no esquivemos esas tareas especiales del momento, esas tareas especiales del momento, esas tareas especiales de las formas actuales de lucha, con referencias sin sentido a nuestros deberes permanentes, que se mantienen inmutables en todo momento y en todas las situaciones.

Recordemos que se avecina una gran lucha de masas. Será una insurrección armada. En la medida de lo posible, deberá estallar a la vez en todas partes. Las masas deben saber que emprenden una lucha armada, sangrienta y encarnizada. El desprecio a la muerte, que debe difundirse en ellas, ha de asegurar la victoria. La arremetida contra el enemigo debe ser lo más vigorosa posible; ataque, no defensa: debe ser la consigna de las masas; exterminio implacable del enemigo: tal su tarea; la organización del combate debe ágil y flexible; los elementos vacilantes de las tropas se verán arrastrados a la participación activa. Y en esta trascendental lucha el partido del proletariado con conciencia de clase debe cumplir plenamente con su deber.

Proletari, número 2, 29 de agosto de 1906.

Lenin y la lucha armada (XVI)

En este envío subo un texto de Lenin en el que insta a los grupos de combate guerrilleros del partido bolchevique a dejar de lado la inactividad y a comenzar con las acciones guerrilleras, de conformidad con las resoluciones del último Congreso del POSDR.

Ejército ciudadano irlandés.

Los acontecimientos del día.

La "jornada sangrienta" de Varsovia y de otras ciudades polacas, el atentado contra Stolipin y el asesinato de Min, todo ello ha despertado interés general por el problema de las "acciones guerrilleras"; empleamos la expresión que se ha hecho usual en el partido y que ha sido confirmada por una resolución del Congreso de Unificación.

El Consejo de Redacción se propone publicar próximamente uno o varios artículos sobre esta importantísima cuestión, analizándola con la mayor amplitud posible. Mientras tanto, a fin de no dejar a nuestros lectores en la ignorancia de nuestros puntos de vista, haremos algunas breves observaciones, que en artículos posteriores serán desarrolladas en detalle y formuladas con mayor precisión.

Primera observación. Los extremos nunca son buenos; ningún socialista pondrá en duda que es necesario tomar en cuenta el sentimiento de las masas cuando se trata de organizar acciones guerrilleras. Por ello, estimamos absolutamente necesario tener en cuenta la opinión del Bund, que está familiarizado con las condiciones de trabajo en Varsovia y con el sentimiento de las masas en esa ciudad (y que, al parecer, se solidariza con los socialdemócratas polacos), a saber: la opinión de que el PSP "ha llegado demasiado lejos". Si lo hizo o no es un hecho que no tenemos competencia para resolver. Nunca es aconsejable ir demasiado lejos, pero sería erróneo deducir que cierta forma de lucha no sirve porque se hayan  producido casos aislados de "llegar a los extremos".

En términos generales, pensamos que la intensificación de la guerra de guerrillas en Rusia, después de la disolución de la Duma, es beneficiosa. Una guerra de guerrillas implacable y exterminadora contra los agentes gubernamentales de la violencia es, a nuestro modo de ver, una lucha oportuna y conveniente.

Segunda observación. El CC de nuestro partido se equivoca sin duda, y se equivoca profundamente, al declarar en una nota a la "carta" número 4 (dirigida a las organizaciones del partido): " Se comprende de suyo que nuestro partido rechaza, como antes, las llamadas acciones combativas 'guerrilleras'."

Esto es falso. Nosotros acatamos las decisiones del Congreso, pero en ningún caso nos sometemos a las decisiones del CC que violen las decisiones del Congreso. Todo aquel que se tome la molestia de leer atentamente la resolución del Congreso de Unificación titulada Sobre las acciones guerrilleras, advertirá fácilmente que nuestro partido rechaza un tipo de acciones guerrilleras, admite otro y recomienda un tercero.

Rechaza totalmente la expropiación de la propiedad privada. No rechaza la incautación de los fondos del Estado, pero rodea esta medida de condiciones especialmente rigurosas ("en caso de que se creen los órganos de poder revolucionario en la localidad dada", etc.)

La resolución del Congreso admite, además, las acciones guerrilleras sin la expropiaración de bienes, es decir, admite el "terror", admite las acciones guerrilleras cuyo fin es dar muerte al enemigo. Esta admisión aparece nítidamente y se expresa en forma inequívoca en las primeras palabras de la mencionada resolución, después de la introducción:

"El Congreso resuelva: 1) Considerando que a la par con [la cursiva es nuestra] la preparación de las fuerzas revolucionarias para la insurrección que se avecina, insurrección que se asienta en la organización de las masas obreras, será inevitable la lucha activa contra el terror gubernamental y contra la violencia de los centurionegristas, es necesario... (luego habla de la prohibición de robar, de la incautación de fondos privados, etc).

Esta cita de la resolución del Congreso es absolutamente clara. "A la par" con el trabajo de masas admite la "lucha activa" contra los agentes de la violencia, lo cual implca, sin duda alguna, su extermino por medio de "acciones guerrilleras".

En la resolución sólo se señala una limitación de esta segunda forma de acción guerrillera (el exterminio de los agentes de la violencia) y es la siguiente: "evitar los atentados contra la propiedad personal de ciudadanos pacíficos, exceptuando [¡fíjense bien!] aquellos casos en que esto se produce como resultado involuntario de la lucha contra el gobierno o cuando se debe a las exigencias de la lucha directa, por ejemplo, al levantar barricadas."

Así, pues, cuando lo exige la lucha directa, también se admiten los atentados contra la propiedad privada, por ejemplo, la incautación de vehículos y otros elementos para las barricadas. Cuando la lucha no es directa, el Congreso nos ordena evitar los atentados contra la seguridad personal de ciudadanos "pacíficos"; pero en seguida señala una excepción, a saber: el Congreso no responsabiliza a los que oartucuoen en las acciones guerrilleras de los atentados "involuntarios" contra la seguridad personal, resultantes de la lucha contra el gobierno.

Por último, el Congreso recomienda concretamente al partido un tipo de acciones guerrilleras, al resolver sin reservas ni limitaciones: "incautarse, en todas las oportunidades que se presenten, de las armas y municiones pertenecientes al gobierno..."

Por ejemplo: los guardias tienen armas que pertenecen al gobierno. "Se presenta la oportunidad..."

Tercera observación. Aconsejamos a los numerosos grupos de combate de nuestro partido que pongan fin a su inactividad y emprendan una serie de acciones guerrilleras, basándose rigurosamente en las resoluciones del Congreso, es decir, sin ninguna expropiación de bienes, con los menores "atentados contra la seguridad personal" de ciudadanos pacíficos, pero con los máximos atentados contra la seguridad personal de los espías, de los centurionegristas activos, de los oficiales de la policía, del ejército y de la marina, etc., etc. Pero hay que "incautarse en todas las oportunidades que se presenten, de las armas y municiones pertenecientes al gobierno."

Proletari, número 1, 21 de agosto de 1906.

miércoles, 9 de julio de 2014

Lenin y la lucha armada (XV)

Este envío es un texto de Lenin en el que revolucionario ruso hace una defensa de la necesidad de organizar la lucha militar y de tener una organización militar. Hace toda una serie de consideraciones al respecto. Por su extensión, el envío sólo incluye fragmentos de ese texto.


La disolución de la Duma y las tareas del proletariado.

La disolución de la Duma plantea al partido obrero una serie de cuestiones importantísimas, Señalemos las principales: 1) hacer una apreciación general de este acontecimiento político en la marcha de nuestra revolución; 2) definir el contenido de la nueva lucha y de las consignas bajo las cuales debe librarse; 3) determinar las formas de la futura lucha; 4) elegir el momento en que ha de librarse o, más exactamente, tener en cuenta las condiciones que pueden contribuir a la elección acertada de dicho momento.

I

La disolución de la Duma ha confirmado de la manera más clara y diáfana los puntos de vista de quienes habíamos prevenido contra toda entusiasmo ante el aspecto exterior "constitucional" de la Duma, y ante la apariencia constitucional, si así puede decirse, de la política rusa durante el segundo trimestre de 1906. Las "grandes frases", vertidas con tanta abundancia por nuestros kadetes (y kadetófilos) ante la Duma, acerca de la Duma y en vinculación con la Duma, han sido puestas ahora al desnudo, en toda su falsedad, por la vida misma.

Repárese en este interesante fenómeno: la Duma ha sido disuelta sobre una base estrictamente constitucional. Nada de "disolución violenta". Nada de violar las leyes. Por el contrario, con riguroso apego a la ley, como se obra en toda "monarquía constitucional". El poder supremo ha disuelto la Cámara fundándose en la "Constitución".
...
Pero ese mismo hecho ha revelado de inmediato el carácter ilusorio de la Constitución rusa, la naturaleza ficticia de nuestro parlamentarismo nativo, tan tenazmente señalados por los socialdemócratas del ala izquierda durante toda la primera mitad de 1906. Y, ahora, no sólo algunos "bolcheviques" "estrechos y fanáticos", sino los más pacíficos legalistas liberales han admitido, y lo han admitido con su propia conducta este carácter peculiar de la Constitución rusa. Lo han admitido los kadetes al responder a la disolución de la Duma con su "huida al extranjero", en masa, a Víborg y con un manifiesto que viola la ley; lo han admitido al responder con los artículos del moderadísimo Riech.
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Todas las esperanzas de los kadetes se han desplazado de pronto de la "Constitución" a la revolución, y ha sucedido así como resultado de un sólo acto, estrictamente constitucional, del poder supremo. 
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La lógica de la vida es más fuerte que la de los manuales de derecho constitucional. La revolución enseña.
...
Ha quedado evidenciada toda la unilateralidad y la falta de perspicacia de los kadetes. Las ilusiones constitucionalistas -ese "espantajo" cuya mención permitía individualizar al bolchevique intransigente- son ahora vistas por todos sólo como ilusiones, como un fantasma, como un espejismo.
...
Los socialdemócratas no se alegrarán (nosotros hasta utilizamos algo a la Duma) ni se dejarán ganar por el abatimiento. Dirán: el pueblo ha ganado al perder una de sus ilusiones.

Sí, todo el pueblo ruso aprende en el ejemplo del partido kadete, y aprende no en los libros, sino en la revolución que el mismo pueblo lleva a cabo. En cierta ocasión dijimos que,con la ayuda de los kadetes, el pueblo se libra de sus primeras ilusiones de liberación burguesa. Los kadetes soñaban con liberarse de la servidumbre, de la arbitrariedad, de la tiranía, del despotismo asiático, de la autocracia, sin el derrocamiento del viejo régimen. Pero los limitados sueños de los kadetes ya han sufrido un descalabro. Los trudoviques sueñan con liberar a las masas de la miseria, de la explotación del hombre por el hombre, sin destruir la economía mercantil; también sufrirán un descalabro  y, por cierto, en un futuro no lejano, si nuestra revolución lleva a nuestro campesinado revolucionario a la victoria total.

El rápido ascenso de los kadetes, sus embriagadoras victorias en las elecciones, su triunfo en la Duma kadete, y su súbito derrumbamiento por un plumazo del "monarca bienamado" (...) son todos acontecimientos de gran importancia política, etapas en el desarrollo revolucionario del pueblo. En 1906, el pueblo, es decir, las amplias masas de la población, no había llegado todavía en su conjunto a ser concientemente revolucionario. Se había generalizado el convencimiento de que a no podía soportarse la autocracia, así como el convencimiento de la inutilidad del gobierno de los burócratas y de la necesidad de una asamblea representativa del pueblo. Pero el pueblo no podía comprender ni apreciar todavía que una asamblea representativa del pueblo con poder era incompatible con la subsistencia del viejo régimen. Era preciso aún que tuviera, y ya la ha tenido, una experiencia concreta, la experiencia de la Duma kadete.
Con breve existencia, la Duma kadete ha mostrado vivamente al pueblo la diferencia que media entre una asamblea representativa del pueblo carente de poder y otra con poder.
...
Echemos una mirada general a las principales etapas de la gran revolución rusa y veremos que mediante su propia experiencia, el pueblo se ha ido acercando paso a paso a la consigna de la asamblea constituyente.
...
La propia experiencia ha enseñado al pueblo que no basta conseguir una promesa de libertad, sino que es indispensable, además, tener la fuerza necesaria para conquistar la libertad.
...
El pueblo se convence por su propia experiencia de que la asamblea representativa del pueblo es nada, si no tiene pleno poder, si ha sido convocada por el viejo régimen y si éste permanece intacto junto a ella. El curso objetivo de los acontecimientos plantea no el problema de cómo redactar las leyes o la constitución, sino el problema del poder, del poder efectivo. Todas las leyes y todos los diputados no significan nada, si no tienen poder. He ahí lo que la Duma kadete ha enseñado al pueblo. ¡Cantemos loas a su eterna memoria y aprovechemos bien su lección!

II

Hemos llegado así, de lleno, a la segunda cuestión: el contenido objetivo, impuesto por la historia, de la lucha inminente, y de las consignas de debemos dar para esta lucha.
También aquí los socialdemócratas no muy firmes, los mencheviques, han vacilado. Su primera consigna fue: luchar por la reanudación de las sesiones de la Duma con el fin de convocar a una asamblea constituyente. Pero el Comité de Petersburgo protestó. Lo absurdo de esta consigna salta demasiado a la vista. Ya no se trata de oportunismo, sino pura y sencillamente de un disparate. El CC avanzó un paso a lanzar la consigna: lucha contra el gobierno en defensa de la Duma con el fin de convocar a una asamblea constituyente. Esto, naturalmente, es mejor. No está lejos de la consigna: luchar por el derrocamiento del gobierno autocrático con el fin de convocar, en forma revolucionaria, a una asamblea constituyente. Es indudable que la disolución de la Duma brinda los fundamentos para una lucha general del pueblo por una asamblea representativa del pueblo con poder. En este sentido, no podemos considerar del todo inaceptable la consigna "en defensa de la Duma". Peor la cuestión estriba en que, en este sentido, esa consigna ya está implícita en nuestro reconocimiento de que la disolución de la Duma brinda los fundamentos para luchar. Pero si la formulación "en defensa de la Duma" no se interpreta especialmente en este sentido ... queda oscura, puede provocar confusión y retrotraernos a un pasado en cierta medida caduco, a la Duma kadete. En una palabra, dicha formulación origina una serie de ideas "retrógadas", falsas y nocivas. Lo que hay de justo en ella está contenido totalmente, sin reservas, en las razones de nuestra decisión de lucha y en la explicación de por qué consideramos la disolución de la Duma como un fundamento para lucha suficientemente importante,

Un marxista no debe olvidar nunca que la consigna de la lucha inmediata no puede ser deducida sencilla y directamente de la consigna general de un determinado programa. No basta remitirse a nuestro programa ... para establecer la consigna de la lucha inmediata, ahora, en el verano u otoño de 1906. Para ello hay que tener en cuenta la situación histórica concreta, seguir todo el desarrollo y todo el curso sucesivo de la revolución, y no hay que deducir nuestras tareas exclusivamente de los principios del programa, sino también de los pasos y etapas anteriores del movimiento. Sólo un análisis semejante será verdaderamente histórico, como es obligatorio para un materialista dialéctico. 

Y precisamente tal análisis nos demuestra que la situación política objetiva plantea ahora, no el problema de si existe una asamblea representativa del pueblo, sino el de si esta asamblea representativa tiene poder.

La causa objetiva de la caída de la Duma kadete no fue su incapacidad de expresar las necesidades del pueblo, sino su incapacidad de cumplir la tarea revolucionaria de luchar por el poder. La Duma kadete pretendía ser un órgano constitucional, pero en la práctica fue un órgano revolucionario (los kadetes nos insultaban por caracterizar a la Duma como etapa o instrumento de la revolución, pero la experiencia ha confirmado totalmente nuestro punto de vista). La Duma kadete pretendía ser un órgano de lucha contra el ministerio, pero en la práctica fue un órgano de lucha contra el ministerio, pero en la práctica fue un órgano de lucha por el derrocamiento de todo el viejo régimen.  Y así sucedió en la práctica, porque así lo imponía la situación económica existente. Ahora bien, un órgano como la Duma kadete resultó "inútil" para esa lucha.
En la mente del mujik más ignorante martillea hoy esta idea: ¿Para qué sirve la Duma, para qué sirve cualquier Duma, si el pueblo no tiene el poder? ¿Pero cómo alcanzar el poder? Derrocando el viejo régimen y estableciendo otro nuevo, un régimen popular, libre y elegido. O bien se derroca el viejo régimen, o bien se acepta que los objetivos de la revolución son irrealizables con la amplitud que fija el proletariado y el campesinado.

Así ha planteado el problema de la vida misma. Así ha planteado el problema en el año 1906. Y así lo ha planteado la disolución de la Duma kadete.
...
Ahora la tarea es: lograr el poder para tal asamblea representativa del pueblo. Y esto significa: eliminar, destruir, derrocar el viejo régimen, derrocar el gobierno autocrático.
Si esta tarea no se cumple totalmente, la asamblea representativa popular no puede tener pleno poder, y, por lo tanto, no se puede contar tampoco con las garantías suficientes de que esa nueva asamblea representativa popular no corra la misma suerte que la Duma kadete.
La situación objetiva no pone ahora a la orden del día la lucha por una asamblea representativa popular, sino por crear las condiciones en las cuales sea imposible dispersarla a la fuerza o disolverla, imposible reducirla a una farsa, como hicieron los Trépov y Cía. con la Duma kadete.

III

La forma probable de la lucha que se avecina estará determinada en parte por su contenido y en parte también por las formas precedentes de la lucha revolucionaria del pueblo y de la lucha contrarrevolucionaria de la autocracia.

Por lo que se refiere al contenido de la lucha, ya hemos señalado cómo, al cabo de dos años de revolución, se concentra actualmente en el derrocamiento del viejo régimen. Este objetivo sólo puede alcanzarse por medio de una insurrección armada de todo el pueblo.

Por lo que toca a las formas precedentes de lucha, la huelga general y la insurrección son la "última palabra" del movimiento popular de masas en Rusia. El último trimestre de 1905 tenía que dejar forzosamente huellas indelebles en la conciencia y en el estado de ánimo del proletariado, del campesinado, de los sectores políticamente concientes del ejército y de los sectores democráticos de las diferentes asociaciones profesionales de intelectuales. Por ello, es perfectamente natural que, después de la disolución de la Duma, el primer pensamiento que penetró en la mente de la amplia masa de quienes eran capaces de luchar, haya sido: huelga general. Nadie ha abrigado la menor duda de que la huelga general en toda Rusia debe ser inevitablemente la respuesta a la disolución de la Duma.
...
Además, conviene señalar otro hecho muy característico: a juzgar por las noticias recibidas de algunos de los grandes centros del movimiento obrero, como Petersburgo, por ejemplo, los obreros no sólo han apreciado fácil y rápidamente la necesidad de una acción generalizada y simultánea, sino que se han pronunciado firmemente a favor de una acción combativa y resuelta. La desafortunada idea de una huelga demostrativa (de uno o tres días) con motivo de la disolución de la Duma -idea sugerida por algunos mencheviques de Petersburgo- encontró la más decidida oposición entre los obreros. El seguro instinto de clase y la experiencia de quienes habían librado más de una vez una lucha seria, les indicó en seguida que lo que ahora se requiera es mucho más que una demostración. No haremos demostraciones, han dicho los obreros. Cuando llegue la hora de la acción general lucharemos en forma encarnizada y tenaz. 
...
Los obreros que siempre se han encontrado en la lucha revolucionaria, han apreciado más acertadamente que algunos intelectuales tanto la disposición de lucha del enemigo como la necesidad de pasar a una resuelta acción combativa.

Por desgracia, en nuestro partido, a causa de la preponderancia del ala derecha entre los socialdemócratas rusos en el momento actual, se ha descuidado el problema de las acciones combativas.
...
Toda la situación impone de nuevo la necesidad de combar la huelga política de masas con la insurrección armada. Al mismo tiempo, se destacan los aspectos débiles de la huelga, encarada como medio independiente de lucha.
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Y, si miramos cara a cara la realidad, si no escondemos la cabeza, resultará claro que la huelga debe desarrollarse inmediata e inevitablemente en insurrección armada. La huelga ferroviaria es una insurrección; después de diciembre, esto es indiscutible. Y sin huelga ferroviaria, no se interrumpirán las comunicaciones telegráficas por ferrocarril, no se suspenderá el envío de correspondencia por tren y, por consiguiente, tampoco será posible la huelga de correos y telégrafos e proporciones importantes.

De este modo, la lógica inexorable de la situación que se ha desarrollado a partir de diciembre de 1905, demuestra el significado subordinado de una huelga en relación con una insurrección.
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Por cierto, que la insurrección, como lucha armada de masas, puede estallar sólo si es activamente apoyada por tal o cual sector del ejército.
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Pero casi no se requiere demostrar que tales casos no serían más que episodios aislados de una insurrección excepcionalmente exitosa y que, para que se produzcan con mayor frecuencia y rapidez solo disponemos de un medio: la preparación eficaz de la insurrección, la energía y la fuerza de las primeras acciones insurgentes, la desmoralización de las tropas por ataques muy audaces o la defección de un sector apreciable del ejército, etcétera.
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Así, pues, llamar a la huelga general en toda Rusia, sin llamar al mismo tiempo a la insurrección, sin esclarecer los nexos inseparables que unen a esa huelga con la insurrección, sería un desatino lindante con el crimen. De ahí que nuestra labor de agitación debamos concentrar todos nuestros esfuerzos en el esclarecimiento de los nexos existentes entre ambas formas de lucha, y en la preparación de las condiciones que permitan fundir en un solo torrente tres corrientes de la lucha: los estallidos obreros, los levantamientos campesinos y la "revuelta" militar.
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De esto se desprende la siguiente conclusión: aprovechar a fondo la disolución de la Duma como motivo para una agitación concentrada y para llamar a la insurrección a todo el pueblo; explicar los nexos de la huelga política con la insurrección; canalizar todos los esfuerzos hacia el logro de la unidad y de la acción conjunta de obreros, campesinos, marineros y soldados para la lucha activa, para la lucha armada.
Finalmente, al hablar de la forma del movimiento, debemos mencionar también, de modo especial, la lucha campesina. Aquí se ponen de relieve, con singular claridad, los nexos de la huelga con la insurrección. También está claro que el propósito de la insurrección debe ser, en este caso, no sólo la destrucción radical o la destitución de todas las autoridades locales, y su remplazo por otras nuevas, elegidas por el pueblo (el objetivo general de la insurrección es el mismo en las ciudades, en las aldeas, en el ejército, etc.), sino también la expulsión de los terratenientes y la toma de sus tierras. Antes de que lo decida la asamblea constituyente de todo el pueblo, los campesinos deben orientarse, sin duda alguna, a destruir efectivamente la gran propiedad terrateniente. Acerca de esto no hay mucho que decir: nadie podría imaginar una insurrección campesina que no ajustara la cuentas a los terratenientes y no se apoderara de sus tierras. Es comprensible que cuanto más conciente y organizada sea la insurrección, tanto más raros serán los casos de destrucción de edificios, de bienes, ganado, etc. Desde un punto de vista militar, es una medida absolutamente legítima y, en ciertos casos, indispensable, destruir -por ejemplo, incendiar edificios y, a veces, bienes-, a fin de lograr determinados objetivos militares. Sólo los pedantes (o los traidores al pueblo) pueden deplorar que los campesinos recurran siempre a semejantes métodos. Pero no hay por qué ocultar que, en ocasiones, la destrucción de bienes sólo es resultado de la falta de organización, de la incapacidad de apoderarse de los bienes del enemigo y de conservarlos, en vez de destruirlos, o también de la debilidad, cuando una de las partes beligerantes se venga de enemigo al no tener fuerza para aniquilarlo, o aplastarlo.

IV

El problema de la forma de la lucha se halla ligado íntimamente al de la organización de la lucha.
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Los soviets de diputados obreros son órganos de la lucha directa de masas. Surgieron como órganos de la lucha huelguística. Por el peso de las circunstancias se convirtieron muy pronto en órganos de la lucha general revolucionaria contra el gobierno. Y, en virtud del desarrollo de los acontecimientos y del paso de la huelga a la insurrección, se convirtieron irresistiblemente en órganos de la insurrección. Es un hecho absolutamente indiscutible que ese fue el papel desempeñado en diciembre por toda una seria de "soviets" y "comités". Y los acontecimientos han demostrado de la manera más destacada y concluyente, que la fuerza y la importancia de dichos órganos, en el momento de la acción combativa, dependen por completo del vigor y del éxito de la insurrección.
En el momento actual, también, constituir esos órganos significa crear los órganos de la insurrección, y llamar a organizarlos significa llamar a la insurrección.
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Si las cosas son así -y no cabe duda de que así son- claramente se deduce que los "soviets" y otras instituciones de masas semejantes son insuficientes de por sí para organizar la insurrección. Son necesarias para aglutinar a las masas, para forjar la unidad en la lucha, para transmitir las consignas de dirección política lanzadas por los diferentes partidos (o por acuerdo entre ellos), para despertar el interés de las masas, animarlas y atraerlas. Pero no son suficientes para organizar las fuerzas de combate directas, para organizar la insurrección en el sentido más riguroso del término.
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Todos los obreros reconocerán la necesidad de una organización directa de las fuerzas, de crear una organización militar compuesta por destacamentos de obreros armados para defender su "parlamento".
Ahora que el gobierno ha aprendido cabalmente, sobre la base de la experiencia, a dónde conducen los "soviets" y qué clase de instituciones son, ahora que se ha armado hasta los dientes y espera la creación de tales instituciones para atacar al enemigo, sin darle tiempo de reflexionar ni de desplegar su actividad, ahora especialmente debemos explicar, en nuestra labor de agitación, la necesidad de mirar las cosas con serenidad, la necesidad de contar, al lado de la organización de los soviets, con una organización militar encargada de defenderlos, de llevar a cabo la insurrección, ya que sin esa organización los soviets o cualesquiera representantes elegidos por las masas serán impotentes.
Dichas "organizaciones militares", si cabe llamarlas así, deben esforzarse por agrupar a las masas no por intermedio de personas elegidas, sino directamente, es decir, agrupar a las masas que participen en los combates callejeros y en la guerra civil. Unidades voluntarias muy reducidas, de diez, cinco e incluso tres miembros, deben ser los núcleos de esas organizaciones. Es preciso propagar intensamente la idea de que se acerca la hora del combate, en el que cada ciudadano honrado tiene el deber de estar listo para sacrificarse y luchar contra los opresores del pueblo. ¡Menos formalismo, menos papeleo y más sencillez en la organización, la cual debe ser tan rápida y flexible como se pueda! Todo aquél que quiera estar del lado de la libertad, debe unirse formando los grupos de combate, de cinco unidades voluntarias de personas del mismo oficio, de la misma fábrica,o vinculados por relaciones de camaradería, de partido, o simplemente de residencia (vecinos de la misma aldea, o, en la ciudad, de la misma casa o del mismo piso). Estas unidades deberán ser de partido y apartidistas, vinculadas por una tarea revolucionaria común, inmediata: la insurrección contra el gobierno. Tales unidades deben ser formadas sin falta en la escala más amplia, aun antes de obtener las armas, independientemente de que las armas puedan obtenerse o no.
Ninguna organización de partido puede "armar" a las masas. En cambio, la organización de las masas en pequeñas unidades de combate, ágiles, móviles, cuando llegue la hora de la acción prestará un servicio inmenso en lo tocante a procurar las armas.
Esas unidades voluntarias de combate, "druzhiniki", si adoptamos la denominación que se hiciera memorable en las gloriosas jornadas de diciembre en Moscú, serán de enorme valor en el momento del estallido. El grupo formado por gente que sepa disparar, podrá desarmar a un policía o atacar por sorpresa a una patrulla, procurándose así armas. Un grupo de voluntarios que no sepan disparar o no se hayan procurado armas, podrán ayudar a levantar barricadas, a realizar reconocimientos, a organizar los enlaces, tender emboscadas al enemigo, prender fuego a las casas ocupadas por éste, ocupar viviendas que puedan servir de bases para los insurrectos; en una palabra, las unidades voluntarias de personas decididas a luchar hasta el último aliento, que conozcan bien el lugar y estén estrechamente vinculadas a la población, podrán cumplir miles de funciones diversas.
Es preciso que en cada fábrica, en cada sindicato o en casa aldea se escuche el llamamiento en pro de la formación de esos grupos voluntarios de combate. Quienes se conozcan bien entre sí, los formarán de antemano. Quienes no se conozcan, formarán grupos de cinco o de diez el mismo día de la lucha o en vísperas de ella en el propio campo de batalla, si la idea de organizar dichas unidades es difundida ampliamente entre las masas y realmente adoptada por ellas.
Ahora que la disolución de la Duma ha conmovido a nuevos sectores de la población podemos escuchar con frecuencia las más revolucionarias opiniones y declaraciones de parte de los representantes de filas de los sectores menos organizados de la gente común de las ciudades; aun de aquellos que superficialmente parecían más próximos por su índole a los "centurionegristas". Pero debemos preocuparnos de que todos ellos conozcan la decisión de la vanguardia de los obreros y campesinos de lanzarse muy pronto a la lucha por la tierra y la libertad; que todos comprendan la necesidad de formar grupos voluntarios de combate y, por último, que todos se convenzan de la inevitabilidad de la insurrección y de su carácter popular. Lograremos así -y no se trata en absoluto de una utopía- que en cada una de las grandes ciudades haya, no cientos de grupos de combate como los hubo en Moscú, en diciembre, sino miles y miles. Y, entonces, no habrá ametralladoras capaces de resistir, como solía decir la gente en Moscú, cuando se discutía que los grupos de combate no eran verdaderamente de masas, y que, por su tipo y composición, no estaban suficientemente cerca del pueblo.
Así, pues: organización de soviets de diputados obreros, de comités campesinos y de otras instituciones similares en todas partes y, a la par, la más amplia propaganda y agitación en pro de la insurrección simultánea, de la inmediata preparación de las fuerzas con vistas a ella, y finalmente, de la inmediata preparación de las fuerzas con vistas a ellas, y finalmente, en pro de la organización de destacamentos voluntarios en escala masiva.

V

Nos falta todavía abordar el problema del momento que se debe escoger para la insurrección.
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Es posible, y tal vez sea lo más probable, que la nueva lucha estalle tan espontánea e inesperadamente como las anteriores, es decir, que surja como resultado del ascenso del estado de ánimo y de una de las inevitables expresiones.
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Sin embargo, es posible que los acontecimientos puedan requerir que nosotros los dirigentes fijemos el momento de la acción.
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Si lográramos que todas las organizaciones revolucionarias y sindicales influyentes llegasen a un acuerdo sobre el momento en que debe emprenderse la acción, no habría que eliminar la posibilidad real de llevarla a cabo en el momento fijado.
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Queremos insistir, sin embargo, en que ello sólo será posible en el caso de que todas las organizaciones influyentes lleguen a un completo acuerdo. De otra manera, sólo quedará abierto el viejo camino del ascenso espontáneo del estado de ánimo.


domingo, 6 de julio de 2014

Lenin y la lucha armada (XIV)

Plataforma táctica redactada por un conjunto de militantes bolcheviques, Lenin incluido, en el que se desarrolla el carácter que deben tener las acciones guerrilleras.


Plataforma táctica para el Congreso de Unificación del P.O.S.D.R.

Proyecto de resolución para el Congreso de Unificación para el Congreso de Unificación del P.O.S.D.R.

Reconocemos y proponemos al congreso que reconozca:

1) que la revolución democrática en Rusia no solo no está en declinación sino que, por el contrario, se encamina hacia un nuevo ascenso, y que el actual período de relativa calma no debe ser considerado como una derrota de las fuerzas revolucionarias, sino como el período de acumulación de las energías revolucionarias…

2) que la forma principal del movimiento de liberación en el actual momento no es la lucha legal en un terreno cuasi constitucional, sino el movimiento directamente revolucionario de las vastas masas populares que rompen con las leyes policíaco – feudales, que crean un derecho revolucionario y destruyen por medio de la violencia los órganos de opresión del pueblo;

3) que los intereses del proletariado … exigen una lucha implacable contra aquellas ilusiones constitucionalistas…
(El momento actual de la revolución democrática).

…
5)… la insurrección de octubre inauguró una nueva táctica de barricada, y demostró, en general, la posibilidad de una lucha armada abierta del pueblo aun en contra de un ejército moderno;
…

Reconocemos y proponemos al congreso que reconozca:

1) que la insurrección armada es en estos momentos no sólo el medio necesario de lucha por la libertad, sino un grado del movimiento que se ha alcanzado ya de hecho, y que debido al acrecentamiento y a la organización de la nueva crisis política, abre el paso de las formas defensivas a las formas ofensivas de lucha armada;

2) que la lucha política general debe ser considerada en el momento actual del movimiento, no tanto un medio de lucha independiente, como un medio de lucha auxiliar con relación a la insurrección…

3) que en la labor de propaganda y agitación del partido se debe prestar especial atención al estudio de las experiencias prácticas de la insurrección de diciembre, a la crítica desde el punto de vista militar de la misma para extraer las enseñanzas directas para el futuro;

4) que es preciso desarrollar una actividad aún más enérgica con el fin de aumentar el número de los destacamentos de combate, mejorar su organización y su abastecimiento con toda clase de armas; teniendo en cuenta que, conforme lo indica la experiencia, corresponde organizar destacamentos de combate no sólo de miembros del Partido, sino también de simpatizantes del partido y aún de los sin partido;

5) que es indispensable intensificar el trabajo en el ejército…

(La insurrección armada)



Considerando:

1) que a partir de la insurrección de diciembre casi en ninguna parte de Rusia han cesado en forma total las acciones militares, que ahora se expresan por parte del pueblo revolucionario en ataques guerrilleros aislados contra el enemigo;

2) Que tales acciones guerrilleras, inevitables en los casos de existencia de dos fuerzas armadas hostiles y de desenfreno de la represión militar, momentáneamente triunfante sirven, al mismo tiempo, para desorganizar al enemigo, y preparan las futuras acciones armadas abiertas;

3) que semejantes acciones son también necesarias para la educación combativa y el adiestramiento militar de nuestros destacamentos de combate, los cuales, en muchos lugares, durante la insurrección de diciembre se encontraron con que no estaban preparados prácticamente para hacer frente a una actividad nueva para ellos;

Reconocemos y proponemos al congreso que reconozca:

1) que el partido debe considerar las acciones de combate guerrilleras de los destacamentos que forman parte de él o adjuntos a él, como admisibles y convenientes desde el punto de vista de los principios en el período actual;

2) que las acciones guerrilleras de combate deben ser coordinadas, por su carácter, con la tarea de educar a los cuadros dirigentes de las masas obreras durante la insurrección y elaborar la experiencia de las acciones militares ofensivas y súbitas;

3) que como tarea inmediata principalísima de tales acciones, hay que considerar la destrucción de los aparatos policial y militar del gobierno y la lucha sin cuartel contra las organizaciones de acción de las centurias negras que usan la violencia y el terror contra la población;

4) que las acciones guerrilleras son admisibles también en los casos de incautación de medios monetarios pertenecientes al enemigo es decir, al gobierno absolutista, y la inversión de estos medios en las necesidades de la insurrección, siendo preciso, en esos casos, prestar la mayor atención al hecho de que los intereses de la población sean afectadas en el menor grado;

5) que las acciones guerrilleras de combate deben realizarse bajo el control del partido y de modo tal que las fuerzas del proletariado no sean malgastadas en vano, y teniendo en cuenta las condiciones en que se halla el movimiento obrero en la localidad dada y el estado de ánimo de las amplias masas.
(Acciones de combate guerrilleras)



… 4) Que con la ampliación de las actividades y de la esfera de influencia de los soviéts de diputados obreros, es preciso señalar el hecho de que tales instituciones, si no se apoyan en un ejército revolucionario y no derrocan a las autoridades gubernamentales (es decir, si no se transforman en gobierno provisional revolucionario), están inexorablemente condenadas a caer; por tal razón el armamento del pueblo y el fortalecimiento de la organización militar del proletariado deben ser considerados como una de las tareas primordiales de tales instituciones, cualquiera sea el momento revolucionario por el que se atraviesa.
(Los soviéts de diputados obreros).